A la 1 de la madrugada del día 18 de enero unos policías municipales llamaron a mi casa.  Cuando les abrí la puerta estaban situados en el vestíbulo de la escalera gritándole a un hombre que se encontraba en el Hostal de la puerta siguiente a mi piso. En aquel momento uno de los agentes le exigía a gritos  que le diera las llaves de su habitación. Este le respondió que no se las daba e inmediatamente el policía comenzó a pegarle. Cuando yo le recriminé que tratara de tal modo a un hombre, que era pequeño e iba desarmado y se limitaba a contestarle, el agente se volvió a mí y en el peor tono que tenía la policía fascista de tristes tiempos pasados, a la que conocí bien, me gritó que me metiera en casa y me cerró la puerta de mi piso tirando de ella y casi dándome en la cara. Yo la volví a abrir y le exigí que me dijera su nombre y su número, y él, en el mismo tono, me replicó que no pensaba darme nada y que yo le enseñara mi documentación, y como le repliqué que estaba en mi domicilio y no tenía por qué darle mi documentación, volvió a tirarme la puerta en la cara. Miré lo que sucedía en la escalera a través de la mirilla y  el policía dio un golpe en la puerta para que cayera la mirilla. Los gritos de los policías y del hombre siguieron oyéndose en la escalera durante mucho rato.  

Tanto la manera de mirarme, de gritarme y de exigir que me acreditara, sin proporcionarme su identificación que tuvo ese agente no eran propios de la policía municipal de un país democrático. Poco después llegaron tres coches de la policía nacional. Tomé  la matrícula de uno de ellos que conocieron el conflicto y tienen que dar testimonio por la denuncia que he presentado en la Jefatura de la Policía Municipal.

Le he escrito también al Alcalde, el señor José Luís Martínez Almeida y no me ha contestado. Este alcalde tan popular que está sacando nieve con una pala en la puerta de un colegio no tiene tiempo para contestar a la interpelación de una ciudadana, sobre un suceso que tiene mucha más trascendencia que el incidente del enfrentamiento con un agente de la policía municipal.  

Este hecho revela el profundo poso de los oscuros tiempos de los que venimos y que han troquelado las conciencias y las actuaciones en el cuerpo de esa policía. La alarma que siento es la sospecha de que el uniforme, y tan sencillo como el del Ayuntamiento, la institución que debe ser el segundo padre de todos nosotros, les imbuye de la seguridad de su impunidad. La amenaza “¿Qué no quieres darme la llave? ¡Pues vas a ver cómo me la das!” que le oí al agente un segundo antes de que comenzara a golpear al hombre, demuestra cómo aquel está imbuido de su poder, ratificado por la cobardía de la sociedad en general. En el edificio, que consta de cuatro plantas y once apartamentos, no salió nadie a la escalera a pesar del escándalo que se había armado en el silencio de la noche, que en estos tiempos de otros miedos: pandemia, nevada, hielo en la calle, lo hace mucho más profundo.

Y cuando he hablado con el propietario del Hostal, Jesús Martín, me ha contado la peripecia que está sufriendo en estos días después de que un agente de la policía nacional se metiera en su casa sin orden judicial, se negara a salir y después le detuviera, esposándole en el portal. Jesús, buen amigo mío, es un hombre que defiende su dignidad y ha planteado una querella criminal en el Juzgado de Guardia, lo que le obliga a contratar un abogado y pagarle sus honorarios. Es evidente que la mayoría de los ciudadanos no tiene capacidad económica para ello y, lo que es peor, están atemorizados.

Desde los siniestros tiempos del franquismo, que duró más de cuatro décadas, se ha sometido a los españoles a la represión y al miedo y no se les ha suministrado una educación que les de conciencia de su dignidad. El resultado era el querido por el poder: recordemos el viejo adagio español “vivir de gorra”, que no significa como algunos interpretan vivir gratuitamente sino del cargo que le proporciona la gorra: la del portero, del conserje, del policía, del militar, y el poder omnímodo que le proporciona. El poder se asienta y se ejerce despóticamente cuando el pueblo atemorizado no se atreve a criticarle ni a sustituirle. El Ayuntamiento de Madrid lleva veinticinco años gobernando la ciudad y, según los esquemas democráticos, debe de ser porque los ciudadanos que le votan están muy contentos con sus alcaldes y concejales. Pero yo creo que no votan por contento sino por miedo. 

Nuestro llorado humorista Chumy Chumez tenía una viñeta que retrataba perfectamente el espíritu de sumisión del pueblo español en los tristes años de la dictadura. Un hombre con cara de susto decía: “Tuve miedo de mi padre, que me pegaba, del profesor que me insultaba, de la policía, del jefe de la oficina, del inspector de Hacienda… pero tengo más miedo de que todo esto cambie.”

