Hoy nadie en Portugal desconoce el significado de una fecha: 1 de noviembre de 1755. Aquella aciaga jornada comenzaría a reescribirse la historia del país prácticamente casi desde cero, porque su capital, Lisboa, quedó completamente arrasada por los efectos de un devastador terremoto y posterior tsunami que provocó incontables incendios en la ciudad y generó una cadena de saqueos y violaciones que causó el colapso de Lisboa y casi de un país entero. El periodista portugués Domingos Amaral (Lisboa, 1967) logró que su novela Cuando Lisboa tembló (Grijalbo) se convirtiera rápidamente en un auténtico best seller en su país, con 15 ediciones vendidas. Ahora ha sido traducida al español.

 

Su novela ve la luz en español una década después de publicada por primera vez en su país. ¿Qué acogida espera de los lectores españoles?

En la época, el terremoto de Lisboa de 1755 fue un acontecimiento que estremeció a toda Europa e incluso a América. El mismo Voltaire escribió sobre ello y hubo una morbosa fascinación al respecto, ya que nunca antes una gran capital europea había sido destruida por un terremoto.

En mi novela trato de mostrar lo que sucedió a los supervivientes de esta catástrofe frente a la terrible secuencia de acontecimientos que padecieron: el terremoto, el posterior tsunami, los incendios que asolaron la ciudad… Leer sobre estos días apocalípticos siempre es interesante, especialmente en un momento en que tantos españoles visitan Portugal y Lisboa. A través de la novela podrán conocer mejor la historia de nuestra ciudad.

“Es muy probable que los cambios políticos en Portugal no hubieran sido tan drásticos si el terremoto no hubiera tenido lugar en 1755”

 

Aquel 1 de noviembre de 1755 es una fecha clave en la historia de su país. ¿Hasta qué punto aquel suceso trágico cambió el rumbo de Portugal?

El terremoto de 1755 supuso una oportunidad política que fue aprovechada por el marqués de Pombal. Él quería revolucionar la sociedad portuguesa, de manera que la destrucción de Lisboa y su posterior reconstrucción supusieron el punto de partida para un terremoto político en el país. El marqués de Pombal acaba con una parte de la nobleza y el clero, “el antiguo régimen”, y moderniza Portugal de manera brutal. Y Lisboa tampoco fue la misma, ya que el Marqués de Pombal decide construir una ciudad moderna y lineal, muy diferente de la que existía antes del terremoto. Es muy probable que los cambios políticos en Portugal no hubieran sido tan drásticos si el terremoto no hubiera tenido lugar en 1755.

 

¿Tuvo en cierto modo un efecto catártico sobre toda la sociedad portuguesa y sobre el devenir de todo el país?

Tuvo un efecto inesperado: el de bloquear la memoria. Es como si los portugueses, y especialmente los lisboetas, hubieran hecho un gran esfuerzo durante decenas de años para no recordar el horror de la tragedia. No hay libros escritos sobre el terremoto, no hay novelas, no hay obras de teatro, no hay canciones, casi no hay registros oficiales sobre la destrucción de la ciudad, a excepción de algunas fotos. ¡Pocos días después de la hecatombe, el único periódico en Lisboa da la noticia en tres líneas! Hay una especie de bloqueo colectivo, tal vez porque fue demasiado brutal.

“No había policía ni bomberos y la extinción de incendios fue nula, la ciudad se quemó durante días”

 

¿Cómo era aquella Lisboa en líneas generales?

La antigua Baixa era como Alfama, llena de callejones, pasadizos y rincones. Había docenas de iglesias y la circulación era muy difícil a caballo o en carruaje, e incluso a pie. Un tercio de la población era religiosa: sacerdotes, frailes, monjas y novicios; y otro tercio, esclavos africanos o brasileños. La ciudad estaba muy sucia y había miles de perros callejeros que aullaban por la noche. No había policía ni bomberos y la extinción de incendios fue nula, la ciudad se quemó durante días. Había mucha riqueza, debido al oro de Brasil, con palacios opulentos e iglesias impresionantes, pero también con unas condiciones miserables para la mayoría de los habitantes de la ciudad.

