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Pedro Sánchez, abducido por Franco

Domingo Sanz
Nacido 1951, Madrid. Casado. Dos hijos y tres nietos. Cursando el antiguo Preu, asesinato de Enrique Ruano y la canción de Maria del Mar Bonet. Ciencias Políticas. Cárcel y todo eso, 1970-71. Licenciado en 1973 y de la mili en 1975. Director comercial empresa privada industrial hasta de 1975 a 1979. Traslado a Mallorca. de 1980 a 1996 gerente y finanzas en CC.OO. de Baleares. De 1996 hasta 2016, gerente empresa propia de informática educativa: pipoclub.com Actualmente jubilado pero implicado, escribiendo desde verano de 2015.
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análisis

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Tenía que ocurrir. Abusas de algo, incluso aunque sea para exhumarlo, y terminas por contagiarte. “Quien juega con fuego…”.

Franco, “por la gracia de dios”, se colocó por encima del bien y del mal para que nadie pudiera llevarlo ante un tribunal terrenal. Y lo consiguió. Es decir, era alguien “inviolable y no sujeto a responsabilidad”, tal como está escrito en el artículo 56.3 de la Constitución, aunque quizás ese papel no esté hablando de Franco. No es extraño que muchos, y no solo franquistas, declaren ahora que esta monarquía que tenemos, tan parlamentaria y democrática de la que tanto presumen algunos, es lo que siempre quiso Franco para nosotros. Bueno, antes tenía que diezmarnos porque no éramos perfectos.

Y hablando de responsabilidades, por poner un ejemplo, a nadie se le hubiera ocurrido culpar a Franco de apretar el botón detonador que hizo estallar la bomba que acabó con Carrero. En cambio, Franco culpaba de todo al “enemigo exterior”. Él nunca tuvo la culpa de nada.

Pero cuatro décadas después de la muerte de aquel inviolable, otro más, y no ha sido el último, Sánchez nos sorprende hoy con la siguiente ocurrencia: «El que aplica el 155 es el independentismo. Son ellos quienes tienen la responsabilidad de no obligar al Estado a aplicarlo. Son ellos quienes tienen el botón».

Tanto tiempo pensando en Franco para terminar afirmando que serán las víctimas quienes aprieten el botón que solo maneja él, el que tiene previsto para hacerles daño. Quien juega con fuego y no sabe apagarlo, se quema. Y quien juega con Franco se endiosa, si antes no consigue matarlo.

Quizás lo que le está ocurriendo no sea privativo del propio Sánchez. Podría tratarse de un síndrome de La Moncloa, tan cerquita de El Pardo. Pero esta vez, muchos de los que desean el regreso al poder de otro inviolable, y también irresponsable de sus actos, se sentirán más tentados que nunca por la papeleta del PSOE.

Miento, no más que nunca, sí como cuando Felipe González. Pero quizás el tiempo ha pasado.

