Tatuaje, tercera entrega de la serie Carvalho, el detective privado previene a su acompañante contra aquellos que se conforman con “cualquier cosa para comer”, y ante las especulaciones de ella, él se define como “un expoli, un exmarxista y un gourmet”. A continuación, deja claras sus prioridades con una de las habituales –y geniales– frases lapidarias del personaje: “El sexo y la gastronomía son las cosas más serias que hay”.

Ese es Pepe Carvalho, el personaje más carismático de la literatura mediterránea, creado por el periodista y escritor Manuel Vázquez Montalbán (1939-2003), y que esta semana vuelve a las librerías de la mano de Carlos Zanón en Problemas de identidad (Planeta). Hace catorce años, poco antes de la muerte de su autor, el detective protagonizaba su último caso en el monumental Milenio Carvalho (volumen I y II), con el que daba la vuelta al mundo. Mucho han cambiado el mundo, España y Barcelona en esta década y media, y también el propio detective, y plasmar eso en negro sobre blanco ha sido el reto de Carlos Zanón.

Autor de las aplaudidas Marley estaba muerto, No llames a casa o Yo fui Johnny Thunders, entre otros títulos, Zanón no tardó en aclarar, cuando recibió el encargo, que el nuevo Carvalho iba a ser “su” Carvalho, es decir, iba a recuperar el personaje de Montalbán pero no a imitar a el estilo del escritor. Esto queda ya patente desde la elección de un narrador en primera persona en lugar de la voz en tercera habitual (y que en realidad era bastante engañosa). Además, si bien el aspecto gastronómico no desaparecerá por decisión de los herederos del autor, en sus nuevas peripecias por una Barcelona plagada de restaurantes con estrella Michelin Carvalho se tomará el arte del buen yantar con otra filosofía. Entre otras cosas, porque ahora, a los 58 años, sufre de ciertos problemas gastrointestinales.

“Yo suelo plantear la cocina como metáfora de la cultura”, escribió Vázquez Montalbán en el prólogo del libro compilatorio Las recetas de Carvalho. “Comer significa matar y engullir a un ser que ha estado vivo, sea animal o planta. Si devoramos directamente el animal muerto o la lechuga arrancada, se dice que somos unos salvajes. Ahora bien, si marinamos a la bestia para cocinarla posteriormente con la ayuda de hierbas aromáticas de Provenza y un vaso de vino rancio, entonces hemos realizado una exquisita operación cultural, igualmente fundamentada en la brutalidad y la muerte. Cocinar es una metáfora de la cultura y su contenido hipócrita, y en la serie Carvalho forma parte del tríptico de reflexiones sobre el papel de la cultura. Las otras dos serían esa quema de libros a la que el detective es tan aficionado y la misma concepción de la novela como vehículo de conocimiento de la realidad, desde el mestizaje de cultura y subcultura que encarna la serie”.

Y es que en cierto modo las formas de Montalbán suponen una revolución, una subversión, como lo era casi todo en él, contras las formas habituales de la literatura de género. Su novela negra se alejaba del planteamiento clásico como reflejo de los bajos fondos para ser un crónica de la España y la Barcelona de la Transición y los posteriores años del ‘pelotazo’ y las Olimpiadas. Zanón tiene que recurrir ahora a otros recursos para reflejar una nueva Barcelona, la de 2017, inmersa ya de lleno en el proceso soberanista y con un tejido urbano igual de conflictivo, una ciudad que en esta novela cobra carácter de protagonista como también lo hace, aunque en menor medida, Madrid.

Una prostituta desaparecida, un sangriento crimen familiar, una amante casada con un político influyente, la amistad de Biscuter, los problemas de salud… Zanón nos devuelve a un Carvalho en mejor forma literaria que física, mucho más ‘zanoniano’ que ‘montalbaniano’, aunque eso nunca incomode. Porque además, sigue odiando la música moderna y quemando libros.

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