La pesca de bajura permitió vivir a las familias modestas de pescadores en tiempos atrás. Capturaban los peces cerca de la costa, empleando barcos de tamaño pequeño, con redes de cerco, palangre, arrastre y trasmallo, entre otras técnicas. Actualmente tienen un rendimiento bajo en sus capturas, ya que los fondos marinos se están agotando, por lo que es necesario alejarse de la costa, mediante barcos potentes con últimas tecnologías, en los que se pueda permanecer meses hasta obtener una gran producción.

Nuestra política actual carece de altura, pero tampoco es sana, ni conserva el medio ambiente, ni los fondos marinos de supervivencia. No tiene ángel, es antipática, nada alegre y nos llena de rabia con cualquier ocasión, es siesa y saboría, sin chispa ninguna y con mala leche. El partido gobernante y la oposición están condenados a no entenderse ni ahora, ni tampoco en el futuro. Si alguno entra a por uvas, será porque le han obligado en forma de algún chantaje del tipo que sea, pero voluntariamente no se puede esperar que se ceda. Esta es la triste realidad.

La renovación –por fin– del Consejo General del Poder Judicial, o gobierno de los jueces, era el acuerdo más esperado, porque llevaba ya más de dos años de retraso. Parecía inminente y casi podía tocarse, pero, de pronto ha vuelto a estancarse. No se ha roto, pero es prácticamente imposible de superar. Un grupo espera que el otro recapacite. Otro grupo, que el anterior atienda a sus demandas. Así que uno dice que el otro tiene que cambiar, mientras que este dice que no lo hará, si no se cambia la propuesta. ¿Qué queda entonces? ¿Puede darse un acuerdo bajo presión? Pues este es el caso.

Por qué no se ha llegado a un acuerdo lo explica la lógica del planteamiento. El grupo de oposición empezó a debatir la renovación desde una condición inapelable. No habría jueces de la formación Unidas Podemos. Esto es jugar fuerte, es decir, no querer aceptar que hay un gobierno de coalición. Es decir, que la oposición presiona para que los socialistas prescindan del grupo con el que gobiernan coaligados. El gobierno dijo siempre que su socio tendría los jueces que le correspondiera. ¿Quién está tensando, pues, el posible acuerdo? Unos interpretan que se trata de Unidas Podemos, porque, sabiendo que no los aceptarían, han propuesto dos jueces de su formación. El responsable es el presidente, que no lo retira.

Se ve que es un procedimiento endemoniado para echarse la culpa mutuamente de manera que no salga el acuerdo. ¿Puede ceder alguien en estas condiciones? Creo que no. El Gobierno no puede pedir a su socio que renuncie a los profesionales que les corresponde, mientras que la oposición no puede renunciar a la condición impuesta para negociar. Lo que está ocurriendo aquí entra en la dialéctica del poder. Si renunciara la oposición, otro partido, que le pisa los talones, le haría pagar una fuerte fractura en términos de votos. Y, si el que renuncia es el Gobierno, subiría un escalón más la posible ruptura de su socio y entonces no podía gobernar ya. Ahora bien, con los presupuestos aprobados y sin estrenar, con la pandemia que tampoco cede y con los recursos económicos europeos aprobados para la reconstrucción, esto no se puede ni pensar. Así que el actual gobierno de los jueces tendrá que seguir un tiempo más.

Hay que analizar cuál es la razón de que no se acepten los dos jueces propuestos por Unidas Podemos. No se trata de falta de currículo y méritos profesionales, lo que tendría algún pase. No es por esto, sino porque han perjudicado a la oposición en el tema de la corrupción de la formación. Claro, si ya lo han hecho, una vez nombrados, lo seguiría haciendo y esto no lo pueden consentir. Estos dos jueces se empeñarían en hacer justicia, decidiendo condenas. Si las personas ahora investigadas fueran inocentes, como tantos proclaman, no tendrían nada que temer y saldrían sin condena, lo que sería un triunfo para la oposición. Sin embargo, no parece que sea este el caso e indirectamente están concediendo que hay culpables de corrupción y que esta es un hecho.

Lo que puede ser más grave todavía es que el poder judicial no sea tan poderoso, ya que se encuentra dominado por la política, a la que tiene que subordinarse. Este es un aviso importante: si no me favoreces en las sentencias, nunca coronarás con éxito tu carrera judicial, porque yo te lo voy a impedir. Esta es una especie de actuación mafiosa, que no teme manifestarse con claridad. Si estuviera en lo cierto, sería una señal manifiesta de que es necesario cambiar radicalmente la estructura del gobierno de los jueces. Hay que despolitizarlos para hacerlos independientes: ahí es nada. Precisamente a esta importante modificación no se atreve nadie. Como no hay mal que por bien no venga, puede que, si esto produjera un gran estallido, explotaría la revolución esperada.

El partido gobernante debe tener diseñadas las líneas maestras para establecer un cambio fundamental, pero no se atreven a sacarlo a la luz y resolverlo a través de una orden general. La oposición lo sabe y por eso aguanta lo que haga falta. Ahora bien, es peligroso gritar una y otra vez que viene el lobo, porque, cuando venga, acabará tragándose a muchos. Ya lo advertí, dirán entonces algunos, y otros seguirán sin creérselo, porque pensaban que iba de farol. ¿Quién dará el primer paso?

En la política de bajura se pillan pocos peces y alguien se podría hartar y lanzar una buena flota para alcanzar toneladas de pesca. Puede que esto no estuviera bien visto políticamente, pero es un paso que no se puede descartar para poder situar tanto a la política como a los jueces en el lugar que corresponde a cada uno. Claro que cuentan los votos, pero, cuantos más sean estos, mayor será también el compromiso contraído. Las mayorías absolutas deberían actuar con generosidad y honestidad para que el pueblo recobrara la gran esperanza y la utopía.

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