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Pero ¿qué estáis haciendo?

Andrea Vinyamata de Gibert
Project Manager & Social Media Manager. Articulista en Diario16. Líder Coach. RRHH y formación. Presentadora de conciertos y eventos. Experta Universitaria en Redes Sociales, Marketing y Contenidos. Estudios en psicología.
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Que muchos medios de comunicación, en España, manipulan la información, es algo que prácticamente gran parte de la sociedad tiene claro, a pesar de que cuesta de creer. Sólo hay que molestarse en escuchar unas u otras radios, ver unas u otras cadenas, o leer la prensa escrita de forma diversificada. ES EVIDENTE. Aun así, insisto, cuesta de creer, y entiendo que años atrás, sin redes sociales que permitiesen ir más allá de lo que los medios informan, todavía era más difícil de detectar. Pero es así. Los motivos para semejante barbaridad pueden ser varios, aunque generalmente siempre rondan la política y los intereses económicos.

Gran parte de los medios de comunicación españoles, están corrompidos, y dicha podredumbre puede provocar daños a nivel social que pueden llegar a ser prácticamente irreversibles a corto y medio plazo. Ejemplo de ello sería la estigmatización de los MENAS (menores de edad no acompañados, o lo que es lo mismo, niños solos), acoso y derribo a los manteros, morbo extremo hacia crímenes contra ciertas mujeres y niños, y un largo etcétera con el que se podría escribir un libro (o incluso varios).

Pero lo que está pasando estas últimas semanas ya no puedo denominarlo poco ético. Lo que está pasando últimamente ya roza lo delictivo.

No voy a entrar en debates políticos, simplemente voy a hablar de hecho objetivos. España tiene un claro problema con Catalunya, problema que, por otro lado, permite al Gobierno y a los poderes fácticos, hacer sus fechorías cómodamente, mientras se habla de los conflictos entre manifestantes y policía. Si “el pueblo” cree que estamos al borde de la guerra civil, “el pueblo” no se da cuenta de las leyes que mientras tanto se le están “colando”, las absoluciones imperdonables que se están concediendo, los derechos que se le están recortando, etc. Mientras la ciudadanía de fuera de Catalunya (y parte de la de dentro) cree que Barcelona es un polvorín a punto de explotar, las altas esferas pueden moldear sus intereses hasta esculpir la mejor de las tallas, justo a la medida que más les interese.

El periodismo debería ser el arma que delimitase este tipo de maltrato a la sociedad.

El periodismo debería ser absolutamente objetivo, y permitir que las personas fuesen conscientes de cuál es la situación real de su país.

¿QUÉ ESTÁIS HACIENDO?

No voy a decir que todo medio de comunicación esté en declive. No. Pero la mayoría sí lo están. Su falta de escrúpulos es tan evidente que ya ni siquiera intentan disimular, en muchos casos. Y ejemplo evidente de ello es la situación que estos últimos días se está viviendo en Catalunya. La prensa, la televisión y las radios nacionales, en su mayoría, no se limitan a manipular, no, directamente MIENTEN. MIENTEN DELIBERADAMENTE, DÍA TRAS DÍA, Y SABIENDO QUE LO HACEN.

Yo entiendo que una persona que vive en un pueblo en el otro extremo del país, que jamás ha pisado tierra catalana, y recibiendo sólo la información tergiversada de estos medios, pueda creerse que Catalunya está al borde de la guerra civil, hablando en términos exagerados. Me lo creo. De hecho, en redes lo estoy leyendo constantemente. Pero lo que no me creo, en absoluto, es que periodistas de grandes cadenas y periódicos, siendo incluso algunos de ellos catalanes, desconozcan cuál es la realidad de Catalunya en estas semanas. La información ha de ser veraz. ¿Está habiendo altercados por las noches? Sí. ¿Salen, en su mayoría, de lo que son los altercados normales, en países democráticos, cuando hay algún movimiento social que reivindica alguna cosa? No. ¿Está habiendo violencia policial extrema sobre muchos de los manifestantes, que además son muy jóvenes o incluso menores de edad? Sí. ¿Los medios están justificando actos injustificables por parte de los cuerpos del estado, e incluso de civiles al más puro estilo neonazi? Sí.

