Si tuviese que definir a Pilarín Bayés desde mi punto de vista, la definiría como una mujer que ha sabido aprovechar la vida, que ha hecho lo que más le ha gustado, dibujar y pintar (con más de mil libros publicados a sus espaldas), y que ha aprendido de cada paso que ha dado en su camino, haciendo de ella una persona muy humana, humilde, de grandes valores y profundas convicciones. Las largas conversaciones junto al ventanal de su jardín, me hacen sentir el privilegio de estar aprendiendo de una mujer sabia y, ante todo, buena.

Hoy hemos estado conversando sobre algo que me resulta sumamente interesante, y que me gustaría poder plasmar en este papel. He de ser sincera si digo que, escuchado de su boca, y con esa mirada de pasión por todo lo que explica, es muchísimo mejor todo aquello que yo pueda haber escrito, intentando reproducir sus palabras. Además, es increíble el ver que, mientras me habla de diferentes y complejos temas, está pintando una de sus ilustraciones, donde el pincel cuida hasta el último detalle.

  • Pilarín, escuchándote hablar en otras ocasiones, he percibido que, a menudo, relacionas directamente el arte con la política, y me resulta fascinante. ¿Cuál crees que es la importancia, la relación que ambas disfrutan, bajo tu ponto de vista?
  • Sí, es cierto, creo que una cosa va ligada a la otra, desde el inicio de la propia humanidad. Las diferentes especialidades de dibujo, tienen distintas misiones, misiones importantes a largo plazo. Quizás en el día a día no queda tan claro, pero ejemplo de ello, sería el que hace chistes en el diario. En este caso se asemeja, de alguna forma, a los autores de teatro antiguos. Ellos hacen una especie de alerta, para poder ver los defectos de la sociedad, y ver si se pueden arreglar. Sería algo parecido a un espejo, un contrapoder necesario.

Hablando concretamente de la ilustración infantil, pienso que debería colaborar con las directrices que expone, en un momento dado, un gobierno, o ir en contra como pueda, si al ilustrador no le gusta el movimiento político de ese momento. Se trata de que los dibujos traduzcan, de alguna manera, aquello que los libros de texto no dicen; buena convivencia, respeto por todas las culturas, respeto a la tercera edad, no hacer bullying jamás, etc. Todo esto ha de estar en el substrato de lo que la escuela enseña, y en este aspecto pienso que los dibujantes hemos de intentar ayudar tanto como podamos.

Por ejemplo, había un artículo en un semanario, La República, que explicaba cómo la inmersión al catalán se hizo muy bien hecha, acompañando el texto con imágenes que, de cara a los niños, resultaban muy positivas.

Otro ejemplo claro, sería el Guernica, de Picasso. Seguro que ha dicho más contra la guerra, que todos los discursos de la ONU durante diez años.

Por otro lado, en cambio, a veces la pintura se queda como algo ornamental, para que nos haga compañía en casa.

  • Hablando concretamente de política ¿cuál crees que es la relación del arte con ella?
  • Opino que la relación de las personas que nos expresamos plásticamente, con la política, es muy especial. Ya el hombre prehistórico, que pintaba en su cueva, pintaba con la idea de la afirmación personal, con la idea de decir “yo estoy aquí, porque he dibujado en mi cueva, he dibujado a mi mujer picando el grano, a los niños jugando, a los cazadores cazando, etc.” Es una afirmación, algo inocente, primitivo, que dice; existo, he dibujado mi cueva.

La realidad es que, al empezar la civilización, los distintos poderes (reyes, dictadores, sacerdotes, etc) vieron que la colaboración del arte les era muy conveniente. Y empezó esta relación que, seguramente, es un poco perversa, porque ellos, los poderes, ofrecen al artista hacer grandes obras, que no estarían a su alcance. Un ejemplo de ello estará en los artistas de Mesopotamia, que dibujaban con tablas muy pequeñas, y que, trabajando con el poder, podían hacer grandes obras y esculturas. Y así, podemos hablar de la tentación del poder al artista, permitiéndole hacer grandes esculturas, o edificaciones, pirámides, y un largo etcétera. Así fue como los propios artistas, empezaron a divinizar a los poderosos, y los poderosos les daban herramientas inalcanzables para un artista por sí solo.

Egipto y Mesopotamia son ejemplo de ello, y otro ejemplo serían los Imperios Incas y el Imperio Romano. Pero esto también ha pasado en otras civilizaciones, como América o Asia porque, hemos de ser justos, hablamos mucho de nuestro arte, y la historia debería ser la historia de todas las artes.

