Si hace tan solo siete días los socios de la SGAE –y sobre todo sus directivos- se podían permitir resoplar con un poco al conocerse que la Audiencia Nacional rechazaba la solicitud del Gobierno de intervenir la institución, hoy han vuelto a despertar con una agitación que no promete nada nuevo. Aquella decisión del tribunal, justificada en cuestiones formales, les daba más tiempo para poner en orden la casa y cumplir todas las exigencias del Gobierno. Pero parece que no hay remolque que saque a flote este pecio.

Ayer se celebró una nueva votación, tan tensa como histórica, en la sede de la SGAE en Madrid, en el Palacio de Longoria, para aprobar por fin los nuevos y tan necesarios estatutos. Además de responder a los criterios del ministerio de Cultura, esta renovación era necesaria para que la nueva presidenta de la sociedad de derechos de autor, Pilar Jurado, reafirmase su puesto y evitase así la sombra de nuevas elecciones. Pero nada salió como estaba previsto.

Un 62,78% de los socios votó a favor de los nuevos estatutos, lo que supone una mayoría amplia, pero insuficiente: era precisa una mayoría de dos tercios para aprobar el nuevo texto. Sí que salieron adelante, por el contrario, el Informe de Gestión y de Responsabilidad Social Corporativa de 2018, las Cuentas Anuales del Ejercicio 2017, y las cuentas de 2018. No está mal, pero insuficiente.

En la citada asamblea participaron 1.356 socios, que representaban el 24,22% de los votos. Ese índice de participación refleja claramente el hartazgo de los miembros de la SGAE ante tanta polémica arrastrada. Aunque la situación podría ir a más: tras el nuevo rechazo a los estatutos, Cultura podría llegar a plantear la retirada de la licencia a la Sociedad General de Autores y Editores, lo que supondría, de facto, la desaparición de la entidad.

Poco antes de diese comienzo la polémica asamblea, la presidenta de la SGAE, Pilar Jurado, hablaba con el diario El País y expresaba así su voluntad, pese a todo, de seguir trabajando: “La SGAE es un sitio peculiar, aquí he vivido cosas que no había vivido nunca pero también entendí desde el principio que la institución era mucho más grande que lo que se ve en la superficie. He trabajado sin parar para apagar mil fuegos y reconducir la situación a una normalidad que debería haberse logrado hace mucho tiempo”.

“Tras el nuevo rechazo a los estatutos, Cultura podría llegar a plantear la retirada de la licencia a la SGAE, lo que supondría, de facto, la desaparición de la entidad”

Aunque la mayoría de votos obtenidos –a pesar de ser insuficientes- suponen un respaldo a la presidenta, no es descartable que en los próximos días comiencen a escucharse voces opositoras exigiendo su dimisión, siguiendo así la senda de José Miguel Sastrón y José Ángel Hevia, quienes se vieron obligados a dejar el cargo tras no conseguir la aprobación de los nuevos estatutos. El primero de ellos, de hecho, se mostraba hace solo dos días muy duro con la actual directiva en una entrevista al El Independiente: “Pilar Jurado debería dimitir en todas las circunstancias. Pero no ella, sino toda la junta porque es irregular”.

Para cerrar el melodrama en un punto álgido, a la polémica viene a sumarse Eduardo ‘Teddy’ Bautista, el presidente más polémico de la SGAE, en buena medida responsable de su encumbramiento y posterior desplome. Tras la dimisión de su puesto en la junta directiva del compositor Fernando Illán, Bautista se perfila como el candidato más votado para sucederle, lo que sin duda supondría un nuevo nubarrón en el futuro de Pilar Jurado.

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