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2 Comentarios

  1. Artículo publicado por el historiador Xavier Diez el 9 de enero de 2014 en el diario El Punt Avui. Traducción de Google y un servidor. Título: «El PSOE, el partido eunuco».
    https://blocs.mesvilaweb.cat/xavierdiez/?p=257410
    «La revista de pensamiento político más prestigiosa de la disidencia española fue Cuadernos Ruedo Ibérico. En ella, jóvenes intelectuales exiliados de procedencia plural analizaban con rigor la España franquista y sobresalían en la denuncia contra la cleptocracia de su política económica: hegemonía de la gran banca y monopolios estatales en los que las élites aristocráticas de siempre compartían control con núcleos de poder franquista. La presencia de apellidos que hoy también encontraríamos en los consejos de administración de los círculos de poder era considerada la principal hipoteca a la hora de iniciar el viaje hacia la Transición democrática. Sin embargo, muchos de los articulistas de entonces llegarían a negociar, desde sus ministerios en los ochenta y noventa, el mantenimiento y ampliación de los privilegios de sus perseguidores. Algunos de estos ex colaboradores de Ruedo también se han acabado sentando en algunos de sus denunciados consejos de administración de la cleptocracia española. Que uno de los principios de la Transición fue la cooptación de la oposición lo demuestra una anécdota relevante. Joaquín Leguina, uno de los habituales de Cuadernos, hizo una especie de opa hostil a la revista. Una vez iniciado el proceso de reforma política español propuso la integración dentro del PSOE refundado a Suresnes. Parte de los colaboradores aceptaron y tuvieron trayectorias políticas y académicas brillantes. Los renuentes, al contrario, recibieron a menudo el tratamiento típico de los disidentes a las dictaduras: marginación, silenciamiento, dificultades profesionales … Entre dificultades financieras, Ruedo Ibérico plegó, y su director, Pepe Martínez, pasó graves dificultades económicas hasta que apareció muerto, en su piso de Madrid, el día del referéndum de la OTAN.
    La operación del PSOE para dinamitar una revista y editorial independientes utilizando hábiles maniobras no había sido la primera ni la última operación para neutralizar el peligro potencial del mayoritario sentimiento de izquierdas. Desde su fundación, ha experimentado la paradoja de ser perseguido por el poder establecido y al mismo tiempo haber colaborado [con el poder] con una eficacia superior a la de sus rivales conservadores. La añadidura [de la transacción] ha consistido en traicionar reiteradamente sus principios ideológicos y las aspiraciones políticas y sociales de sus bases. Se puede hacer una larga enumeración de ejemplos; planta la CNT en todas y cada una de sus huelgas generales revolucionarias; se integra en la dictadura de Primo de Rivera para diseñar políticas laborales que la patronal nunca aplica; participa en el gobierno de la República en la represión contra la clase obrera mayoritariamente libertaria; frena la revolución social durante la guerra actuando al servicio de la clase empresarial, y, en una extraña alianza, con los dictados del reaccionarismo estalinista, … y más recientemente, al llegar al poder con la democracia, establece una serie de políticas neoliberales (privatizaciones , reconversiones industriales, reformas exprés de la Constitución, contrarreformas laborales, …) que combina con un nacionalismo español uniformador, en el que pasa de la defensa explícita de la autodeterminación a impulsar firmas «contra los catalanes», junto al PP.
    Más allá de buscar razones circunstanciales, haríamos bien si describiéramos su comportamiento desde una perspectiva profunda. Resulta tentador hacer una comparación con la China imperial. A lo largo de la dinastía Ming, era habitual destruir poblaciones enteras de los pueblos conquistados y matar a su población, salvo los niños. A buena parte de estos se les castraba y se les convertía en esclavos del estado. La desubicación cultural y educación en el seno del imperio les confería la condición de leales y eficaces servidores del estado, especialmente en la expansión de las fronteras y la explotación de los pueblos conquistados. En el mundo socialista, buena parte proveniente de clases subalternas y ajenas a las altas esferas del poder, son las que acaban aplicando los mandatos del poder real de las castas extractivas, con una retórica de defensa de la unidad, del orden y la estado mediante retórica progresista y contradicción entre palabras y hechos. Haría bien el PSC, proveniente de una tradición catalanista y popular diferentes, saber que nada bueno se puede esperar de los castrados imperiales, que buscan la esterilidad de la nación catalana».
    ——————————————————————————————-
    Artículo publicado por Jordi Galves el 3 de noviembre de 2018 en el digital elnacional.cat.
    Traducción del propio digital, con leves correciones mías. Título: «Una gente estupenda»
    https://www.elnacional.cat/es/opinion/gente-estupenda_320598_102.html

