Tuve una alumna, Marta Mora, ahora colega antropóloga recién acabada su carrera, que me recomienda un libro de Paul Willis, Aprendiendo a trabajar, al hilo de conversaciones sobre eso que ampulosamente llamamos el Sistema. La tesis del mismo es sencilla, las clases son continuistas, esto es: se enseña a la descendencia de las clases trabajadoras a seguir siéndolo, mientras que todo soplará a tu favor para seguir como rentista o algo parecido.

Tópico: la Educación es el ascensor social. Si uno analiza los resultados académicos de los últimos años de estudios de la clase trabajadora, va a encontrar una correlación entre sus orígenes sociales, sus notas y su destino laboral. Yo me eduqué entre chavales (no había muchachas) en su mayoría hijos de gentes con carrera o de poder económico indudable: casi todos acabaron estudios lucrativos (ayer bromeaba con un amigo artista compañero de la época sobre que él y yo hicimos Humanidades)… Ingenierías, Arquitectura, Medicina o Derecho… no cabían las dudas: estudiar o estudiar. La vida me hizo compatibilizar eso con una barriada menos que obrera: mis amigos de las tardes de fútbol en la calle hoy son currantes de nivel más bien bajo, como sus padres.

Leía una estadística reciente que hablaba de más de un 90% de herencia de la posición social, eso sí lo recogemos. Recuerdo que entre los primeros teóricos del liberalismo se planteaba la pertinencia de la herencia o no como institución coherente con la meritocracia justificativa de las políticas económicas. O sea: usted déjeme mover la pasta como yo quiera, incluso desregúleme el contrato de trabajo que cada cual firmará lo que considere justo y yo no tengo por qué pagar por alguien a quien no necesito en un momento determinado, la sociedad es una sabana hecha para la lucha por la supervivencia… pero a mi chiquilla, a mi chiquillo no me los toques porque todo lo mío, sin comerlo ni beberlo, es suyo, incluidos los colegios más poderosos, las relaciones… la clase.

No quiero hacer política barata, yo quiero que mis churumbeles hereden mis libros, mis discos, mis guitarras, mi amor, que es lo que tengo, pero el Estado (what the fuck?) debería garantizar, al menos, que no podamos putearnos conscientemente unas a otros y ahí, una vez más, tiene su oficio la Enseñanza, ahora conocida como Educación, no ya por la refinación cultural (indesligable de la felicidad, sin duda) sino por las posibilidades laborales que abre pero, recuerdo, no todo el mundo puede ser médico o abogada… lo admitimos, pero ¿ofrece la Enseñanza Pública la posibilidad de corrección de la situación discriminatoria heredada?

Yo creo que no, y mi respuesta es fea: la Educación ofrece una áurea mediocridad, en el mejor de los casos, para obtener un titulillo que te permita ser oficinista. No hay una búsqueda de la creatividad, de la innovación, del análisis crítico, de la investigación, de la verdadera competitividad que después la sociedad va a imponerte con lógica aplastante: ¡Tú quitarás la mierda que Yo defeco porque Yo te puedo pagar y Tú necesitas cobrar! Y seré claro, ese horizonte es el de un oficio docente mediocrizado, sin carrera profesional, con Facultades de Magisterio que son parodias del rigor y el estudio, una Secundaria que muchas veces es una lucha por la dignidad personal en el aula diaria, un Bachillerato mal diseñado y promotor del fracaso personal: un sistema que no es más que una enorme guardería criapollos (obvio lo de las pollas) para generar una masa obrera acrítica que califique como «cultura» lo que no es más que entretenimiento vulgar (a veces disfrazado de poesía) repleto de lugares comunes construidos para que tenga referencias… pero no quiera defenderse.

Rebélese, estudie.

