En una antigua viñeta de Forges, a quien tanto echamos de menos sus incontables admiradores, huérfanos de su incomparable arte, aparecía uno de sus personajes en un paisaje desierto con la vista levantada al cielo diciendo: “Perdone que vuelva a molestarle, pero es que siguen matándonos”. Esta viñeta, como muchas otras del maestro, sigue vigente muchos años después porque nos siguen matando, por suerte no físicamente, pero sí anímica y moralmente desde las instituciones que nos gobiernan. Es una realidad que entre mucha gente de este aperreado país sigue cundiendo el abatimiento, la pesadumbre y el desánimo ante lo que estamos viviendo. Además de la pertinaz pandemia que nos está hundiendo en todos los sentidos, tenemos que sufrir también a los que de forma insensata, imprudente y equivocadamente, mostrando con ello una enorme deslealtad a su pueblo, apuntalan y defienden numantinamente una institución, la monarquía, a la que se intenta salvar a toda costa, cueste lo que cueste, haciendo un llamamiento a mantenerla como sea, a tener fe en ella a pesar de todo, como si de una entidad sagrada se tratase, a respetarla aunque esa misma monarquía  representada en la figura del emérito, hace mucho que nos perdió el respeto a todos. No hace falta decir que el respeto para que  funcione tiene que fluir en las dos direcciones y nosotros, vamos a decir los súbditos, es decir los sujetos a la autoridad del rey al que tienen la obligación de obedecer, cumplimos con nuestra parte  del trato obedeciendo ejemplarmente, pero el rey no cumplió con la suya en modo alguno y como era preceptivo, llevando una vida ejemplar en el terreno de la moralidad, terreno que no pisó nunca porque lo suyo fue y sigue siendo y lo que por desgracia queda, la amoralidad, es decir la indecencia. Porque ni fue honrado, ni decente, ni justo, ni íntegro ni virtuoso.  Y el respeto y la consideración de su pueblo  que el propio monarca no se ganó con su comportamiento en ningún terreno,  ahora un variopinto grupo de personajes quiere restituirlo dando vivas al rey, su hijo, que ha heredado de su padre  la jefatura del Estado, un hijo que sigue practicando la doctrina Rajoy, es decir, ni sabe nada ni quiere saber nada y todo lo que hace es mantener un gesto envarado, serio, demasiado serio y envarado como si hiciera grandes esfuerzos por aguartarse la risa cada vez que aparece en público. Cuando lo primero que debería haber hecho es ponerse a trabajar para aclarar todo este gravísimo asunto que encenaga, infama, deshonra y envilece la institución que preside, como el champú, de la raíz a las puntas. Y además de salvaguardar la institución que preside, preservar el buen nombre de su padre aclarando su responsabilidad en tan feo embrollo. Para lo cual debería haber  promovido una investigación para aclarar su participación en negocios que son, más que un pozo negro, un verdadero tratado de pocería, la bíblia de la pocería, lleno a rebosar de comisiones ilegales, cuentas opacas en Suiza, en paraísos fiscales, en tarjetas negras, en fondos reservados y toda la retahíla de escándalos que le acompañan como el zumbido al moscardón. Pero el rey actual no está por la labor de defender el buen nombre de su padre porque sabe que en este asunto no hay nada que hacer, solo callar y tirar para adelante con los faroles. 

Cuando  lo que tendría que haber hecho Felipe VI nada más haber empezado su mandato es dar un mensaje claro de que nadie, ni su padre, está por encima de la ley, y que quién la hace, que la pague. Pero no hará tal cosa, dejará que el tiempo pase, que todo prescriba y caiga en el olvido. Sabe que algún día la opinión pública dejará de hablar de los gravísimos delitos que cometió su padre y nunca mejor aplicada que ahora la palabra gravísimos, porque no hay peor delito que amasar una fortuna aprovechándose de su posición. Una enorme fortuna que siempre vendría bien que hubiera permanecido en las arcas públicas de donde no debería haber salido, pero ahora más que nunca ese delito se convierte en el peor de los delitos, porque esa ingente cantidad dinero robada se necesita más que nunca para hacer frente a esta crisis sin precedentes que ha traído aparejada el maldito coronavirus, que nos tiene noqueados contra las cuerdas y parece que se regodea en nuestro sufrimiento antes de darnos un golpe definitivo que nos envíe definitivamente a la lona. 

Para una gran parte de los ciudadanos de este país, además del jodido Covid- 19, lo que nos causa más desazón, más desaliento y desmoralización es ver a conocidos dirigentes políticos, empresarios, banqueros  y a algunos intelectuales y artistas, dando su apoyo, sosteniendo, legitimando y respaldando a una monarquía que ha perdido totalmente su credibilidad y su prestigio, la reputación, el crédito  que tuvo alguna vez, y ahora se ve que todo eso fue un producto fraudulento, sostenido solo y exclusivamente por un enorme despliegue de márqueting y la publicidad institucional junto con un formidable dispositivo de opacidad y blindaje más propio de un país bananero que de éste, al que tenemos por democrático. 

