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Pedro Sánchez ya es España

La ministra portavoz, Isabel Rodríguez, ha indicado que el gasto militar no se negociará con Podemos porque es un compromiso de país. No, es un compromiso unilateral de Pedro Sánchez. Por lo tanto, en la parte socialista del gobierno, además de en la «yihad sanchista», ya elevan a Sánchez a la categoría de España

José Antonio Gómez
José Antonio Gómez
Director de Diario16. Escritor y analista político. Autor de los ensayos políticos "Gobernar es repartir dolor", "Regeneración", "El líder que marchitó a la Rosa", "IRPH: Operación de Estado" y de las novelas "Josaphat" y "El futuro nos espera".
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análisis

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Los líderes autoritarios suelen asumir que en ellos se personifica el país. Lo vimos con los líderes soviéticos desde Stalin, con los reyes absolutistas o con Francisco Franco quien, además, se autodenominaba Caudillo de España por la gracia de Dios, título que los palmeros del régimen no se quitaban de la boca.

Pedro Sánchez, en otro nivel, está alcanzando ya esos límites y no es porque él lo haya dicho públicamente, que no lo ha hecho, sino porque los ministros y ministras de la parte socialista del gobierno sí que lo están dando a entender.

El último ejemplo de ello lo protagonizó Ángeles Rodríguez, portavoz del Gobierno y ministra de Política Territorial, quien no dudó en afirmar en RTVE que todo lo referido con el incremento del gasto militar no iba a ser negociado con Unidas Podemos porque se trata de un compromiso de país.

En realidad, el compromiso de incrementar el presupuesto de Defensa fue de Pedro Sánchez con la OTAN, un acuerdo que no fue consensuado ni con los representantes políticos del pueblo (Congreso de los Diputados) ni con los socios de gobierno. Por tanto, si los compromisos que alcanza el presidente de manera unilateral lo son también de país, eso quiere decir que Pedro Sánchez ya es España.

La realidad en España es que cada vez son más habituales que las decisiones unilaterales de Pedro Sánchez se conviertan en compromisos de país, todo ello sin informar a los representantes del pueblo ni ser tratado con los socios de gobierno. Todo un ejemplo del autoritarismo sanchista.

El ejemplo del giro en las relaciones con Marruecos y las graves consecuencias que ello está teniendo para las pequeñas y medianas empresas españolas por las represalias de Argelia. Eso fue otro ejemplo de toma de decisiones de manera unilateral que no se corresponde con las formas de un presidente democrático. Tal vez, eso se hizo como se hizo porque Pedro Sánchez ya es España y no tiene que consultar ni consensuar la política exterior con nadie. Al menos, el presidente obtuvo su objetivo y se pudo hacer muchas fotos con Joe Biden.  

Sánchez, el mejor aliado de las élites

Ese autoritarismo, ese convertirse en España, lleva a que se adopten decisiones tan incoherentes como la anunciada por la ministra María Jesús Montero de que no se va a ejecutar la reforma fiscal que grave a las grandes fortunas y las grandes empresas. Ni negociar ni nada con su socio. Así, no se hace y no se hace porque España, perdón, Pedro Sánchez así lo ha decidido.

Noam Chomski dijo en una ocasión que «las empresas son, simplemente, tan totalitarias como el bolchevismo o el fascismo. Poseen las mismas raíces intelectuales de principios del siglo XX. Por ello, al igual que otras formas de totalitarismo tuvieron que desaparecer, lo mismo tiene que ocurrir con las tiranías privadas».

El lingüista, filósofo y ensayista norteamericano se refiere, principalmente, a la tiranía de las grandes corporaciones que están controlando el mundo y, lo que es peor, a los gobiernos democráticos. No aplicar esa reforma fiscal no es más que una imposición de esas dictaduras privadas con la amenaza de retirar su negocio de España si se tocan los bajos impuestos que ya pagan.

Así controlan a los gobiernos, con amenazas, jugando con el empleo de los ciudadanos como si fuera una partida de ajedrez, sin importarle las consecuencias sociales que pueden desencadenar las decisiones que se toman en despachos por personas que viven alejadas de la realidad.

La reforma fiscal para que los ricos y las grandes empresas paguen los impuestos que les corresponde, sin ningún tipo de condonación, exención o rebaja es un mantra que un presidente de izquierdas debería llevar a efecto sin ningún tipo de consideración.

Sin embargo, a Sánchez le han hecho ver que los intereses de las grandes empresas son los de España y, en consecuencia, según la visión de algunos miembros de su gobierno, también son los suyos. No en vano, en el mes de enero de 2019, antes de las elecciones generales de abril de ese año, el entonces jefe de gabinete de Pedro Sánchez, Iván Redondo, se reunió con una veintena de representantes de las grandes empresas del Ibex, una reunión que no tenía más objetivo que tranquilizar a esas grandes corporaciones ante los temores de que el presidente iniciara políticas realmente de izquierdas o que buscaran la justicia social.

Diario16, tras conocer este encuentro, preguntó a Moncloa sin obtener respuesta sobre el contenido del mismo o si el propio Pedro Sánchez acudió a la reunión.

Evidentemente, de aquellos barros estos lodos y, haciendo un seguimiento de las medidas adoptadas por Pedro Sánchez, incluso después de la coalición, no han afectado a los intereses ni de las grandes fortunas ni de las grandes empresas. Por algo será.

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