Conocemos con el nombre de “Negacionismo” al comportamiento de determinadas personas que eligen negar una realidad verificable, generalmente con el objetivo de evadir una verdad incómoda.

Este fenómeno surge ante cuestiones que generan incertidumbre y angustia y a lo largo de la historia lo habíamos conocido con situaciones tan relevantes como el Holocausto, el SIDA o incluso, el cambio climático. Ahora, además, estamos viendo una corriente de negacionismo con la COVID 19.

Desde el inicio de la pandemia hemos presenciado como algunos destacados mandatarios se negaban a aceptar el virus y adoptar las medidas pertinentes, si bien en la mayoría de los casos se han visto obligados a rectificar.

Boris Johnson, primer ministro de Reino Unido, tras los casos iniciales, evitó adoptar medidas drásticas apostando por una inmunización natural a través de contagios controlados, hasta que enfermó de coronavirus y en su propia piel sufrió las consecuencias de la enfermedad.

Donald Trump, presidente de Estados Unidos, llegó a afirmar que el coronavirus terminaría con el calor primaveral y a fecha actual y a pesar de haberse visto obligado a adoptar medidas importantes, sigue estrechando manos y evita el uso de mascarilla en espacios públicos.

Otro ejemplo podría ser el de Jair Bolsonaro, presidente de Brasil, quien acusaba al mundo de histeria por una gripe sin importancia hasta que se vio obligado ante la evidencia, a adoptar medidas para salvar vidas.

Es un fenómeno que si bien se ha repetido a lo largo de la historia siempre nos llama especialmente la atención y es por esto que quiero compartir donde están las claves a nivel psicológico:

  1. La negación es un mecanismo de defensa natural. Consiste en rechazar aquellos aspectos de la realidad que son desagradables o dolorosos y, por tanto, consiste en enfrentarse al conflicto negándolo o minimizándolo.
  • El error de Atribución (EFA). Es un fenómeno que se produce cuando tratamos de explicar nuestra propia conducta con respecto a la de los demás. Muchas veces nos cuesta entender por qué una persona actúa como actúa. Y es que no nos paramos a buscar los motivos que son la base de su comportamiento.

Para entenderlo, imaginemos que vemos como alguien se salta un semáforo, para explicarlo lo más probable es que digamos que es un loco al volante, pero si nos lo hubiésemos saltado nosotros, seguramente explicaríamos que no nos dio tiempo a frenar. Es decir, al otro le atribuimos rasgos de personalidad y a nosotros mismos, omitimos esas características.

Este error de atribución nos lleva a considerar que los demás con respecto al coronavirus actúan de forma equivocada e incluso exagerada, valorando características de estas personas tales como que son miedosos, hipocondriacos…. Se minimiza el virus porque ni es el primero ni será el último, ni tampoco es el más letal que hemos conocido y estamos preparados para combatirlo.

  • Efecto de irrealidad: Si bien para muchos la normalidad se ha visto gravemente afectada, para los negacionistas lo principal en el día a día sigue igual (sale el sol por la mañana, el aire que respiramos, la familia…).

Una pandemia, un virus sin vacuna, la enfermedad y la muerte parecen de otra época, por lo que es más sencillo pensar que pronto todo se solucionara de forma natural.

  • Zona de confort.  La zona de confort se refiere a un estado mental donde la persona mantiene un comportamiento rutinario para no asumir ningún riesgo, es decir, va con el “piloto automático”.

Es un espacio personal compuesto de estrategias y actitudes que utilizamos a menudo y con las que nos sentimos confortables. Es una zona que sólo abarca lo conocido, ese ambiente donde estamos a gusto y que nos hace sentir seguros porque todo está bajo nuestro control.

Así parece claro que haya quienes evitan la nueva realidad por miedo a perder su bienestar, su estilo de vida y su zona de confort o seguridad.

Si bien también es cierto, que a la mayoría esta situación nos ha sacado de la zona de confort sin haberlo previsto.

  • Sentido de preservación. La acción de preservar consiste en cuidar, amparar o defender algo con anticipación, con el objetivo de evitar un eventual perjuicio o deterioro.

Aquí es donde quizás se entiende mejor la posición negacionista en las sociedades, para evitar el desplome de la economía, priorizando el capital a la propia salud. Sobre todo, en una situación en la que innegablemente las medidas para garantizar la salud nos han llevado a una paralización importante de la economía.

Lo que parece evidente es que a nivel psicológico manejarnos en una situación de incertidumbre nos resulta complejo y algunos para evitar enfrentar una nueva realidad buscan estrategias para negar lo que está ocurriendo.

El mayor riesgo de todo esto es que en la situación actual, negar lo que está ocurriendo puede llevarnos a relajar las medidas de protección y agravar la pandemia.

Es por esto que mi recomendación es clara, aprender estrategias para gestionar nuestras emociones y particularmente el miedo y la tristeza y manejar la ansiedad. Incluso buscar ayuda profesional para conseguirlo.

Si tienes alguna duda y quieres contactar conmigo, puedes hacerlo enviando un email a pbellot.coach@gmail.com

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