Los griegos tenían un parámetro, y un funcionamiento político distinto al habitual. Pericles, fue un presidente de república al que le hicieron un busto de gran penetración psicológica. No le hicieron una gran construcción, sino un retrato de su personalidad, ya que los griegos se movían por la belleza. El arte no servía para enaltecer al soberano, sino para mostrar la belleza, porque consideraban que la belleza era un bien para el pueblo. Y así, podían buscar la belleza en una adolescente, en un niño, en un atleta, o dibujar a un sabio o sabia mayor, que quizás no son bellos de por sí, pero que todo aquello que su saber desprende, sí lo es.

Como anécdota; se dice que, en una ocasión, una chica una vez fue al tribunal por haber matado a su amante, y los jueces dijeron sí, es culpable, pero es tan guapa…

El concepto romano era muy distinto, y muy relacionado con el concepto inca, del arte al servicio del estado. Las grandes obras públicas, como acueductos y carreteras, siempre estaba decoradas con esculturas de aquellos que habían promovido la gran obra de ingeniería. Se podría decir que era un poco como los vestidos hechos a medida de los grandes almacenes. Los artistas tenían grandes estatuas sin cabeza, y cuando llegaba el momento, les ponían la cabeza que correspondiese. Era culto a la propia personalidad, a los propios méritos.

Dentro del Imperio Romano hay un hecho social muy importante, el cristianismo. Los métodos artísticos son los mismos que los de los romanos, pero hay algo curioso, y es que, siendo en esa época tan importante el martirio, no hay Cristos crucificados romanos. La costumbre de crucificar a los delincuentes, era romana, pero no se hacía arte de ello. Lo que hay, como imagen primitiva cristiana por excelencia, es el Buen Pastor, cosa que considero muy significativa, porque esta gente que estaba dispuesta a morir de verdad. No se reflejaba tanto la muerte, sino ese Jesús bueno, predicando abolir la esclavitud, discutiendo si las mujeres tienen alma o no. Es una gran palabra en el arte, porque el emperador siempre se representaba victorioso, en cambio Jesús era el hombre del cordero en el cuello.

Pasando al Románico, tras los años de hierro y guerras, pestes y violencia, encontramos un arte muy pautado pero que no asumió el realismo de los griegos y los romanos, sino que representaba el cuerpo humano de forma primitiva, sin buscar la belleza, sino la expresión, la pedagogía, que explicase cosas, pero con un trazo, a veces, similar al de los dibujos infantiles. De hecho, las paredes de las iglesias románicas, y los dibujos de los retablos, pertenecen a esta pedagogía. La gente no sabía leer, y a los curas les iba muy bien ir señalando cada imagen, para así darse a entender.

La orfebrería era muy buena, como en el arte visigótico. Yo tengo la teoría de que eso se debía al hecho de que había muchas guerras, y en situaciones así, llevarte un cuadro era muy difícil, pero llevarte joyas era sencillo. Eran un bien que te podías llevar contigo.

En las orlas y cenefas románicas, usaban la misma técnica que en la orfebrería, pero sin lograr imitar a la romana. Parecen un poco infantiles, en ocasiones, inocentes incluso, por eso nos encanta. Aunque, realmente, no era espontáneo. Al contrario, era un arte muy pautado, y tiene muchos puntos de parentesco con el arte sueco actual, e incluso con el catalán.

Los románicos entendían muy bien el sufrimiento, habían pasado por muchas guerras, pestes, etc. Consideraban que Dios enviaba desgracias, porque era un juez que decidía lo que las personas merecían. Se trataba de un Dios castigador. Sus Cristos no expresaban dolor, porque ellos estaban muy acostumbrados al dolor, y no le daban mayor importancia. Representaban a Jesús como al amo del Universo. Dicen que las madres de Dios románicas, no son madres, sino las sillas donde se sienta Jesús. Son hieráticas, muy serias. Ejemplos de ello, serían la Mare de Déu de Núria o de Montserrat, siendo de distintos románicos, tardío y payés.

Algo curioso es que, lo mismo que se hacía aquí, se hacía en lugares lejanos, como Inglaterra, y considero que el hecho de que se diese este arte común, fue lo que propició que se formase la civilización de Europa.

El Gótico, posterior al Románico, fue fruto de dos cosas. No había tantas invasiones ni guerras, y la sociedad se hizo más amable. Pasaron de la sociedad feudal, a las ciudades, que hicieron crecer los gremios, que fueron un contrapoder democrático, al poder Real.

El Franciscanismo dijo; Dios no está enfadado, él es un padre, Jesús un hermano, María, es una madre de verdad. Las madres de Dios empezaron a sonreír, y Jesús, el niño, era un niño travieso y movido, como los niños en la vida real. Aparecen incluso imágenes de Jesús mamando, lo más humano que puede haber.