El vídeo recopilatorio de vivas al rey por parte de conocidos personajes de la sociedad española ha conseguido el efecto contrario al deseado. Es decir, no solo no defiende a la monarquía, que no tiene defensa posible ni perdón de Dios, que dirían los creyentes, sino que apoyando y sosteniendo de forma insensata y a la desesperada a esta institución, de paso también se están cargando al llamado régimen del setenta y ocho, que muchos de los fervientes admiradores que aparecen en el vídeo representan. Un régimen que por esto y algunas cosas más ya estaba bastante cuestionado. Los promotores del vídeo, de éste y de otros publirreportajes que periódicamente se emiten en los medios de comunicación y que encajarían muy bien en el mismo bloque de publicidad que los detergentes, los coches, las compresas, los perfumes, las aseguradoras, el cacao instantáneo y los teléfonos móviles, no han acertado, es más, les ha salido muy mal el intento de lavado de imagen. Porque en vez de poner un cortafuegos entre la jefatura del Estado otorgada y encomendada, en qué hora,  al Borbón y el resto de instituciones, las junta y mete a todas en el mismo saco consiguiendo con esto que también se ensucien y así todo esté casi a la par. Un régimen este del setenta y ocho que empezará a hacer aguas por todas partes, si es que no lo está haciendo ya, si no es capaz de poner al anterior jefe del estado en su sitio, es decir de  someterlo a la ley como cualquier ciudadano. Si no actúa de forma rápida para que la ciudadanía perciba claramente que la ley es igual para todos, se meterá en un sucio y profundo charco y será visto por la ciudadanía como un sostenedor y colaborador necesario a lo largo de casi medio siglo, como cómplice, de mantener un injustificable blindaje y opacidad de todos los desmanes llevados a cabo por este nefasto personaje. Unos desmanes que no han sido pocos ni livianos. 

Y cuando más se escarba, más siguen aflorando delitos y más delitos de ese gran pozo negro.  Delitos y más delitos cometidos a lo largo de su fatídico y deplorable mandato donde creyó que todo valía, que este era el país de Jauja, y lo fue sin duda para él, que estuvo por encima del bien y del mal, de toda ley habida y por haber,  y contó con unas instituciones que estuvieron al servicio de tan demencial creencia. Y esto es un no parar, además de la cuentas en Suiza y el cobro de cuantiosas comisiones que evidentemente no pasaron por el control de la hacienda pública, ahora un organismo llamado Servicio de prevención de blanqueo de capitales (Sepblac) ha descubierto una cuenta oculta en la isla de Jersey a nombre de, como no podía ser de otra manera, Juan Carlos I. Los investigadores han llegado hasta esta nueva fortuna escondida del anterior monarca después de que el Banco de España lanzara una alerta a la fiscalía Anticorrupción. El rey emérito es beneficiario de esa cuenta domiciliada en ese paraíso fiscal ubicado en el Canal de la Mancha. En ese paraíso fiscal, Juan Carlos I habría acumulado parte de su fortuna, tras recibir transacciones de empresas domiciliadas en las islas del Canal de la Mancha en los años noventa. La fiscalía anunció que abrirá una tercera vía de investigación al rey emérito que asumirá el equipo de fiscales del Tribunal Supremo, que ya le está investigando junto al fiscal jefe Anticorrupción tras recibir un mensaje de inteligencia financiera del anteriormente citado Sepblac.

Esperemos que todas estas investigaciones en marcha no se paren y continuen a buen ritmo y el emérito y su equipo de colaboradores sean juzgados y condenados con arreglo a la ley. Y que no nos vengan con la inviolabilidad de la que gozaba por razón de su cargo, porque mucha gente no entendemos ni entenderemos nunca que un delito no pueda ser perseguido porque el delincuente se cubra, a modo de superhéroe, con el manto de la inviolabilidad, que más propiamente debería llamarse de la impunidad. Estas armas estan bien para los héroes de los comics, pero estamos hablando de la vida real, de la de a pie de calle. Ningún delito debe quedar impune y no hay manto de inviolabilidad ni puñetas que valga. Nos sentiríamos muy decepcionados y desde luego dejaríamos de creer del todo en la justicia si se hiciera valer semejante argucia, si semejante triquiñuela de tebeo consiguiera la absolución de tantos y tan gravísimos delitos. 

Pero el emérito no está solo en su heróica lucha contra esos malos españoles, esos rojos resentidos, malos malasombra, que quieren que comparezca ante la justicia como si fuera un vulgar ladrón que ha pasado delante de un melonar y no podido resistirse a llenar la furgoneta de melones.  Para su defensa cuenta con un gran aliado, otro superhéroe al rescate en la persona de su nieto  don Felipe Juan Froilán de Marichalar y Borbón que ha irrumpido con toda su autoridad moral, con todo su prestigio, con toda su fuerza y nervio intelectual  en esta arena del Coliseo patrio para salvar a su “abuelito” como le llama de las garras de esos pérfidos, trapaceros, perversos e impíos españoles. En un supuesto vídeo afirma que “a una persona mayor hay que tratarla con más paciencia y cariño, con mi abuelo se han pasado tres pueblos estos rojos de mierda”. También dice que “mi abuelo no ha robado ni un céntimo a los españoles, lo ha dado todo por España, en cualquier caso se lo habrá quitado a los moros”. Y dice más cosas pero nos quedamos con estas dos perlas, dos argumentos concluyentes, bien armados y razonados, irrebatibles, categóricos, intelectualmente impecables que, ya iba siendo hora, han puesto a cada uno en su sitio.

No hace falta decir que todo este despropósito, todo este disparatado esperpento no acabará hasta que los dirigentes de este país caigan en la cuenta de que existe un pueblo soberano, “la soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado” dice el título preliminar de La Constitución, que tiene derecho, también lo tenía en el año setenta y ocho pero no se le consultó porque  las encuestas realizadas entonces, “salían que no” según palabras de Adolfo Suárez,  a ser consultado sobre el sistema de gobierno para su país. Monarquía o República. Habrá que esperar otros cuarenta y cinco años de Borbones, que se dice pronto, para ser consultados?. Esperemos que no. 

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