    «Parece ser que sí, que el PSOE es mejor que la derecha, que un Gobierno del PP, que cuando los socialistas gobiernan todo es mucho mejor, porque entonces atamos los perros con longanizas. Recuerdo una vez que fui invitado al Ateneu Barcelonès, cuando el presidente era Oriol Bohigas, insigne prócer del PSC. En la reunión había todo tipo de gente, pero de manera notoria, muchas personalidades vinculadas con el Partit dels Socialistes de Catalunya. Se quejaban muy mucho de la situación política y tuve la posibilidad de darme cuenta, para mí mismo, que no sólo la presidencia de la benemérita institución estaba en manos del PSC. En aquella época el alcalde de Barcelona era, creo, Jordi Hereu, socialista, la presidencia de la Generalitat estaba ocupada por José Montilla, socialista, y la presidencia del Gobierno español estaba encabezada por José Luis Rodríguez Zapatero, del PSOE. Como las críticas sobre la situación política no se amortiguaban, como la crítica a la situación general no era satisfactoria para ninguno de mis interlocutores, les dije con aplomo: “no se preocupen, el día que gobiernen los socialistas todo esto se arreglará”.
    Reconozco que tengo una especial animadversión por los socialistas. Ningún partido político ha generado tantas esperanzas, tantas opiniones positivas, ningún partido ha derrochado tanto capital político como ellos. El PSC y su hermano mayor, y también su dueño y señor, el PSOE, poseen una fabulosa capacidad para generar ilusiones y, lógicamente, para decepcionar a los electores. Los socialistas tienen la mejor maquinaria de propaganda en España, desde los tiempos de Felipe González, pero en realidad nunca han estado a la altura de la ambición transformadora que generan y proclaman. Cuando se habla de frustración para desacreditar la propuesta política regeneracionista de los independentistas olvidan el caso de los socialistas, los políticos que habían anunciado el advenimiento de la fraternidad interterritorial gracias al federalismo, los que habían de redistribuir la riqueza para cohesionar la sociedad, los que habían de modernizar España y conseguir que se convirtiera en uno de los primeros países del mundo. Los socialistas son probablemente los que tienen las mejores ideas y, al mismo tiempo, las peores acciones, los que hacen arranques de caballo y paradas de burro, los que han gestionado peor el gran capital político de la esperanza española por mejorar. En este sentido, no hay que decir que a la hora de la verdad se han convertido en una simple muleta de la ultraderecha españolista, colaboradores necesarios del autoritarismo y del fomento de las desigualdades promovidos por el PP. Los que hoy se sorprenden de las peticiones de condenas de la abogacía del Estado, de 25 a 10 años para los presos políticos, no quieren saber qué ha representado históricamente el PSOE para la reciente historia de España. Aquellos que se presentaban en las primeras elecciones democráticas como herederos de “cien años de honradez” han continuado viviendo del cinismo y de la arrogancia de los puros, de la falsa superioridad moral de la izquierda. Un socialista, lo decía Josep Pla, piensa que los inviernos deberían ser más cálidos, que los veranos deberían ser más frescos, que la sociedad debería ser más cómoda, más pacífica, más agradable. Ahora bien, no hará nada para lograr una tarea transformadora tan titánica. A la boca le podemos hacer decir cualquier cosa. El problema es lo que hacen o dejan de hacer las manos. Los presos políticos independentistas al menos deberían saber con quien no pueden contar».
    —————————————————————————————————
    Vaclav Havel en el ensayo «El poder de los sin poder» sobre la dictadura comunista:
    «El individuo no está obligado a creer todas estas mistificaciones, pero ha de comportarse com si las creyera o, por lo menos, tiene que soportarlas en silencio o comportarse bien con los que se basan en ellas. Por tanto, está obligado a vivir en la mentira».
    ————————————————————————————————–
    Hasta aquí las citas. Recordará, Domingo, que en su artículo «La noticia de un 24 de septiembre de millones de vidas después» comenté que los espanyoles son «orgullosos siervos franquistas». Lo publiqué un 28 de septiembre y el 2 de octubre se hizo pública la absolución de Francis Franco por el Constitucional. Ante la evidencia, debo reiterar lo dicho: Espanya y los espanyoles tienen propietarios. Feudalismo.
    He incluido, íntegros, dos artículos de autores independentistas para que nadie pueda decir «no se sabía» o «no se había visto venir». La cita de Havel tiene un sentido obvio, que paso a detallar.
    El comunismo soviético afirmaba ser «la democracia real que libera al proletariado del yugo capitalista opresor…». En realidad, era una dictadura sanguinaria en la que no se movía una hoja en lo alto de un árbol sin en el consentimiento del régimen. Cualquier disentimiento estaba rigurosamente prohibido, todo, y «todo» significa todas las instituciones, asociaciones y organizaciones sociales permanecían bajo la férula del régimen. Todo era aparato del régimen. Pero, en cambio, se tildaban y presumían de «democráticos». Allí todo era «democrático», todo, pero todo estaba en manos del régimen comunista y la participación de la ciudadanía era inexistente cuando, en la teoría y en la práctica, la democracia representa justamente lo contrario. Pondré un ejemplo muy ilustrativo. Tan ilustrativo que llega a ser demoledor. Repase y repasen, por favor, los siguientes enlaces:
    https://es.wikipedia.org/wiki/C%C3%A1mara_Popular
    https://es.wikipedia.org/wiki/Uni%C3%B3n_Dem%C3%B3crata_Cristiana_(RDA)
    https://es.wikipedia.org/wiki/Partido_Liberal_Democr%C3%A1tico_de_Alemania

