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“Pessoa fracasó en todo y ese fracaso, la envergadura de su fracaso lo hizo grande”

'Pessoa, el hombre de los sueños’ es la biografía con mayúsculas indiscutible que un autor inclasificable como el poeta portugués Fernando Pessoa merecía gracias a la sensibilidad, inteligencia y maestría de su traductor de referencia Manuel Moya

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análisis

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Será, o no, esa confluencia de los astros –que tanto fascinaba al poeta portugués Fernando Pessoa (Lisboa, 1888-1935)– la que ha obrado el milagro de tener ante nosotros la biografía definitiva a la que rendir pleitesías sin desmayo por descubrirnos, o redescubrirnos, la verdadera figura del autor del Libro del desasosiego, gracias a uno de sus estudiosos y traductores de referencia, el onubense de Fuenteheridos Manuel Moya, que ha logrado con este Pessoa, el hombre de los sueños (Ediciones del subsuelo) muchísimo más que enhebrar una biografía al uso, donde la prosa exquisita y el ritmo ordenado, exhaustivo y cadencioso por esos 47 años de existencia tan intensos como atribulados nos hacen disfrutar de cada instante como si de una novela se tratara, no sin antes desmontar todos y cada uno de esos falsos mitos amontonados en torno a un autor inclasificable, inconmensurable… tanto o más que su mítico baúl aún por desbrozar. 

Usted es un traductor referencia y gran experto en torno a la obra y vida del genio portugués y acaba de publicar una exhaustiva biografía de casi 700 páginas. ¿Se atrevería a perfilar quién fue realmente Fernando Pessoa en apenas unas frases? 

Pessoa es un poeta y narrador portugués que nació con un pie en el siglo XIX y otro en el XXI, que vivió desde 1888 hasta 1935, con todo lo que sucedió entre medias, todo lo cual le afectó. Es uno de los escritores más singulares y traducidos de todo el siglo XX. En torno a él sigue existiendo un hilo de misterio. En la biografía, Pessoa, el hombre de los sueños, trato de hurgar en esas zonas de misterio y dar relieve a alguien sobre el que pesa más la leyenda que la realidad. 

“Eso del hombre solitario, indolente, casi inédito, desconocido o rechazado casi por sus contemporáneos, que vivió en una torre de marfil, no es cierto en absoluto” 

Aunque su obra es inmensa y casi inabarcable, aún hoy el mito de su figura ensombrece su genialidad artística detrás de lo que muchos consideran “un pobre hombre”, como señala en la introducción. ¿Por qué sucede aún esto? 

Pessoa fue un pobre hombre que fue fracasando en todo, en el amor, en la celebridad, en lo pecuniario. Fracasó en todo y ese fracaso, la envergadura de su fracaso lo hizo grande. Pessoa es un escritor de paradojas y esta, la suya, es la más grande de todas. Un genio que fracasó en todo. ¿Se lo imagina? 

Usted se lamenta en la Introducción de su biografía de que Pessoa sigue siendo hoy un autor tan fascinante como desconocido. ¿Por la complejidad de su obra, por su amplísima y variada trayectoria literaria…? 

Bueno, es un escritor fascinante, eso no hay quien lo dude. Y también desconocido. Quizás todos tengamos una idea de Pessoa, una manera de entenderlo, pero esa visión no suele ser muy precisa, ni ajustada a lo que fue. Es un autor mucho más fascinante de lo que se le suele representar. Eso del hombre solitario, indolente, casi inédito, desconocido o rechazado casi por sus contemporáneos, que vivió en una torre de marfil, no es cierto en absoluto. Luchó como un titán, tuvo una vida social como cualquiera de nosotros, publicó bastante en vida, aunque dejó una obra inmensa sin publicar, y fue traducido y publicado en países como Brasil, Inglaterra, Francia y España, fue objeto de ensayos, todo esto en vida, y su muerte fue noticia en 27 periódicos lusitanos. En fin, hay mucho que corregir en nuestros imaginarios acerca de Pessoa. Parte de la labor del biógrafo es explicar todo esto. 

El poeta portugués Fernando Pessoa murió en 1935 a los 47 años.

¿Se puede asegurar que el mito sigue matando al genio y al artista? Esta biografía que publica, ¿viene a confirmar que Pessoa “vivió”realmente y tuvo “vida” propia mucho más allá de sus heterónimas y su genial obra? 