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Huelva, 1969. Licenciado en Filosofía por la Universidad de Sevilla y Doctor por la Universidad de Valladolid (tesis: Obra y edición en Juan Ramón Jiménez. El «poema vivo»; Premio Extraordinario de Doctorado). He sido gestor cultural, lógicamente frustrado, y soy profesor funcionario de Enseñanza Secundaria, de Filosofía, hasta donde lo permitan los gobiernos actuales. Otras experiencias profesionales: -Director del Festival Internacional de Música Clásica Ciudad de Ayamonte (2002 y 2003). -Director de la Oficina y Coordinador de los actos del Trienio Zenobia-JRJ 2006-2008 organizado por la Diputación Provincial de Huelva, las Consejerías de Cultura y Educación de la Junta de Andalucía, los Ministerios de Educación y Cultura del Gobierno de España y la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales de España, entre 2005 y 2008. -Asesor musical para la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía (2003-2013). -Consejo Asesor Literario de la Diputación Provincial de Huelva (2002-2013). Conferenciante recurrente en programas educativos del Centro Andaluz de las Letras de la Junta de Andalucía y del Ministerio de Educación y de Cultura del Gobierno de España. Como escritor he colaborado con la prensa escrita, antes en Cuadernos de la Campiña, Huelva Información y los diarios provinciales del Grupo Joly, y ahora en la web semanalmente con Diario16.com y mensualmente en la revista en papel Diario16, publicando varios cientos de artículos. He contribuido con textos críticos y de creación esporádicamente con una multitud de revistas literarias. Junto al Catedrático Francisco Javier Blasco Pascual, he codirigido Obras de JRJ, en 48 volúmenes (49 tomos) para la editorial Visor; he publicado varios ensayos en torno a su concepto de «obra»: -Copérnico y Juan Ramón Jiménez. Crisis de un paradigma (2008) -El materialismo de Juan Ramón Jiménez. (JRJ excavado: alma y belleza, 1900-1949) (2010) -Juan Ramón Jiménez en el Archivo Histórico Nacional: Vol 2. MONUMENTO DE AMOR, ORNATO y ELLOS (2011) -Poesía no escrita. Índices de Obras de JRJ (junto al profesor Javier Blasco, 2013) -Obra y edición en JRJ. El Poema Vivo (2017) Además he preparado la edición, selección y prólogo de la antología del poeta granadino Premio Nacional de las Letras Antonio Carvajal: -Alzar la vida en vuelo (2014 y 2019) Lejos de tener vocación de cuentista, sí me encuentro cómodo en la prosa corta, lo que me hace deambular entre el relato, el microrrelato, la estampa o el poema en prosa. Veo poco más que comercio en la literatura actual; suelo experimentar con la forma. Mis libros: -Las apoteosis (2000) -Libro de las taxidermias (2002) -Libro de los humores (2005) -Libro del ensoñamiento (2007) -Álbum blanco (2011) -Tenebrario (2013) -De la luz y tres prosas granadinas (2014). -Libro de las causas segundas o Las criaturas (2014, Epub) -Mar de historias. Libro decreciente (2016). -La Gloria del Mundo (2017) -Libro de los silencios (2018) [XXV PREMIO DE LA CRÍTICA ANDALUZA 2019] -Pintar el aire (2018, en colaboración con el pintor Miguel Díaz) -Las criaturas (Reedición 2019) -El mar de octubre (2020) También he publicado cuentos en diversas revistas físicas y virtuales y he sido recogido en varias antologías, como Mundos mínimos. El microrrelato en la literatura española contemporánea (2007), editada por la profesora Teresa Gómez Trueba; Microrrelato en Andalucía (2007), edición del crítico Pedro M. Domene, Velas al viento. Los microrrelatos de La Nave de los Locos (2010) o Mar de pirañas. Nuevas voces del microrrelato español, ambas por Fernando Valls (2012), y en 70 menos uno. Antología emocional de poetas andaluces (2016), coordinada por Antonio Enrique, entre otras. El jurado del XXV PREMIO DE LA CRÍTICA ANDALUZA de 2019 me ha distinguido con su Premio para Libro de los silencios. En el blog literario de Fernando Valls se pueden encontrar textos míos. Mis artículos en las webs del Grupo Joly, de Diario16 y www.quenosenada.blogspot.com

1 Comentario

  1. Pues tiene más razón que un santo. Nos hacen vivir en continuo estado aspiracional a niveles superiores.

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