    ¡Caramba, carambita! En el Parlamento de la democratísima República Democrática Alemana había un partido democristiano, CDU, y un partido liberal, LDP. ¡Quién lo diría! ¿Y qué pintaban allí? Nada. Figurar. En 1990 ambas formaciones se integraron en la CDU y el FDP de la Alemania Occidental.
    Una situación bien curiosa: el régimen comunista les obliga a ser democristianos «comunistas» y liberales «comunistas», porque la alternativa era la prisión o la horca, y lo fueron. Se integraron en el «Frente Popular» y durante 40 años fueron orgullosos y felices «democristianos comunistas» y «liberales comunistas». Vivir para ver.
    Si han leido los enlaces y comprendido el párrafo anterior, verán bien claro que la analogia con la Transición espanyola salta a la vista. La Transición no fue otra cosa que incorporar a la vida pública a los «disidentes» con la condición de no cuestionar el legado franquista. La Transición consistió en convertir a los «no franquistas» en «familias del franquismo». A estas alturas de la película es indiscutible que desde entonces no se ha movido una hoja en lo alto de un árbol sin el consentimiento del búnker franquista. Es indiscutible que el PSOE es «falangismo de izquierda», como demuestran las estupideces de Pedro Bello en la CNN.
    https://www.publico.es/politica/sanchez-asegura-cnn-rey-representa-valores-ii-republica-extrema-izquierda.html
    Ahora toca regresar a la cita de Havel, reproduciéndola íntegra:
    «El individuo no está obligado a creer todas estas mistificaciones, pero ha de comportarse com si las creyera o, por lo menos, tiene que soportarlas en silencio o comportarse bien con los que se basan en ellas. Por tanto, está obligado a vivir en la mentira».
    Tal era la situación de los ciudadanos que vivían bajo los regímenes comunistas, y tal es la situación de los ciudadanos espanyoles; están obligados a «vivir en la mentira». Quien todavía no haya descubierto que la justicia, la prensa, las fuerzas de seguridad, la partitocracia, la Iglesia y la economía espanyolas forman parte indiscutible del legado franquista… quien todavía no lo haya descubierto, que acuda al psiquiatra o al oculista. Quien todavía relaciona PSOE con «izquierda», por poner un ejemplo, es evidente que «vive en la mentira».
    ¿Qué han cambiado los de «Por el cambio»? Nada. La Transición fue una operación de maquillaje, muy lograda, para conseguir engañar a Catalunya, a Europa y a los espanyoles. A los catalanes ya no nos engañan y los europeos parece que comienzan a quitarse las legañas. Recuerden los serios ridículos judiciales espanyoles ante las justicias europeas. Y repasen esta noticia…
    https://www.elnacional.cat/es/politica/consejo-europa-creciente-numero-politicos-procesados-espana-turquia_425870_102.html
    A los catalanes y a los europeos ya no nos engañan, pero los espanyoles viven aún «en la mentira». El problema, muy triste, es que viven orgullosos y felices «en la mentira», incapaces de comprender por qué alguien se niega a vivir en ella. Y no solo eso sino que, además, a quienes nos negamos a «vivir en la mentira» nos tildan de «enfermos adoctrinados, abducidos, adoctrinados, nazionalistos».
    Ante este cúmulo de evidencias, me pregunto… aquí… ¿quienes son los «enfermos adoctrinados»?
    Su Espanya, Domingo, está reproduciendo fielmente el final de la República de Weimar. Los espanyoles están deseando que entren los tanques por la Diagonal barcelonesa, pero también están deseando que entren por la Castellana, por la plaza del Obradoiro, por el paseo de Zorrilla, por la plaza del Pilar y por el puente de Triana.
    Están deseando que entren los tanques para defender la democracia franquista, la legalidad franquista y la Constitución franquista, porque Espanya ya es franquista. Lo siento por usted y por el resto de articulistas que todavía escriben y sienten desde otro punto de vista, pero deben reconocer que su Espanya es franquista.
    Lo siento por ustedes porque mi Catalunya tiene una alternativa al franquismo, pero los espanyoles no la tienen. No la tienen porque la rechazan viviendo felices «en la mentira». Su régimen presume de «democracia avanzada», «estado de derecho» y «separación de poderes», cuando en realidad dicho régimen es el logrado y exitoso camuflaje del franquismo. De la misma manera, los espanyoles presumen de «demócratas» cuando en realidad son fieles siervos de la gleba y jamás han hecho ni harán nada que cuestione la escritura de propiedad franquista de su Espanya.
    Aquí el poblema no es el régimen, que dejó de disimular hace tiempo. El problema es la cultura, la nación, la tribu, la sociedad, (como quieren ustedes denominarlo), que sigue orgullosa y fielmente los dictados del «franquismo sin Franco».

