La bandera española representa a todos los españoles, es de todos los españoles. Como la bandera de Canadá es de todo los canadienses y para todos los canadienses. Quizá usar la bandera canadiense para unir a toda la población sea más fácil: es una hoja de arce.

Aquí es algo más complicado porque hay una parte de la población que se considera propietaria de la bandera y la utiliza y luce para despreciar a otra parte de la población. Si yo fuera de prohibir diría que semejante uso debería estar prohibido. Pero como no soy de prohibir no lo digo.

Sí digo que todos deberíamos usar la bandera como nos diese la gana, y preferiblemente sin molestar a nadie.

Si yo fuese Iván Redondo, el hombre que piensa, aconsejaría a Pedro Sánchez y Pablo Iglesias y el resto de la alegre cuadrilla que utilizasen banderas españolas cada vez que tuviesen ocasión, que cuando alguien intentase ofenderles con el uso incívico de la bandera le aplaudiesen y abrazasen: si tú llevas la bandera me llevas a mí y defiendes mis ideas como yo defiendo las tuyas.

Las banderas deberían unir, no dividir. Si dividen a mí no me sirven y despiertan mi tristeza. Todos somos iguales, seres humanos, ninguno somos ni dioses ni demonios, como muy bien comprende el Tao.

He escrito este texto como si fuese una redacción del cole, para que pueda entenderlo cualquiera. Porque -aunque apenas me gusta el fútbol- era chulísimo ver a todos los españoles coreando felices alrededor de la misma bandera cuando ganamos el mundial.

Tigre tigre.

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