 

Pese a que casi todos los protagonistas de su novela son básicamente creación suya, mantiene en la trama algunos destacados nombres que forman parte de la historia de su país, como el marqués de Pombal. ¿Qué aportan estos protagonistas reales a la trama?

Mis personajes principales son personas comunes, pero no existen en el vacío: hay un reino que intenta reaccionar. Hay poder político, el marqués de Pombal, pero también figuras religiosas, como el cardenal Malagrida, confesor del rey y jesuita, o el alcalde de la ciudad. Todos tomarán decisiones importantes: decidirán cómo luchar contra los malos, enterrar a los muertos y ayudar a los vivos, lo que influye lógicamente en mis personajes.En el caso del marqués de Pombal, hay quien lo conoce desde la adolescencia, por ejemplo, un pirata que recurre a esos tiempos difíciles para obtener su clemencia. Pero es arriesgado, puesto que el marqués de Pombal ha ordenado que maten a los bandidos y pongan sus cabezas en estacas en la plaza del Rossio. Por tanto, los personajes reales me sirven para ponerles las cosas difíciles a mis personajes, y lo cierto es que así la historia se vuelve mucho más interesante…

“El terremoto acaba suponiendo también el fin de un Portugal dominado por la Iglesia y la Inquisición”

 

El supuesto castigo divino sobrevoló las mentes de los lisboetas y de prácticamente buena parte de portugueses como causante de aquellos pavorosos incendios. ¿Era más fácil para las autoridades competentes de la época darle pábulo a esta explicación que a la real?

Las autoridades religiosas, especialmente el cardenal Malagrida, afirman que el terremoto fue un “castigo de Dios”, comparando Lisboa con Sodoma y Gomorra, y tratan así de ganarse la aceptación de la población, la corte y el rey con este discurso de crimen y castigo. Sin embargo, el Marqués de Pombal y algunos poderosos no dejan que esta idea cobre fuerza. Prueba de ello es la pregunta que el alcalde, el marqués de Alegrete, le hizo al cardenal Malagrida: “Dime cardenal, si esto fue un castigo de Dios, ¿por qué cayeron todas las iglesias y quedaron en pie las calles de las prostitutas?”. Curiosamente, el terremoto acaba suponiendo también el fin de un Portugal dominado por la Iglesia y la Inquisición.

 

¿Cuánto tiempo tardó en recuperarse Lisboa y todo Portugal de aquella tragedia?

Demasiado. Los últimos edificios se reconstruyeron en el siglo XX. Cuando se inauguró Terreiro do Paço –sobre las ruinas de lo que fue el Palacio Real–, más de 30 años después del terremoto, Baixa seguía siendo un agujero. Durante más de cincuenta años, la mayoría de la población vivió en tiendas de campaña, como refugiados de guerra. Fue una tragedia que se dilató en el tiempo como una herida larga y abierta.

 

¿Imaginó que su novela iba a convertirse en un best seller? ¿cree que, en parte, la historia escogida del famoso incendio de la capital ha ayudado a ello?

Cuando escribo un libro, quiero que sea lo mejor posible. Sin embargo, no siempre estoy contento con el resultado. A veces falta algo. No fue este caso: ha sido el libro que más he disfrutado escribiendo. Cuando llegué al final, estaba feliz y orgulloso y estaba seguro de que, si me gustaba tanto a mí, a mucha gente también le gustaría. Es imposible que no te guste el pirata Santamaría, la hermana Margarida y, especialmente, el niño –uno de los protagonistas de la novela–. Sí, un terremoto es algo horrible, pero el niño nunca se da por vencido en busca de su hermana, y luego el pirata se enamora de la hermana Margarida y…

 

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