  2. Artículo publicado por el historiador Xavier Diez el 9 de enero de 2014 en el diario El Punt Avui. Traducción de Google y un servidor. Título: «El PSOE, el partido eunuco».
    https://blocs.mesvilaweb.cat/xavierdiez/?p=257410
    «La revista de pensamiento político más prestigiosa de la disidencia española fue Cuadernos Ruedo Ibérico. En ella, jóvenes intelectuales exiliados de procedencia plural analizaban con rigor la España franquista y sobresalían en la denuncia contra la cleptocracia de su política económica: hegemonía de la gran banca y monopolios estatales en los que las élites aristocráticas de siempre compartían control con núcleos de poder franquista. La presencia de apellidos que hoy también encontraríamos en los consejos de administración de los círculos de poder era considerada la principal hipoteca a la hora de iniciar el viaje hacia la Transición democrática. Sin embargo, muchos de los articulistas de entonces llegarían a negociar, desde sus ministerios en los ochenta y noventa, el mantenimiento y ampliación de los privilegios de sus perseguidores. Algunos de estos ex colaboradores de Ruedo también se han acabado sentando en algunos de sus denunciados consejos de administración de la cleptocracia española. Que uno de los principios de la Transición fue la cooptación de la oposición lo demuestra una anécdota relevante. Joaquín Leguina, uno de los habituales de Cuadernos, hizo una especie de opa hostil a la revista. Una vez iniciado el proceso de reforma política español propuso la integración dentro del PSOE refundado a Suresnes. Parte de los colaboradores aceptaron y tuvieron trayectorias políticas y académicas brillantes. Los renuentes, al contrario, recibieron a menudo el tratamiento típico de los disidentes a las dictaduras: marginación, silenciamiento, dificultades profesionales … Entre dificultades financieras, Ruedo Ibérico plegó, y su director, Pepe Martínez, pasó graves dificultades económicas hasta que apareció muerto, en su piso de Madrid, el día del referéndum de la OTAN.
    La operación del PSOE para dinamitar una revista y editorial independientes utilizando hábiles maniobras no había sido la primera ni la última operación para neutralizar el peligro potencial del mayoritario sentimiento de izquierdas. Desde su fundación, ha experimentado la paradoja de ser perseguido por el poder establecido y al mismo tiempo haber colaborado [con el poder] con una eficacia superior a la de sus rivales conservadores. La añadidura [de la transacción] ha consistido en traicionar reiteradamente sus principios ideológicos y las aspiraciones políticas y sociales de sus bases. Se puede hacer una larga enumeración de ejemplos; planta la CNT en todas y cada una de sus huelgas generales revolucionarias; se integra en la dictadura de Primo de Rivera para diseñar políticas laborales que la patronal nunca aplica; participa en el gobierno de la República en la represión contra la clase obrera mayoritariamente libertaria; frena la revolución social durante la guerra actuando al servicio de la clase empresarial, y, en una extraña alianza, con los dictados del reaccionarismo estalinista, … y más recientemente, al llegar al poder con la democracia, establece una serie de políticas neoliberales (privatizaciones , reconversiones industriales, reformas exprés de la Constitución, contrarreformas laborales, …) que combina con un nacionalismo español uniformador, en el que pasa de la defensa explícita de la autodeterminación a impulsar firmas «contra los catalanes», junto al PP.
    Más allá de buscar razones circunstanciales, haríamos bien si describiéramos su comportamiento desde una perspectiva profunda. Resulta tentador hacer una comparación con la China imperial. A lo largo de la dinastía Ming, era habitual destruir poblaciones enteras de los pueblos conquistados y matar a su población, salvo los niños. A buena parte de estos se les castraba y se les convertía en esclavos del estado. La desubicación cultural y educación en el seno del imperio les confería la condición de leales y eficaces servidores del estado, especialmente en la expansión de las fronteras y la explotación de los pueblos conquistados. En el mundo socialista, buena parte proveniente de clases subalternas y ajenas a las altas esferas del poder, son las que acaban aplicando los mandatos del poder real de las castas extractivas, con una retórica de defensa de la unidad, del orden y la estado mediante retórica progresista y contradicción entre palabras y hechos. Haría bien el PSC, proveniente de una tradición catalanista y popular diferentes, saber que nada bueno se puede esperar de los castrados imperiales, que buscan la esterilidad de la nación catalana».
    ——————————————————————————————-
    Artículo publicado por Jordi Galves el 3 de noviembre de 2018 en el digital elnacional.cat.
    Traducción del propio digital, con leves correciones mías. Título: «Una gente estupenda»
    https://www.elnacional.cat/es/opinion/gente-estupenda_320598_102.html

