El viernes la madre de un amigo del colegio que hace tiempo no veo falleció de un cáncer rematado por coronavirus, que es justo lo que elimina las cápsulas de la planta natural que a mí me quitó las secuelas provocadas por la Covid19.

Desde el pasado abril, se me escapa la razón por la que ningún responsable político, sanitario o científico a quienes nos hemos dirigido recoge el guante y encarga un ensayo clínico para comprobar si lo que escribo a continuación es cierto, en cuyo caso, se podría homologar como medicamento.

Suprimo nombres porque, al ser experimental, me expongo a una multa de la Agencia del Medicamento de hasta seis millones de euros.

Los números:

En dos años, han eliminado 81 cánceres y, en otros casos, han reducido los efectos de la quimioterapia.

Desde abril, han eliminado el coronavirus en 29 amigos que, tras dar positivo, les pidieron las cápsulas y se las tomaron bajo su responsabilidad, y ninguno tuvo que ingresar en un hospital. Entre esa treintena, hay personas de la tercera edad, como el padre de un profesional sanitario, que, al fallecer su esposa de coronavirus en la primera ola en la residencia donde vivían, se tomó las cápsulas y, en el test posterior, salió que había tenido coronavirus, pero lo había pasado. El sanitario ha aceptado que se cuente públicamente el caso de su padres.

Como el experimento de la farmacéutica española recientemente anunciado, esta planta natural corta el ácido sobre el que se reproduce la Covid19. Además provoca una pronta mejoría, refuerza el sistema inmunológico y crea anticuerpos de forma rápida.

Desde julio, mis octogenarios padres toman una cápsula diaria para reforzar las defensas y no han tenido ninguna incompatibilidad con las muchas pastillas que toman a diario para sus dolencias, la principal, sus corazones cansados de tanto amar la vida.

¿Qué cuesta un ensayo clínico?

Suelen tener tres fases: tratan al principio a unos 30 pacientes, luego a 100 y, en la tercera fase, a unos 1.000 pacientes. Desde el ámbito privado, los presupuestos que le han presentado a esta startup española compuesta por un joven doctorándose en biotecnología y su padre agricultor rondan los 10 millones de euros, algo que se les escapa. Pero calculan que, si se hace en el ámbito público, podría rondar un millón de euros, del cual,

400.000 euros serían para el seguro, otra parte para la consultora y otro para el hospital donde se realizara la investigación, aparte de otras partidas.

Hay un paso inicial más barato que podría justificar un ensayo clínico: sería un estudio observacional realizado por un doctor con un amplio número de pacientes.

Y merece la pena, porque al ritmo de un nefasto número de 400 fallecidos por coronavirus al día en España, podríamos llegar, en lo que queda de año, a 132.000 personas a las que se les segaría la vida gratuitamente teniendo esta cápsula como remedio a mano.

Acepto que nada más nacer empezamos a morir, pero me cuesta pensar que ninguno podemos hacer nada para que se realice un estudio observacional o un ensayo clínico y, tras él, si se comprueba su efectividad, se pueda salvar la vida a 140.000 personas, que es el número de pacientes de coronavirus que sería posible tratar ahora de forma bastante económica, quizás a 30 euros por paciente.

De modo que, si conoces a algún responsable sanitario o inversor que se atreva a activar un ensayo clínico o un estudio observacional, puedes contactarme por privado en mis redes sociales. Si tu intención es saber quiénes son sus artífices, pincharás en hueso. Lo siento, pero no me juego la multa de la Agencia del Medicamento cuando mi única intención es salvar vidas.

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