Hace unas semanas empecé a tuitear y por el crecimiento exponencial y repentino de mi cuenta, entendí algo muy importante y revelador: la gente si de algo tiene ganas es de verdad, si algo ansía con todas sus fuerzas es saber y conocer la realidad sin edulcorar, a pelo, aunque esté llena de espinas y escueza al tocarla, aunque sea áspera.

Empecé a escribir después de la entrada triunfal en las Instituciones andaluzas de Don pistolas, el juez condenado por “machirulo” y todo su séquito de prostituidores del verde esperanza, al que han convertido en Pantone verde bilis “mañana de resaca”.

Intenté expresar en los pocos caracteres limitantes del pajarito azulado, esas experiencias que como mujer policía he vivido en la Institución a la que he pertenecido durante catorce años y de la que he decidido marcharme, pagando así el precio a modo de peaje, por hablar y haberla cuestionado.

La policía es una institución machista y endogámica que gestiona mal la diversidad tanto interna como externamente. Y es machista no sólo porque la sociedad lo sea, sino porque las identidades policiales están construidas sobre los estereotipos más rancios y masculinizados de los que no hemos sido capaces aún de sustraernos. Basta ver de qué manera el uso de la fuerza es visto como un valor en alza por parte de los y las agentes en activo, cuando las tareas policiales en más del noventa por ciento de los casos, no pasan por una resolución violenta, sino por la aplicación de otros mecanismos de mediación en conflictos.

Los prejuicios contra lo diferente o lo no-normativo dentro de las policías, conforman también la base sobre la que se alza una autoridad muchas veces mal gestionada, que mira impotente los avances sociales y el libre ejercicio de las libertades públicas, sabedora de que, si la sociedad avanza en desarrollo democrático, su estado propio de privilegios y de carta blanca se verá recortado.

Recuérdese el famoso: ¡A por ellos Oe, a por ellos Oe! Cántico que refleja la realidad hiriente de una policía española primitiva y patriarcal, dónde los hijos del exceso de testosterona, como energúmenos cavernícolas, gustan de lanzar en pandilla al viento sus versos cargados de intenciones.

Estos factores basados en prejuicios hacia las comunidades, estereotipos erráticos, machismo legitimado y el uso de la fuerza como estandarte, unidos a la historia política de un país con una democracia que aún bosteza y apenas se ha levantado de la cama, dan como resultado unas corporaciones policiales que producen una disrupción entre lo que queremos conseguir, en cuanto a libertades públicas, y lo que quieren que permanezca para siempre ahí, impertérrito, inamovible, como si nada.

Por eso en una de las últimas entrevistas al Ministro de Interior Fernando-Grande Marlaska, en la Sexta Noche, muy apurado y a modo de letanía programada repitió la frase: “la policía es la institución mejor valorada” y yo me pregunto: ¿Mejor valorada por quién?, ¿A quiénes han preguntado?

Como policía, no creo que esa valoración atienda al conocimiento real de lo que son unas Instituciones que están por construir desde el punto de vista democrático, y que actúan desde la opacidad pues, aún siendo un servicio público que el ciudadano paga de su bolsillo, conocer lo que sucede en el interior es cuanto menos muy complicado.

Ejemplo de ello es el caso del policía de Valencia que pagó sólo con dos días de suspensión de empleo y sueldo el haber pegado un bofetón enorme a una mujer ebria, tirándola contra el suelo. Si las policías estuvieran abiertas a la ciudadanía y hubiera cauces para el impulso, la interposición y el seguimiento de procedimientos desde la sociedad civil, estoy segura que esa sanción de la vergüenza no se habría producido y quizás, hubiese acabado en un juzgado. Bajo mi punto de vista tales hechos deberían haberse dirimido allí y no a la interna y en un despacho, desde dentro, desde donde los que no lavan nunca en casa, sí ponen allí los trapos sucios a blanquear.

Este caso es tan sólo uno más de un rosario de situaciones que acaban en sanciones absurdas o en un pequeño tirón de orejas a los agentes protagonistas, y para argumentar lo que expongo me despido con una pequeña recomendación de frases para búsquedas en la red, dónde probablemente haya vídeos que ilustren las situaciones a las que me refiero en este artículo:

-Dos días de suspensión de empleo y sueldo al policía de Valencia que pegó a una mujer ebria.

-La Policía Local de Manacor llama maricas y maricones a tres menores.

-La Guardia Civil media a bastonazos en una pelea entre turistas.

-Video de como un policía local tiraba spray de pimienta a unos cerdos en el campo.

-Sanción a un policía por trabajar de portero en un puticlub.

-Sancionado un Guardia civil por querer entrar sin pagar en un puticlub.

Y así…

Hasta pronto contestonas y contestones…seguimos.

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Nació en Barcelona en el año 1978. Hija de una familia de emigrantes extremeños. Pedagoga y educadora, policía vocacional. Cursó master en ciencias forenses y se especializó en derechos contra las libertades fundamentales liderando el servicio de delitos de odio pionero en Baleares. Residente en Palma de Mallorca, entiende la seguridad pública como un servicio al ciudadano en comunión con los derechos humanos. Mujer, feminista, lesbiana y de izquierdas.

3 Comentarios

    • Está claro que el contenido del artículo no te genera dudas o críticas de li que se deduce tu total adhesión. Gracias José Luis por tu apoyo a la causa de denunciar situaciones intolerables.

      • Si, claaro,lo que tú digas, a tenor de tu “artículo” podría decirse que sabes de lo que hablas… o no.
        Cualquiera con 2 dedos de frente te diría que en cualquier cesto puede haber una manzana podrida, pero claro, es mucho mejor escribir “artículos” como este y quedarse tan pancha.

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