Y mientras los diputados juraban y acataban la Constitución en el Congreso –los independentistas por imperativo legal, los ultraderechistas golpeando con furia la madera del hemiciclo–, una inmensa riada de camisetas negras con el lema “tu abandono me puede matar” bajaba imparable por la Carrera de San Jerónimo exigiendo mejoras laborales. Eran los de siempre, los olvidados y mal pagados funcionarios de prisiones, esos que cada día tratan con los presos en uno de los oficios más ingratos y poco reconocidos del mundo.

Los manifestantes llegaron casi hasta los leones, a las puertas de la Cámara Baja. Dentro, la alta política, los pactos, la intrigas, el cálculo parlamentario; fuera, simplemente el pueblo protestando por sus penurias y malas condiciones laborales. No solo los funcionarios se habían echado a la calle, también los médicos y las maestras de educación infantil, que se sumaron a los pitos y caceroladas. Una metáfora perfecta sobre lo lejos que a veces están los políticos de los problemas cotidianos de los españoles.

La manifestación, formada por varios cientos de trabajadores penitenciarios, exigía más medios y equiparación salarial con sus compañeros de Cataluña, una comunidad autónoma que tiene transferidas las competencias en materia de prisiones. La imagen de los funcionarios avanzando en bloque por el centro de Madrid en el día más importante de la democracia sorprendió a vecinos y turistas, que se preguntaron qué demonios ocurría allí. ¿Acaso Vox había movilizado ya a sus tropas y ejércitos y avanzaba al galope tendido en dirección al sagrado templo de las libertades como en el 36?

Un anciano vecino de Sol trataba de explicar a dos jóvenes alemanas nerviosas ante la nutrida marcha negra que no había ningún peligro, solo más de lo mismo, ya que aquí, en España, los gobiernos nunca escuchan al pueblo hasta que, cuando ya es demasiado tarde, lo ven ascender por las escaleras del Congreso en medio de vociferantes eslóganes revolucionarios. “¡Mirad lo que hemos conseguido en una mañana! ¿Dónde cojones estaban los políticos y sindicatos cuando los necesitábamos?”, arengaba uno de los organizadores de la protesta megáfono en mano.

Por un momento parecía que los indignados iban a tomar el Congreso de los Diputados para montar una moción de censura a la recién nacida XIII Legislatura. Finalmente, la Policía formó un cordón con las lecheras y bloqueó el paso a los manifestantes. Las puertas doradas de la Cortes se abrieron en el último momento y algunos senadores patricios salieron a la calle a darse un baño de multitudes con la plebe (no hay que olvidar que seguimos en campaña electoral y la ocasión para hacer demagogia la pintaban calva). Así, Pablo Casado, Albert Rivera y Javier Ortega Smith, a los que se unió el siempre hábil Revilla, además de Rafael Mayoral por Podemos y el diputado de Compromís Joan Baldoví salieron a soltar un mitin improvisado y de paso a hacerse la foto. Y allí, frente a la cabeza de la manifestación, ante cientos de funcionarios cabreados y policías que custodiaban las Cortes fusil en mano, los políticos mostraron su apoyo a la causa.

“Llevamos tiempo reclamando medidas de seguridad ante las muchísimas agresiones que sufrimos, más de dos diarias, y medios materiales, más personal y equiparación salarial con otras comunidades como Cataluña, que tiene unas retribuciones muchas más altas que las nuestras”, aseguró Esteban, un funcionario de la prisión de Dueñas, en Palencia. Según este portavoz, 2.500 personas han marchado desde la Puerta del Sol hasta los aledaños del Congreso de los Diputados.

Micrófono en mano y desde un escenario instalado en la Carrera de San Jerónimo, Albert Rivera les dijo que “esta legislatura será la de los funcionarios de prisiones”, comprometiéndose a llevar al Congreso una iniciativa a favor de la “igualdad” y las mejoras de las condiciones laborales y materiales, de forma que el trabajo de ese colectivo se lleve a cabo de una forma “digna”. El líder de Cs no pierde la ocasión para sacar pecho como autoproclamado líder de la oposición.

Ha sido una reivindicación muy similar a la que han llevado a cabo recientemente policías y guardias civiles, que han conseguido un acuerdo de 807 millones de subida salarial en tres años (2018-2020). Durante años se habían movilizado para protestar amargamente, pero nadie les escuchaba. Hasta hoy. Han tenido que poner cerco al Congreso para hacerse oír. Y es que así se negocian las cosas en España. En la calle, a golpe de manifestación y megáfono, mientras en el Congreso se habla de otras cosas como el ‘procés’, los políticos presos, el juramento por España de Vox y asuntos que quedan lejos, muy lejos, en el apartado palacio de la democracia.

3 Comentarios

  1. Y su Majestad el Rey Juan Carlos donde se esconde hoy le van hacer una visita haber si tiene agallas para cantarle las cuarenta y se implique más en los problemas de los españoles que nos tenemos que levantar a las cinco de la mañana para poder seguir viviendo bueno mal viviendo. Salud para todos los hombres de buena voluntad.

  2. Un reconocimiento de una puta vez a los funcionarios de prisiones, que aunque nadie nos ve porque estamos tras muros, rejas y concertinas allá donde Cristo pegó las tres voces, existimos. Más orgulloso que nunca de ser FUNCIONARIO DE PRISIONES.

  3. Los políticos estaban cerca, tan cerca, que el sindicato tu abandono me puede engañar les había preparado un estrado donde subirse y pedir su voto para municipales. Por tanto el título del articulo le sobran cojones y le faltan razones.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

5 × tres =