Pedro Sánchez ha condenado a través de su cuenta de Twitter los nuevos disturbios en Barcelona y los ha calificado de «inaceptables los actos de vandalismo y violencia que está sufriendo esta noche Barcelona».

El encarcelamiento del rapero Pablo Hasél ya no justifica la ola de violencia callejera sino que son muchos los movimientos que están aprovechando esta situación para generar escenarios en los que la reivindicación o la protesta inicial ha quedado en un segundo plano. Por cierto, es paradigmático que los manifestantes que se autodenominan anticapitalistas pongan su objetivo en saquear las tiendas de Apple o de otras grandes multinacionales.

Por otro lado, el presidente del Gobierno ha querido dar «Todo nuestro apoyo a la Guardia Urbana, Mossos y agentes de Policía».

En los disturbios de la pasada noche, además, el nivel de violencia ha dado un paso más, puesto que se llegó a prender fuego a una furgoneta de la Guardia Urbana con los agentes en su interior que, por suerte, pudieron salir indemnes. Aquí ya entramos en una nueva dimensión, puesto que esta acción puede ser calificada como un presunto homicidio en grado de tentativa.

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