Había una vez un burro que, atado a un balancín, daba vueltas y vueltas alrededor de la muela de un molino. Mientras giraba una y otra vez, miraba asombrado como a las mulas el amo las trataba a latigazos cuando no respondían como él deseaba o cuando si, pero las cosas no salían como quería. El burro sentía tristeza por las pobres mulas y pensaba en lo privilegiado que era porque él solo tenía que caminar todo el día para recibir una buena recompensa cuando llegaba el ocaso y la luna acababa desplazando al sol. Entonces podía descansar tranquilamente en una alfombra de paja negruzca degustando media gavilla de alfalfa o paja de algarrobas y una lata de harina de cebada.

Junto al rodal del molino había un pilón en el que el burro saciaba la sed cuando le placía porque solo tenía que parar y beber. Mientras no fueran muchas veces y no se excediera en el tiempo de la parada, al burro nadie le decía nada. Las mulas, en cambio, tiraban de un pesado carro repleto de sacos de harina que el molinero sacaba del molino y que se encargaba de llevar a sus clientes. Las pobres, no podían parar a beber, ni cuando cruzaban el arroyo, porque en el momento que reducían la marcha, el zurriago se batía en el aire rozando livianamente la piel de las pobres acémilas causando un dolor intenso.

Pasaban los años y el burro iba perdiendo fuerza. Su paso se había vuelto cansino y el esfuerzo y la edad empezaban a pasarle factura. Tantas vueltas había dado durante los últimos veinte años, que el rodal se había profundizado de tal manera que el burro no solo no alcanzaba, desde hacía tiempo, el pilón, sino que tampoco podía ser desuncido al llegar la noche para llevarle a la cuadra porque no podía salir del barranco. Allí le echaban la paja y el salvado y allí dormitaba como podía durante las noches. El hoyo era tan profundo que desde unos cincuenta metros, nadie era capaz de adivinar que un burro hacía girar la piedra del molino. Como el rendimiento ya no era el esperado, el molinero decidió tapar el agujero con el burro dentro. Así evitaría tener que sacar al animal montando una serie de poleas que lo elevaran con las mulas. Decidió también que lo mejor era comprar otro burro joven, alargar el balancín, colocarlo más alejado del molino (así tardaría más en hacer rodal) y tapar agujero y pollino con la tierra que traería con las mulas desde el campo.

Echadas las primeras paladas de tierra encima del rucio, el molinero se asombró al comprobar que el burro movía el lomo cada vez que le caía la tierra encima y esta acababa debajo del garañón. Iba a ser difícil enterrar al asno vivo. Quizá si se diera más prisa entre palada y palada. Pero el burro, seguía derivando la tierra al suelo.

El pollino cayó en la cuenta de que, con la tierra, poco a poco estaba saliendo a la superficie. Ya soñaba de nuevo con su vida de privilegiado tirando de la maroma nuevamente, bebiendo agua del abrevadero, recostado en una cama de paja húmeda y negruzca, disfrutando de su avena y su alfalfa antes de dormir a pierna suelta de luna a sol,…

Sin embargo, cuando ya podía ver la superficie, comprobó que otro burro daba vueltas atado a un balancín más largo alrededor del molino. Asombrado razonó que el otro asno estaba haciendo su trabajo. Entonces pensó en lo peor. Cuando saliera, el amo le pegaría un tiro con la escopeta como hizo con aquella mula que de pronto había dejado de comer porque el hijo del molinero le había pegado tal puñetazo en la mandíbula que le había roto la quijada. Y entró en pánico. Cuando se hubo tranquilizado pensó que si el amo quisiera acabar con él, le habría matado allí en la zanja y lo habría enterrado mientras echaba la tierra. Y sin embargo le estaba ayudando a salir echando tierra en el agujero. No. No podía ser que el patrón, después de tantos años a su servicio dejándose la vida en el molino fuera a desprenderse de él. Entonces le surgió la idea de que tal vez lo estaba sacando para darle una vida aún más feliz, dejando que corriera libremente por el campo y disfrutando de su vejez. Si, se dijo a sí mismo. Eso era lo que el amo pretendía.

De pronto, comprobó que no se oían las paladas y que ya no le caía tierra encima. Ni tampoco a su alrededor. Quizá el amo estuviera descansando…

¡Pum!, un ruido seco espantó a las palomas que zureaban en el tejado del granero.

*****

Pensamiento crítico

Desde la primera infancia nos enseñan, primero a creer lo que dicen las autoridades, los padres, la mayoría, el cura, etc. Y luego a razonar sobre lo que hemos creído.

