Decía Ortega que la nueva política tenía que aumentar y fomentar “la vitalidad de España”, “la vitalidad nacional”, lo que no puede hacerse sin convertirse en “una actitud histórica” (“Vieja y nueva política”). Dentro de la retórica con la que siempre se adorna Ortega, resaltan siempre algunas ideas innegables: la política no consiste en llegar al poder, sino que es una actitud histórica, que terminará incrustando en España vitalidad. Esto escribió el pensador en 1914, hace más de un siglo. Pues bien, la discusión del jueves día ocho en el Parlamento para convalidar los fondos europeos ha demostrado que la mitad de los diputados estaban dispuestos a rechazar el Decreto propuesto por el Gobierno. ¿Qué actitud histórica es esta? ¿Qué modo de revitalizar España queremos?

Pongamos números para entenderlo. Se trata de más de 140.000 millones de euros en seis años que la Unión Europea transferirá a España. Pues hemos estado a punto de rechazarlos. Pensándolo bien, resulta mareante. Con esta ingente cantidad podría recuperarse cualquier economía por mal que fuera. Resulta que casi los perdemos, de momento. Ahora bien, aunque el susto ha sido de muerte, el Gobierno ha ganado la votación. Así que podemos respirar con cierta tranquilidad. Lo que a mí me interesa es analizar la actitud de cada formación política.

Empecemos con el Gobierno. Se ha confiado ingenuamente y no ha preparado suficientemente la estructura del inmenso contenido. Tenía la seguridad de poder contar con el amplio grupo de la investidura. Solo estarían en contra la oposición del  Partido Popular y Vox. Contaba, pues, con los votos necesarios, pero las cosas se han torcido y han fallado los cálculos, que había que haber preparado mucho mejor. Casi todos le han reprochado la improvisación con la que han actuado. Casi se han condenado por confiados. Habría, previsiblemente, 178 votos en contra, pero el resto estaría a favor, luego quedarían superados simplemente con 10 diputados de  Ciudadanos más los 173 seguros. Arrimadas estaba en la línea de pactar con el Gobierno. Otra vez la oposición del PP quedaría en evidencia.

También han reprochado al Gobierno falta de transparencia y control de los proyectos, junto a la poca claridad en su ejecución. Igualmente, la ausencia de un plan de reparto, así como los criterios de selección y los medios.

De pronto, el tejido empieza a deshacerse. Los independentistas de ERC, socios anteriores, dicen que los planes del Gobierno son favorecer a grandes empresas y a los poderes fácticos. A Rufián se le llena la boca con la gran patronal. Bueno, parece la excusa, porque la izquierda de Podemos tampoco lo aceptaría, por lo que se puede ajustar después. ¿Cuál es entonces el problema para cambiar de posición? Pues las elecciones catalanas de febrero. El Gobierno con su candidato ha roto las expectativas de ERC, que puede ser desbancada de la primera posición. Además, cómo se va a posicionar con el Gobierno ahora que comienza la campaña electoral. No puede, sería una rendición. Cuentan solo sus propios intereses, lo hacen por táctica.

Ciudadanos manifestó su disposición a negociar, pero de nuevo aparecieron las elecciones de Cataluña. Ahora no pueden manifestarse blandos, no vaya a ser que sean superados por las derechas o se queden con pocos votos. Nuevamente se imponen los intereses de su formación.

Partido Popular se ha mostrado siempre intransigente y más mirando a Vox, que le sigue los salones. Tiene que mostrarse muy duro y resolutivo para que no lo llamen ‘derechita’. Vox le continuará en esto y no intentará superar los votos en las elecciones catalanas. Está tranquilo: su obligación es mantener siempre la bronca.

En cuanto a Vox, permanecerá callado, como si todos supieran cuál sería su decisión, pero de pronto se acuerda del enfrentamiento de Casado en la moción de censura, marcando distancias y haciendo brillar su propio perfil, muy diferente a Vox. Ahora pueden devolvérsela, propinándole un buen mandoble y exhibiendo así un perfil mucho más potente, que les desmarque de la otra derecha. Ahora se presentan más moderados y patriotas: comerciantes y empresarios necesitan el dinero de los fondos europeos para salvar sus negocios y hay que ayudar. Las familias españolas también se beneficiarán de ello. Cambian el no por la abstención y montan el escándalo, porque sus 52 votos salvan al Gobierno. Si no lo veo no lo creo, dirán muchos, pero visto está.

Incluso Bildu apoya con su sí la excusa de “mejorar la vida de la gente”. ¿Quién se lo puede reprochar?

Todo ha sido, pues, la actitud, que decía Ortega. Situación sorprendente e inesperada sí, pero que quizás se deba a pura táctica. Ya veremos en qué queda más adelante y las decisiones propias que se tomarán. El Gobierno no tenía los apoyos necesarios, y ahora los tiene con holgura. Las circunstancias mandan, como también llevaba in  mente Ortega.

PP y C’s no han podido contener la rabia ante la decisión de Vox, como puede que también hagan los ciudadanos con la decisión de estas dos formaciones. A Sánchez siempre le salva alguien, dicen. Ahora han sido Otegui y Abascal. Otras veces lo hará Rufián. Lo peor es que en este caso lo que ha hecho Vox es dar un cheque en blanco. Todos han jugado sus cartas con mayor o menor acierto. Esto tendrá resultados, que serán confirmados próximamente. Ya lo veremos. Mientras tanto, solo nos queda renegar de esta maldita política, que camina como pollo sin cabeza y que debería morir por vieja y carecer de dignidad. Así no se puede entusiasmar a los ciudadanos para que acudan a depositar su voto en las urnas democráticas. Esto es disparar contra sí misma, pero los tiempos no están para semejantes bromas.

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