Foto: Flickr Moncloa

Dice el adagio popular que «la prudencia es la madre de la ciencia» y William Shakespeare afirmaba que «el hombre cauto jamás deplora el mal presente; emplea el presente en prevenir las aflicciones futuras». La gestión de la crisis del Covid19 por parte de Pedro Sánchez y el gobierno que lidera está basada, fundamentalmente, en dos aspectos: la prudencia y seguir las pautas marcadas por los expertos científicos porque, al fin y al cabo, ninguno de los ministros y ministras ni del vicepresidente ni las vicepresidentas son epidemiólogos.

Pedro Sánchez está siendo prudente respecto a la hora del mantenimiento de las medidas adoptadas, esas sí, con valentía, y que han llevado a tener en confinamiento a la ciudadanía hasta, al menos, el próximo 10 de mayo. De la sensación de que el Ejecutivo ha leído a Baltasar Gracián cuando afirmaba que «es cordura provechosa ahorrarse disgustos. La prudencia evita muchos». Eso es lo que el mantenimiento de estas medidas y la desescalada lenta que propicia el gobierno legítimo de coalición progresista está haciendo: ahorrarse disgustos, evitar contagios para salvar vidas.

El pasado martes, el líder de la oposición, Pablo Casado, hizo una demostración de lo que un político no debe hacer jamás en una crisis global como la que se está viviendo: instar al presidente Sánchez a cometer errores que, evidentemente, luego sería utilizados como arma de destrucción para aumentar la desafección, aunque esa desafección venga precedida de la utilización de mentiras o de la apropiación política de los muertos. 

Por el contrario, Sánchez está siendo prudente con el riesgo de cometer errores que luego tienen que ser corregidos. En este caso, los fallos que está teniendo el gobierno son más de comunicación que de efectividad de las medidas, lo que debería a los responsables y asesores de la misma a tener mucha prudencia en el cómo se comunican las medidas adoptadas por el Consejo de Ministros y, por supuesto, éste deberá estudiar muy a fondo el impacto de esas medidas. El último ejemplo lo tuvimos en la desescalada de las medidas para los menores: por la mañana la ministra portavoz, María Jesús Montero, afirmó que los niños y niñas sólo podrían salir de casa a realizar compras a supermercados o farmacias y, unas horas más tarde, el ministro de Sanidad, Salvador Illa, tuvo que rectificar a su propia compañera de Gabinete. ¿Hay mala fe en este error? No. ¿Hay errores de comunicación? Sí. ¿Por qué se producen esos errores? Principalmente, por prudencia.

Sin embargo, Sánchez está siendo muy valiente en sus contactos con la Unión Europea para lograr que España reciba los fondos europeos que le corresponderían al país para la reconstrucción económica y, sobre todo, social tras la pandemia. El presidente ha dejado de lado la pasividad y la sumisión de los anteriores gobiernos ante la UE para pasar al ataque en la defensa de los intereses de la ciudadanía, de las pequeñas y medianas empresas, de los autónomos, de los sectores empresariales más afectados por la paralización de la economía y, sobre todo, de todos los hombres y todas las mujeres que habitan en este país. Todo ello para que nadie se quede atrás, para que nadie se convierta en una víctima por una situación sobrevenida de la que no tiene ninguna responsabilidad. Es decir, Pedro Sánchez está mostrando valentía ante Europa para no se vuelvan a repetir las terribles experiencias del pasado.

Esa valentía se ha visto en los pequeños avances de la cumbre de jefes de Estado y de gobierno celebrada en el día de ayer. Europa ha dado ya un paso en la dirección marcada por la propuesta del presidente del gobierno español, al apoyar el Consejo la creación de un fondo para ayudar a los países a los que más duro ha golpeado el Covid19. Ahora le tocará luchar por conseguir que esos fondos se reciban a través de una transferencia, no de un préstamo. España ya conoce las consecuencias de los créditos con «condiciones ventajosas» de la UE.

Por tanto, prudencia interior, para salvar vidas y valentía en la UE, para salvar al pueblo.

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