La libertad de pensamiento es al revés, primero razonar y luego creeremos en lo que nos ha parecido bien de lo que razonamos.

Jose Luis Sampedro 1·feb·1917 – 8·abr·2013

Con demasiada frecuencia oímos aquello de sentirse un privilegiado por tener trabajo, porque te paguen 1.000 euros al mes o porque no tengas que hacer horas extras gratis. Ante tanta desvergüenza, hemos asumido como privilegio aquello que debería ser lo normal. Si tu firmas un contrato por cinco horas de jornada y ochocientos euros al mes, lo normal es que hagas cinco horas al día y que cobres al finalizar el mes. Y si haces más horas, por una necesidad puntual del empleador, lo normal también es que se te paguen como horas extras. Lo otro, trabajar doce horas y cobrar cinco o trabajar y no cobrar, es lo anormal, por eso es ilegal y está descrito en uno de los cientos de delitos que recoge la legislación española.

Como decía el gran José Luis Sampedro, para poder discernir entre el bien y el mal, debemos primero razonar y no contaminar nuestro pensamiento con aquello que nos están intentando inculcar desde fuera para administrar nuestra voluntad y acercar lo que debemos pensar a los intereses de quién está manipulándonos a través de ideas y pensamientos preconcebidos. Sí, como ahora, lo hacemos al revés, estamos ejerciendo como el ejército de zombis necesario para que nada cambie, o para que las cosas cambien en nuestro detrimento y en favor de aquellos que manipulan.

Parece de perogrullo, pero estamos viviendo una época tan revisionista que tenemos constantemente que repetir obviedades como si fueran axiomas. La Constitución es un texto con 169 artículos que se utilizan como arma arrojadiza y lo que es peor, algunos interpretan conforme a sus intereses y otros, solo como base para justificar sus actuaciones fuera de ella. Si, parece mentira pero es así. Hay grupos políticos y estamentos dentro del estado a los que la Constitución les sirve como escudo que arropa sus actuaciones contrarias a la misma.

La Soberanía nacional reside en el pueblo del que emanan todos los poderes del Estado” no es, por tanto, una frase hecha, sino el artículo 1.2 de la Constitución. Si el artículo 1.3 dice que “La forma política del Estado español es la Monarquía parlamentaria” y el artículo 64.1 “Los actos del Rey serán refrendados por el Presidente del Gobierno y, en su caso, por los Ministros competentes”, no es el Rey el que elige dónde estar ni a qué actos acudir, sino que corresponde a quién vaya a refrendar esos actos (en este caso el Ministro de Justicia) decidir a que actos acude el Rey. Y si no se le pone en su agenda un determinado acto, será porque no lo cree necesario el Ejecutivo y no al revés.

El artículo 22.2 dice “Las asociaciones que persigan fines o utilicen medios tipificados como delito son ilegales”. Sin embargo, tenemos un partido condenado por corrupción (sentencia primera parte de la Gürtel), implicado además en otros 1000 casos por distintos delitos como los de financiación ilegal, cohecho y/o tráfico de influencias que a todas luces incurre en la ilegalidad enunciada en el 22.2 porque no son casos puntuales sino una forma generalizada de actuar y que sin embargo, no solo sigue siendo legal sino que se permiten el lujo de dar lecciones de legalidad y de jurisprudencia. No solo no es ilegal, sino que ha conseguido que el Poder Judicial sea en su mayor parte socio de su pensamiento identitario. No solo no es ilegal, sino que un CGPJ en funciones sigue nombrando miembros de su misma cuerda política a pesar de su manifiesta alegalidad y su pútrida moralidad. No solo no es ilegal, sino que insiste en torpedear la renovación de los cargos hasta que no pueda controlar, de nuevo, a los nuevos miembros y que estos sean acordes a sus intereses ideológicos (cuando no legales).

El Régimen del 78 se parapeta en una Constitución que no respeta y que no cumple y en uno de los poderes del estado que ha tomado, y lo ha convertido en una tercera cámara para la revisión de todas aquellas normativas que no convengan al régimen y para afinar los asuntos que les puedan comprometer. Además, han llenado las FS de indeseables miembros de la misma ideología antidemocrática que parecen actuar más como fuerzas para amedrentar que como salvaguardas de los derechos de los ciudadanos.