    «Parece ser que sí, que el PSOE es mejor que la derecha, que un Gobierno del PP, que cuando los socialistas gobiernan todo es mucho mejor, porque entonces atamos los perros con longanizas. Recuerdo una vez que fui invitado al Ateneu Barcelonès, cuando el presidente era Oriol Bohigas, insigne prócer del PSC. En la reunión había todo tipo de gente, pero de manera notoria, muchas personalidades vinculadas con el Partit dels Socialistes de Catalunya. Se quejaban muy mucho de la situación política y tuve la posibilidad de darme cuenta, para mí mismo, que no sólo la presidencia de la benemérita institución estaba en manos del PSC. En aquella época el alcalde de Barcelona era, creo, Jordi Hereu, socialista, la presidencia de la Generalitat estaba ocupada por José Montilla, socialista, y la presidencia del Gobierno español estaba encabezada por José Luis Rodríguez Zapatero, del PSOE. Como las críticas sobre la situación política no se amortiguaban, como la crítica a la situación general no era satisfactoria para ninguno de mis interlocutores, les dije con aplomo: “no se preocupen, el día que gobiernen los socialistas todo esto se arreglará”.
    Reconozco que tengo una especial animadversión por los socialistas. Ningún partido político ha generado tantas esperanzas, tantas opiniones positivas, ningún partido ha derrochado tanto capital político como ellos. El PSC y su hermano mayor, y también su dueño y señor, el PSOE, poseen una fabulosa capacidad para generar ilusiones y, lógicamente, para decepcionar a los electores. Los socialistas tienen la mejor maquinaria de propaganda en España, desde los tiempos de Felipe González, pero en realidad nunca han estado a la altura de la ambición transformadora que generan y proclaman. Cuando se habla de frustración para desacreditar la propuesta política regeneracionista de los independentistas olvidan el caso de los socialistas, los políticos que habían anunciado el advenimiento de la fraternidad interterritorial gracias al federalismo, los que habían de redistribuir la riqueza para cohesionar la sociedad, los que habían de modernizar España y conseguir que se convirtiera en uno de los primeros países del mundo. Los socialistas son probablemente los que tienen las mejores ideas y, al mismo tiempo, las peores acciones, los que hacen arranques de caballo y paradas de burro, los que han gestionado peor el gran capital político de la esperanza española por mejorar. En este sentido, no hay que decir que a la hora de la verdad se han convertido en una simple muleta de la ultraderecha españolista, colaboradores necesarios del autoritarismo y del fomento de las desigualdades promovidos por el PP. Los que hoy se sorprenden de las peticiones de condenas de la abogacía del Estado, de 25 a 10 años para los presos políticos, no quieren saber qué ha representado históricamente el PSOE para la reciente historia de España. Aquellos que se presentaban en las primeras elecciones