El jefe de la Guardia Civil en Cataluña dio en la tarde de ayer un discurso que ha generado malestar en distintos ámbitos. Frases como «las pretendidas sonrisas revolucionarias se convierten con facilidad en un rictus de destrucción» han ocupado hoy los titulares de la prensa en Madrid.

El acto se celebraba con motivo del homenaje a la patrona del cuerpo y allí el general de brigada de la Guardia Civil, Pedro Garrido, jefe en Cataluña, hizo hincapié en el papel que debe desempeñar el cuerpo frente a las «pretendidas sonrisas revolucionarias». Se celebró en Sant Andreu de la Barca, localidad que ocupó titulares recientemente por celebrarse un acto de la legión en un local cedido por el ayuntamiento, pero sobre todo, mucho más conocida por la persecución que sufrieron un grupo de docentes de un centro educativo a los que se denunció por presunto adoctrinamiento, que finalmente quedó archivada.

El discurso, en sus partes más destacadas, puede verse aquí. En primera fila puede verse al Fiscal Javier Zaragoza, muy conocido en su carrera profesional, pero sobre todo recientemente por su papel en el Tribunal Supremo, al ser uno de los miembros del ministerio fiscal.

Al acabar los discursos,  la cúpula de los Mossos abandonó el acto, y según indica La Vanguardia, lo hicieron ofendidos por el contenido y el tono de los mismos. Según la información publicada, lo que más les habría molestado fueron las referencias al mayor Trapero y a Teresa Laplana, responsables del dispositivo realizado el 20 de septiembre de 2017. En su discurso, Garrido apuntó que «aunque terrorismo e independentismo no es lo mismo, el cuerpo combatirá sin tregua ni pena y pondrá a disposición de la Justicia a quienes opten por el terror. Esta brillante acusación nos enfrenta a todos a la verdad de que las pretendidas premisas revolucionarias se convierten con más facilidad de lo que cabe pensar o desear (…) en un rictus capaz de generar destrucción, dolor y sufrimiento», al referirse a la operación Judas.

Además, apuntó que la Guardia Civil «ha contribuido a la cimentación de la sentencia del procés, que se conocerá en los próximos días, con un trabajo de investigación objetivo, riguroso y exhaustivo». Y dejó un mensaje para los agentes sobre la sentencia: «ni la venganza, ni la adecuación a la demanda social ni la resolución negociada de controversias son expectativas o condicionantes de las sentencias judiciales».

Y precisamente, en relación con el 20 de septiembre de 2017 hubo ayer una condecoración: la de la secretaria judicial que tuvo que salir saltando un muro trasero y entrando por un teatro contiguo a la consejería de Economía, y la del magistrado del juzgado de instrucción número 13, el ya fallecido Juan Antonio Ramírez Sunyer, al que Lesmes le dedicó una emotiva carta el día previo a fallecer, donde le agradecía «haber cambiado el rumbo de la historia de nuestro país». 

Teresa Cunillera, delegada del gobierno en Cataluña, hubo de reunirse con posterioridad del acto con la cúpula de los Mossos para tratar de mantener los puentes que había ya tendidos, según la información que desde el Gobierno se ha dado esta mañana.

Por su parte, el vicepresidente del Govern durante su intervención a la sesión de control al Govern esta mañana, ha denunciado el hecho de que el jefe de la Guardia Civil se posicionara políticamente, a favor de una determinada ideología mientras la Junta Electoral Central guarda silencio. Lo ha calificado de «vergüenza», añadiendo que al gobierno le corresponde canalizar políticamente el descontento de la ciudadanía con propuestas institucionales, en el momento en el que la sentencia está a punto de salir; ha reiterado que en octubre de 2017 no hubo ningún tipo de violencia y que no hay indicios para hablar de los delitos de rebelión y sedición. «La única sentencia justa es la absolución» apuntó.

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