En España somos también mucho de confundir la velocidad con el tocino. Así cuando reclamas derechos que te corresponden según la Constitución, que se supone que sigue vigente y que no es papel mojado, como el trabajo, la negociación colectiva, la igualdad de salario, la libertad de reunión, de cátedra, etc., siempre hay algún elemento que pretende dinamitar el argumento de que estamos sufriendo una peligrosa regresión en derechos, argumentando que tus abuelos comían todos de la misma olla, con cuchara de madera y que ahora todos (lo que también es una falacia) comemos en nuestro plato y con nuestros cubiertos. Porque el progreso no está en las excepciones sino, en la generalidad. Tecnológicamente hemos avanzado y también en las condiciones de vida, eso es innegable, pero cuando uno de cada cuatro niños son pobres y en uno de cada cinco hogares no se llega a fin de mes y de los que llegan más de la mitad no pueden asumir un gasto extra como que se rompa la lavadora o poner la calefacción en invierno, la realidad te abofetea y te demuestra que lo estamos haciendo mal y que la sociedad sigue teniendo los mismos problemas que hace un siglo. Cuando seguimos teniendo que luchar porque se respete la jornada laboral, porque se respeten los derechos de los trabajadores como las vacaciones, cuando volvemos a tener que trabajar sábados y domingos, cuando tenemos que volver a pasar hambre porque los salarios son de miseria, parece evidente que la sociedad está dando marcha atrás a pasos agigantados. Sobre todo si retrocedemos la mirada a treinta y cinco años atrás.

Los privilegiados no son los que tienen la suerte de cobrar a fin de mes, de tener trabajo o de poder dar de comer a sus hijos al menos tres comidas todos los días. Los privilegiados son los que llevan  “okupando” un despacho de bancos y eléctricas instalado en el ministerio de turno desde hace cuarenta años (lo llaman puertas giratorias, pero en realidad no lo son porque trabajan desde siempre para aquellos que luego acaban sacando a la luz su puesto en el Consejo de Administración del banco o la eléctrica). Los que reciben mucho más de lo que aportan. Los que llevan toda su vida trabajando en política para empeorar la vida de sus congéneres, haciendo que, contrariamente al artículo 31.1 “Todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica mediante un sistema tributario justo inspirado en los principios de igualdad y progresividad que, en ningún caso, tendrá alcance confiscatorio”, pague más quien menos tiene a través de los impuestos indirectos, reduciendo los impuestos directos a la clase privilegiada al máximo y llegando a embargar ilegalmente, pensiones de 500 euros para pagar un aval bancario.

Los privilegiados son toda esa clase cortesana que siempre ha pululado en exceso en España que son capaces de adular hasta el vómito si con ello sacan tajada. Los mismos que frivolizan actitudes de presunta corrupción tan graves que llevarían a cualquier otro a ser residente permanente de Soto del Real, no porque crean que los delitos no tienen gravedad, sino porque en salvaguardar la monarquía, está la supervivencia de su propia economía.

España es un país dónde los impuestos, desde tres décadas atrás, no se dedican, como dice el artículo 103.1 “La Administración Pública sirve con objetividad los intereses generales” o el 128.1 “Toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general” o el 128.2 “Se reconoce la iniciativa pública en la actividad económica”, al interés general y a salvaguardar los servicios públicos, sino a obras faraónicas, en la mayor parte de los casos innecesarias o planteadas con aspectos fundamentalistas del régimen anterior (todo parte desde Madrid) olvidando ejes económicos importantes para la economía del país como el corredor Mediterráneo o el eje oeste – este (Galicia – Castilla – Aragón – Valencia) con sus ramales astures, cántabros y euskaldunes. Madrid, como decía el presidente valenciano Ximo Puig es una aspiradora de recursos y un elemento vaciador de la España interior. Y lo es, no porque Madrid sea más chula que nadie, sino por el modelo político que durante los últimos 25 años ha estado horadando el estado de derecho,  piedra a piedra, cama a cama la sanidad, la educación y hasta el servicio de aguas para convertirlo en el negocio de unos pocos que, como hemos visto en los casos del Canal, Lezo, Púnica o Gürtel, “ayudaban” al partido en su financiación y daban presuntamente generosas comisiones (entre el 2 y el 3%). Un modelo político basado en arruinar lo público para que los afines obtengan beneficios ingentes trasladando el servicio público a la prestación desde lo privado que se financia a través de los impuestos que aportamos todos aquellos que no tenemos cuentas en Suiza, en paraísos fiscales o en variopintos fondos para evadir impuestos como las Of-shore.