La semana pasada más de medio millón de catalanes salieron pacíficamente a las calles a reivindicar sus derechos. Pocas manifestaciones y movimientos hay en el mundo de esta envergadura, y con este carácter pacífico. ¿De qué informaron muchos medios, ese día y el siguiente día? De los altercados nocturnos. Se han visto pantallas de televisión, constantemente, con imágenes en primer plano de las llamas de los contenedores. Sí, contenedores, recipientes de basura. Verlas una vez está bien. Verlas como imagen principal de una televisión o periódico durante una semana seguida, puede empezar a crear la sensación de lo que se pretende, que los catalanes independentistas están sacando su lado más violento. Se han llegado a emitir imágenes de manifestaciones de otros años e incluso de otros países. Se ha hablado con “testigos” de los hechos que sólo tienen una posición política extrema, o que incluso ha quedado demostrado que forman parte de los partidos interesados en alimentar este discurso del odio. Se está hablando de terrorismo de una forma absolutamente banal cuando, al menos de momento, no hay ni una sola prueba o sentencia que lo avale. La presunción de inocencia ha desaparecido completamente del lenguaje de periodistas que son capaces de afirmar que hay personas en prisión por actos delictivos que jamás se han cometido, o no se ha demostrado, de momento, que así sea. Se habla de las “grandes” pérdidas económicas que estos altercados están provocando.

Es irónico que en un país donde la corrupción está a la orden del día, se pretenda dar el enfoque de que el derecho a la manifestación provoca enormes pérdidas para España. Las pérdidas reales las provocan casos como la Operación Púnica, las Tarjetas Black, los ERES de Andalucía, las eléctricas, Bankia, la evasión fiscal, los privilegios a la Iglesia, y un largo etcétera que están sumiendo a España en una profunda crisis. Pero el humo de los contenedores incendiados en Catalunya, tapa todo eso.

¿Qué estáis haciendo? Periodistas que, probablemente, el día que decidieron ejercer esta profesión, se imaginaban como esos héroes de las películas, que destapan toda clase de hechos que puedan resultar interesantes y de necesario conocimiento para su sociedad. Personas que, en su mayoría, seguro empezaron a ejercer con ilusión y ganas de hacer bien las cosas. ¿Dónde os habéis quedado? ¿En qué parte de vuestro camino decidisteis que apoyar los discursos del odio y la violencia era aquello por lo que tanto os habíais esforzado? ¿En qué hoja de ruta estaba escrito que infligir violencia hacia jóvenes y niños por salir a las calles a luchar en democracia, era lícito? ¿En qué bache de vuestra carrera se quedó atascada la empatía hacia seres humanos, hacia padres y madres que han de ver entre rejas a sus hijos porque los intereses electorales prevalecen sobre los de las personas? ¿En qué momento hablar de sangre y muerte fueron el aroma que embriagó vuestra labor? ¿Cuándo se os olvidó que vuestros propios hijos, pueden llegar a pagar las consecuencias de cortar por lo sano con las libertades más básicas que la democracia exige…?

PERO ¿QUÉ ESTÁIS HACIENDO? ¿A QUÉ PRECIO LO ESTÁIS HACIENDO? ¿QUÉ GANÁIS DEJANDO DE LADO VUESTRA DECENCIA?

Estáis haciendo historia. Algún día, en un futuro que espero no sea muy lejano, en las universidades españolas se hablará de esa época en la que el periodismo dejó de ser la herramienta de la sociedad, para ser el hacha de los pueblos que, por desgracia, en muchos casos aún confían en algunos de vosotros. Ciudadanos que están creciendo envenenados por un odio que antes era ficticio, que ahora empieza a ser real, y que mañana habrá enriquecido a muchos.

QUÉ TRISTEZA.

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