Y nada va a cambiar, como no sea para empeorar, si los poderes institucionales no actúan democráticamente. Ni la policía de la ciudad puede apalear a nadie, aunque se sospeche que es delincuente, y mucho menos a una ciudadana que cumple con sus obligaciones sociales y políticas, y que está tranquilamente en su domicilio, donde vivo desde hace más de treinta años, como si fueran los esbirros de las dictaduras africanas.

Reclamo que la policía de mi ciudad, que es la capital de España y debe dar ejemplo a todo el país, se comporte como se espera de la organización de seguridad de una sociedad que ha sufrido mucho por reinstaurar y arraigar la democracia.

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7 Comentarios

  1. la policia casi todos ellos supongo que habra algun decente SON FACISTAS gente anti democratica falsa y un largo etc esta basura son como las muy queridas fuerzas armadas que estan deseando dar un golpe de estado para matar a unos en fin li millones de hijo,,,,, gente que no pensamos como ellos en fin lidia suerte

  2. No busque fantasmas donde no lo hay.

    La naturaleza humana es violenta; así lo atestigua la historia de la humanidad que no es otra cosa que una secuencia continuada de crímenes.

    Con cada generación nacen nuevos violentos y nuevos criminales de los que la sociedad debe protegerse.

    No son fascistas, ni franquistas, ni comunistas, (que en violencia nada tienen que envidiar a los primeros) son violentos, sin adjetivos.

  3. Vaya….! Señora Falcón: esto, en Cataluña, lo padecemos desde hace bastantes años, y en los últimos años lo sufrimos constantemente. Represión, abusos y violencia policial (y judicial) contínua, gratuita i impune. Y nos llaman nazis. Pero muchos de ustedes giran la cabeza y callan vergonzosamente delante de tales abusos y injusticias. Le suena un chico que se llama Dani Gallardo? ¿Ha levantado la voz por él?? Porque es el paradigma de víctima del poder represor y arbitrario. Veo que ahora les empieza a tocar… ¿ahora le duele? Pues cuidado que no le caigan 13 años de càrcel por subirse a un coche. Lo lamento, pero esto no tiene remedio.

    • «la Audiencia considera probado que (Dani Gallardo) «golpeó por la espalda súbitamente y de manera violenta» con un palo de madera con «seis clavos que lo atravesaban» en la cabeza al policía.» La Vanguardia.

      Si que no suena ese angelito y no parece que sea «victima del poder represor y arbitrario» como tu cuentas. Nos suena, y no quisiéramos tener por vecino a un sujeto capaz de agredir por la espalda a un policía con un palo con clavos atravesados.

  4. Qué podemos esperar de la Policía si los cursos de formación los dan personas como Emilio Hellín, el asesino fascista de Yolanda González. Todo un ejemplo: «Luis Enrique Hellín Moro es ahora uno de los principales asesores del Servicio de Criminalística de la Guardia Civil, participa en investigaciones judicializadas sobre terrorismo y delincuencia, imparte cursos de formación a agentes de este cuerpo, de la Policía Nacional, el Ministerio de Defensa, Ertzaintza y Mossos d’Esquadra, da conferencias a miembros de las Fuerzas y Cuerpos de la Seguridad del Estado en organismos oficiales y cobra por sus servicios del Ministerio del Interior. Además de esto, asiste, actúa como perito de la Audiencia Nacional y acude a numerosos juzgados de distintas ciudades españolas. Es especialista en el rastreo de pruebas en teléfonos móviles, ordenadores y dispositivos digitales que han sido intervenido en actos terroristas, crímenes, homicidios, secuestros, delitos económicos, financieros o informáticos, según han confirmado fuentes oficiales y judiciales al diario El País.» Quizás esto ayude a comprender por qué tenemos fascistas en los cuerpos de seguridad del Estado.

    • Tenemos fascistas en los cuerpos de seguridad del estado, (como en Alemania en Francia y en Italia) pero no más que en esos países. Y otros en el parlamentos como Otegi y asesinos fascistas nacionalistas en decenas de ayuntamientos del país vasco.

      Asesinos de derechas como Emilio Hellín y asesinos de izquierdas como Rodrigo Lanza a quien la izquierda le dedicó el documental para demostrar que había sido un montaje de la policía y al cabo de unos años asesinó a un ciudadano. Un «fascista» que según se probó llevaba unos tirantes con la bandera española. Prueba más que suficiente para demostrar su condición de fascista.

      Hay que condenar el fascismo azul pero también el fascismo rojo y el fascismo nacionalista. Pero en España lo común es que la izquierda defienda a los fascistas rojos y a los fascistas nacionalistas, y solo condene a los fascistas que no son de los suyos.

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