España padece un sistema podrido hasta el tuétano dónde la libertad de cátedra o la libertad creadora es limitada por la ideología religiosa, la libertad de prensa, por la cantidad de capital invertido en el medio y la de expresión por los jueces afinadores.

Recordemos a Sampedro: primero pensar sobre el entorno y después discernir y nunca al revés.

La publicidad, la reiteración de las mentiras y la manipulación informativa no hace que la realidad sea mejor. Solo te hace tener un punto de vista acorde con sus intereses.

Salud, feminismo, república y mas escuelas laicas y públicas.

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3 Comentarios

  1. Pues ya ve como son las cosas. Si abriéramos las fronteras decenas de millones de personas de África, Asia y América, sin pestañear se vendrían mañana a vivir a este país tan miserable. Y con las fronteras cerradas miles se juegan la vida por llegar a este país que usted tanto denigra y desprecia.

    Si lo que usted escribe, cayera en manos de alguno de los que vienen en las pateras y lo leyera durante el viaje, seguro que se dan la vuelta.

    Un poco de respeto a los lectores, y un poco de equidad señor Ausín. España no es Suecia o Dinamarca, pero tampoco se parece al país que usted describe. Si fuera tal como usted lo pinta las pateras irían en dirección contraria.

    • El problema de su comentario es que lo empieza con una falacia, haciendo creer al personal en África están mejor que en España, y por eso huyen de allí, para venir aquí. Porque están mejor, claro.

      Seguramente, ellos ven a España como un retiro dorado -precisamente- por la cantidad de realidad distópica que venden los mass media y clase política de este miserable Reino. Sin olvidarme, es España, entre otros, los que tienen a África en la miseria con sus políticas extactivistas, y geoestratégicas, en dicho continente. Seguramente, usted, esté metiendo en pateras a muchos de esos africanos cada vez que ejerce su voto. Seguro.

      Pero a los ojos del buen ciudadano, el responsable y cívico, España es simplemente un país de catetos y sinverguenzas que han desarrollado un Estado -y sociedad- fallida. Donde sus códigos epistemológicos, escatológicos, éticos y democráticos fenecen por sí mismos con el paso del tiempo, inmisericorde, con tanta desverguenza católica, romana y apostólica. Fariseos. Y como tales serán sacados a latigazo limpio del Templo. Uno, que es de tierra Santa, pero no bobo.

      Claro España, no es África, y es un país «desarrollado». Por eso mismo, los ciudadanos cívicos aspiramos a mucho más. A progresar, evolucionar y desarrollar una sociedad con garantías. Y no una sociedad donde los corruptos sean votados constantemente por un votante vasallo y abonado a la corrupción, carente de cualquer crítica, cegado por la Bandera -fascista- de España. Y no es una bandera cualquiera, es de las más miserables, como su sociedad, de las que circulan por Europa. Así, también nos tratan, desde allí, como pordioseros, incultos y enajenados mentales al servicio de la miseria.

      Podría seguir. Pero para qué. Hay un partido corrupto en el Parlamento Español, ilegal, llamado PP. Hay otro partido corrupto, el PSOE, en el Gobierno, ilegal. Hay un partido fascista en el Congreso (además del PP) fuera de todo orden constitucional bajo unos estándares europeos, llamado VOX, ilegal. Hay un Ejército usurpado al pueblo español, rebelde, sujeto a la Jefatura de un Estado corrupta, huida, alejada de cualquier función de arbitraje ético y cívico. Ilegal.

      Hay unos sindicatos, y PCE, besando zapatos y culos de empresarios y políticos fascistas desde la transición. Hay una prensa de propaganda a la altura de la de Goebbels, del cuál, muchos directores de prensa española tomaron buena nota, de aquélla, y hoy.

      Y qué le voy a contar de la Santa madre Iglesia Católica al servicio del Diablo, es decir, del dinero o la lujuria, o demás pecados capitales. Sin límite.

      «Pan y circo», vende usted -como otros- en su comentario para mantener a España en la Edad Media, advirtiéndonos, a los demás, España es «un gran país» por eso vienen en pateras desde África.

      El problema de su absurdo, y decimonónico, comentario es que en África, sí hay leones pero no hay pan.

      Y usted, entre otros, es participe de tal situación como un buen ciudadano incívico.

      Un saúdo.

  2. No lo podría haber descrito mejor
    Suelo contestar a todos mis lectores, salvo que siempre dejen el mismo comentario que es el caso de Ortiz.

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