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Pedro Sánchez ahora tiene prisa para rendir cuentas ante el pueblo, tras 4 años escondido

El presidente del Gobierno quiere aprovechar la popularidad que él cree que ha logrado con la Cumbre de la OTAN para convocar el Debate del Estado de la Nación tras 4 años en los que se ha escondido de los españoles

José Antonio Gómez
José Antonio Gómez
Director de Diario16. Escritor y analista político. Autor de los ensayos políticos "Gobernar es repartir dolor", "Regeneración", "El líder que marchitó a la Rosa", "IRPH: Operación de Estado" y de las novelas "Josaphat" y "El futuro nos espera".
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análisis

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Pedro Sánchez ha tardado más de 4 años en dignarse a rendir cuentas ante el pueblo español. Desde junio de 2018 en que fue investido presidente del Gobierno tras la moción de censura, Sánchez ha evitado dar la cara y se ha mantenido escondido. Sabe que no ha cumplido con sus promesas, sabe que ha decepcionado tanto a sus votantes como a los ciudadanos que pensaron que iba a llegar a la Moncloa para cambiar el sistema.

Un presidente democrático no puede esconderse durante cuatro años ante quien posee la soberanía nacional. Sin embargo, Pedro Sánchez lo ha hecho y desde junio de 2018 no había convocadoel debate sobre el estado de la nación, por más que desde la oposición se le esté reclamando.

Es cierto que este debate no está recogido en la Constitución, sin embargo, es una práctica parlamentaria instituida desde el año 1983 y que se ha celebrado ya en 25 ocasiones. Todos los presidentes desde esa fecha (Felipe González, en 10 ocasiones; José María Aznar, en 6 ocasiones; José Luis Rodríguez Zapatero, en 6 ocasiones; Mariano Rajoy, en 3 ocasiones) han rendido cuentas al pueblo español de su gestión. Todos los presidentes comparecieron al año siguiente de ser investidos. Sin embargo, Sánchez se ha mantenido oculto, tal vez porque su gestión en todos los aspectos es tan discutible que no tiene defensa posible para presentar un escenario positivo.

Sólo en los regímenes autoritarios el gobernante no se somete al escrutinio de los gobernados y Sánchez sabe mucho de autoritarismo, tal y como se pudo comprobar en su última remodelación de gobierno en la que hizo desaparecer del gabinete a todo aquel que le dijo la verdad o que le demostró que se estaba equivocando.

Prisas tras la Cumbre de la OTAN

Pedro Sánchez piensa que, tras la Cumbre de la OTAN, ha aumentado su popularidad y que la ciudadanía le comprará las cifras manipuladas que presentaría para justificar su gestión. El presidente español ya piensa que el mundo que ha vivido en la Cumbre es el reflejo de la realidad de la ciudadanía. Tal vez, eso es lo que le están haciendo creer los asesores de Presidencia, y, por eso, España tiene a un presidente con un síndrome del «rey desnudo» galopante.

Después de más de 4 años oculto y sin querer dar la cara, ahora Sánchez tiene prisa y quiere que el Debate sobre el Estado de la Nación se celebre entre el 12 y el 14 de julio, es decir, dentro de 10 días y con una parte de la ciudadanía de vacaciones. Las fechas las ha confirmado el ministro de Presidencia, Félix Bolaños.

Muchas explicaciones

Un presidente del Gobierno tiene que estar a las duras y a las maduras y si su gestión no ha sido positiva, como no lo está siendo, para el pueblo, está obligado a dar la cara y rendir cuentas, independientemente de que el resultado haya sido debido a las circunstancias sobrevenidas, a los intereses personales, al incumplimiento de su programa o a la incoherencia ideológica de su acción de gobierno.

Sánchez está obligado a rendir cuentas y a enfrentarse al escrutinio de la oposición. No sirve de excusa que comparezca todas las semanas en las sesiones de control, en los diferentes plenos parlamentarios o que haya realizado comparecencias oficiales desde su atril del Palacio de la Moncloa. Eso no es rendir cuentas. El lugar para hacerlo es el Congreso en el Debate sobre el Estado de la Nación.

La oposición tiene razón cuando lleva años reclamando a Sánchez que lo convocara cuanto antes, no tanto porque España esté peor o mejor que en junio de 2018, como afirma el PP, sino porque el presidente tiene que explicar a la ciudadanía española la razón por la que está incumpliendo reiteradamente aspectos clave del contrato que firmó con los españoles en las elecciones generales como la derogación de la reforma laboral, la reforma fiscal para que los que más tienen paguen lo que les corresponde, la reforma integral de la Justicia, las políticas de vivienda más justas o la adecuación del salario mínimo.

Sánchez tiene que explicar al pueblo por qué sigue manteniendo a la Abogacía del Estado para defender a los bancos en los casos que se dirimen en Europa sobre cláusulas abusivas, el IRPH o el Caso Banco Popular.

Sánchez tiene que explicar si tiene sellado algún pacto secreto con las empresas del IBEX35 para que éstas no se conviertan en la oposición más dura y se pongan a su lado, por más que tenga choques con las empresas energéticas. Un socialista jamás se uniría a las élites empresariales, económicas y financieras en contra de los intereses del pueblo que, evidentemente, son opuestos a los de los poderosos, salvo que ya haya cogido el camino de sus dos compañeros de la «Cumbre de las Camisas Blancas»: Manel Valls, que creó el socialismo pragmático y el socioliberalismo que no son otra cosa que ser neoliberal bajo las siglas de un partido socialista, y Matteo Renzi, quien no dudó en hacer caer un gobierno de izquierdas para darle el poder a Mario Draghi, un banquero de Goldman Sachs.

Pedro Sánchez tiene mucho que explicar al pueblo. Tal vez haya esperado al maná que llega de Europa para intentar dar una visión más positiva de la realidad del país. No obstante, tiene muy pocos puntos favorables que ponderar de su gestión.

Todas las medidas que desde el conciliábulo monclovita o ferrazita se quieren elevar a éxitos se han quedado lo suficientemente cortos como para que las élites no se sientan amenazadas, por más que no cubran las necesidades reales del pueblo.

La reforma laboral fue calificada por los sindicatos que siguen manteniendo su espíritu de clase, que evidentemente no son los mayoritarios, como una tomadura de pelo a la clase trabajadora. Las medidas anticrisis aprobadas el pasado sábado se han quedado cortas y no están frenando la inflación. No se están aplicando políticas de izquierdas en materia fiscal ni en lo referente al blindaje de derechos constitucionales. Sin embargo, y a pesar de esto, los ricos siguen aumentando su riqueza, las multinacionales siguen sin pagar los impuestos que les corresponden en España, las cifras del paro (por más que se estén firmando muchos contratos indefinidos) siguen mostrando una precariedad laboral que desde el gobierno se pretende tapar con las cifras brutas de creación de empleo. Los salarios están en peores niveles que antes de 2018 a pesar de la subida del salario mínimo. Las víctimas de los abusos de la banca siguen sin contar con el amparo del Ejecutivo de Pedro Sánchez. Y así un largo etcétera.

El único éxito real del que puede presumir Sánchez es el de la campaña de vacunación, un éxito que no es suyo sino de la Unión Europea que puso los fondos para la compra centralizada de las vacunas.

Por esta razón, Sánchez no quiere acudir al Congreso porque no tiene nada positivo que ofrecer al pueblo más que las palabras y la propaganda monclovita. Y así nos va y sólo se podrá revertir la situación cuando Sánchez decida dimitir e irse a cumplir con sus sueños internacionales.  

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