  • Escuchándote, es fácil darse cuenta de que la Iglesia ha promovido el arte a lo largo del tiempo.
  • Más que nadie. Y para ser justos, la ha cuidado más que nadie. Los gobiernos no se han preocupado tanto por cuidar su arte como la Iglesia, que veía en ella una continuidad mucho más importante.

Aun así, cabe destacar que, durante el Renacimiento, y a pesar de la importancia de la Iglesia, la que la persona en sí cobró mucha más importancia. Se puso el centro en el ser humano, no en Dios. De ahí, el Hombre de Vitruvio, el dibujo de Leonardo da Vinci dando la medida del cuerpo humano. En esa época retornaron muchos métodos constructivos, semejantes a los de la época griega.

Y así, aparecieron los Médicis, a los que les preocupaba más la expansión del arte, que el poder. Ellos querían dejar un legado como grandes promotores del arte. Estos mecenas son los que propiciaron grandes obras, cuya culminación sería la Gioconda, que consigue una representación de máximo realismo, plasmando el cuerpo humano de la forma más humana posible.

  • Hablando del arte del Renacimiento ¿podríamos extrapolar sus nuevos valores, a la política? Es decir, los poderes ¿realmente se preocupaban mucho más por el bienestar de las personas? No podemos olvidar que estaba la Inquisición como sombra de todo ello ¿cierto?
  • Sí, es cierto, aun así, de hecho, parece ser que la Inquisición española no era de las más crueles, en contra de lo que muchos pueden pensar. Parece ser, y no soy historiadora, que la Inquisición española, dominada por los dominicos, no era de las más duras, teniendo un brazo ejecutivo, el poder civil. Se dice que el poder civil en España era el que mató más, aprovechando la Inquisición para ir por su cuenta, y eliminar a los poderes políticos, etc. Realmente no sé si esto es cierto, pero sí que es verdad que todo ello ligaría con el príncipe de Maquiavelo, que decía que todos los medios son lícitos para tener el poder. Pero, por otro lado, mantenía que, si no das bienestar a tus súbditos, el avance es imposible. Considero, en este caso, que se trató de un avance humanista, que marcó las posteriores generaciones.

 

  • ¿Qué pasa si un estado paga por el arte? ¿Es positivo o negativo?
  • Cuando un estado paga por el arte, lo que provoca es que ese arte vaya siempre por detrás de ese gobierno. Cierto es que, en general, el arte ha ido siempre por detrás, pero hay épocas en las que esto no sucede así. Por ejemplo, el arte que surgió durante la Revolución Francesa nació en los salones, entre la aristocracia. Era un arte rebelde, que también tenía en cuenta a los payeses. El arte empujaba a la propia sociedad. Una anécdota la encontramos con Mozart, que tuvo muchos problemas para representar alguna obra, porque no todos los aristócratas eran “progres”, y no aceptaban que se les representase como una clase social perezosa y acomodada. Aun así, la corriente del momento sí que iba por esos derroteros, y por ello opino que el arte de la Revolución Francesa, de alguna forma, fue por la puerta trasera y ganó, ganó a las monarquías, a la aristocracia, etc.

Otra corriente que considero fundamental es el feísmo, inventado por Goya. Goya era un afrancesado que creía en la buena vida. Durante esa etapa, creó obras tales como La Pradera de San Isidro. Además, era un gran psicólogo, estuvo muchísimo junto a la familia de Carlos IV. En resumen, era un monárquico de primera fila. Pero él vio que los franceses, a pesar de los valores de igualdad, libertad y fraternidad que tanto publicitaban, eran unos ladrones invasores, y su visión política empezó a cambiar. Con los cuadros de El Dos de Mayo de 1808, lo representó muy bien. Todo ello provocó que tuviese una mirada amarga sobre las ideas que él había defendido, pero a la vez muy ilustrativa, sobre los problemas tanto de Francia como de España.

De alguna manera, Goya en esos momentos se comportó, en esencia, como los artistas primitivos, artistas testimonio, que reflejaban cómo era su tiempo, y que evolucionaron paralelamente a él, intentando, incluso, corregirle sus defectos. El hecho de poner su nombre en la calle, su nombre artístico (porque no era el real), nos lleva un poco a esa naturaleza primitivo, a ese chico que, abrumado por la realidad de su época, de su gran ciudad, que escribió su nombre en las calles, como testimonio de que había estado ahí. Juzgó su propio tiempo, en vida.

Creo que es correcto decir que las corrientes y las motivaciones de los artistas son, muchas veces, el pez que se muerde la cola.

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