Los mitos se han cebado con el artista y, quizás, quizás, esos mitos hayan contribuido a que tenga tantos y tan buenos lectores. En todo caso fue un hombre con una vida. Con una vida dura y trágica, si me lo permite, pero también con una vida laboral, artística y familiar. Yo he escrito 700 páginas, pero podría haberme extendido a las 1.500. Hay mucho que contar sobre la casi siempre inestable vida de Pessoa. 

Lejos de aquellos que aún lo perfilan como un enjuto hombre atrincherado en una existencia gris y plomiza como la oficina que regentó en su trabajo de traductor comercial, su libro viene a desmontar por completo estos mitos de Pessoa. ¿Con qué argumentos lo logra? 

Bueno, con datos. El mito de Pessoa se comenzó a configurar muy poco después de su muerte. Entonces se sabía poco de él y la visión de aquel poeta desconocido quedó en el imaginario popular. Las investigaciones posteriores han llegado a conclusiones diferentes. El hecho de que todos hayamos comenzado a conocerle con el Libro de desasosiego, escrito, no se olvide, por Bernardo Soares, un tipo indolente, marginado, solitario y perdido en su propio mundo, nos ha confundido también. Pessoa no es exactamente Soares y cuando escribe ese libro, Pessoa ya es un hombre cercano a la muerte. La foto que tenemos de él es esa, pero claro, hubo muchos más pessoas. 

“Hay mucho que corregir en nuestros imaginarios acerca de Pessoa. Parte de la labor del biógrafo es explicar todo esto” 

¿Qué interpretación le da al hecho de que Pessoa cambió hasta en veinte ocasiones de domicilio desde que llegó a Lisboa en 1905 hasta el año 1920? 

Bueno, es fácil. Siempre que pudo trató de vivir en el seno familiar, pero cuando la familia no estaba, cosa que le ocurrió de 1916 a 1920, cambió con frecuencia de casa. Pessoa siempre vivió en el desasosiego, en el desasosiego económico y en el desasosiego íntimo. Comenzó viviendo en el centro de la ciudad, pero poco a poco la ciudad, que iba creciendo, lo fue echando a los barrios alejados, como Estefânia o Benfica. Buscaba, claro, alquileres baratos y duraba poco tiempo en ellos. Todo hasta que su madre regresa de Sudáfrica. Entonces ya vive siempre en el mismo lugar y eso se nota en su obra. 

¿El demonio de la depresión, el alcohol y la falta asidua de efectivo monetario fue un cóctel explosivo que lo marcó para siempre en su producción literaria? 

Todo eso, como dices, lo marcó, claro. Él decidió vivir un poco a salto de mata en lo económico. No quería atarse más que a la escritura, pero fue muy pero que muy emprendedor, aunque fracasó en todas, absolutamente en todas sus empresas. Dejó casi 30.000 documentos en 30 años de actividad literaria. Al alcoholismo llegó al final de su vida, cuando su madre ya había fallecido y él estaba ya sin esperanzas, derrotado. Ese es el Pessoa que conocemos, sobre el que hemos asentado nuestra visión, pero, como digo, hay Pessoas anteriores a ese. Su relación con la locura llega desde su adolescencia, cuando trataba de hacer novelas policiales y leía tratados sobre la locura. Su abuela Dionísia estaba loca y él creyó que podía heredar esa enfermedad. En fin, el desasosiego. 

Y el amor… ¿Qué fue Ophelia para Pessoa? 

Bueno, yo parto de la teoría de que para el shakesperiano Pessoa, Ophélia es un personaje del gran maestro y si se enamora de ella es por su nombre. Luego, cuando la cosa se pone un poco complicada, él se da cuenta de su error de cálculo y la abandona. Pessoa, quizás por la muerte del padre, no logra acabar bien su infancia. Hay algo de niño en él, que no supera la infancia, algo de asexuado. La sexualidad le daba grima. Lo curioso del caso es que en el último año de su vida hubo otra mujer, desconocida hasta hace poco, Magde, que llegó a ser espía británica. Un caso este Pessoa. 

Con el título de su obra cumbre, Libro del desasosiego, ¿estaba definiendo lo que para él era la vida en sí, un desasosiego constante? 

Él siempre vivió en el desasosiego. Se sintió siempre presa del desasosiego vital. Yo creo que cuando se refiere a este mundo matérico, no al de las ideas, no al de las «otras voces» que lo cercan, se refiere casi siempre en términos de incertidumbre, de desasosiego. La locura, la sombra de la muerte de su padre y de sus tres hermanos muertos antes de su adolescencia, la volubilidad de su tiempo, con guerras, con movimientos sociales, con la caída del viejo régimen, con la llegada del comunismo… él se veía en mitad del desasosiego, claro. 

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