democráticas como herederos de “cien años de honradez” han continuado viviendo del cinismo y de la arrogancia de los puros, de la falsa superioridad moral de la izquierda. Un socialista, lo decía Josep Pla, piensa que los inviernos deberían ser más cálidos, que los veranos deberían ser más frescos, que la sociedad debería ser más cómoda, más pacífica, más agradable. Ahora bien, no hará nada para lograr una tarea transformadora tan titánica. A la boca le podemos hacer decir cualquier cosa. El problema es lo que hacen o dejan de hacer las manos. Los presos políticos independentistas al menos deberían saber con quien no pueden contar».
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    Vaclav Havel en el ensayo «El poder de los sin poder» sobre la dictadura comunista:
    «El individuo no está obligado a creer todas estas mistificaciones, pero ha de comportarse com si las creyera o, por lo menos, tiene que soportarlas en silencio o comportarse bien con los que se basan en ellas. Por tanto, está obligado a vivir en la mentira».
    ————————————————————————————————–
    Hasta aquí las citas. Recordará, Domingo, que en su artículo «La noticia de un 24 de septiembre de millones de vidas después» comenté que los espanyoles son «orgullosos siervos franquistas». Lo publiqué un 28 de septiembre y el 2 de octubre se hizo pública la absolución de Francis Franco por el Constitucional. Ante la evidencia, debo reiterar lo dicho: Espanya y los espanyoles tienen propietarios. Feudalismo.
    He incluido, íntegros, dos artículos de autores independentistas para que nadie pueda decir «no se sabía» o «no se había visto venir». La cita de Havel tiene un sentido obvio, que paso a detallar.
    El comunismo soviético afirmaba ser «la democracia real que libera al proletariado del yugo capitalista opresor…». En realidad, era una dictadura sanguinaria en la que no se movía una hoja en lo alto de un árbol sin en el consentimiento del régimen. Cualquier disentimiento estaba rigurosamente prohibido, todo, y «todo» significa todas las instituciones, asociaciones y organizaciones sociales permanecían bajo la férula del régimen. Todo era aparato del régimen. Pero, en cambio, se tildaban y presumían de «democráticos». Allí todo era «democrático», todo, pero todo estaba en manos del régimen comunista y la participación de la ciudadanía era inexistente cuando, en la teoría y en la práctica, la democracia representa justamente lo contrario. Pondré un ejemplo muy ilustrativo. Tan ilustrativo que llega a ser demoledor. Repase y repasen, por favor, los siguientes enlaces:
    https://es.wikipedia.org/wiki/C%C3%A1mara_Popular
    https://es.wikipedia.org/wiki/Uni%C3%B3n_Dem%C3%B3crata_Cristiana_(RDA)
    https://es.wikipedia.org/wiki/Partido_Liberal_Democr%C3%A1tico_de_Alemania

    ¡Caramba, carambita! En el Parlamento de la democratísima República Democrática Alemana había un partido democristiano, CDU, y un partido liberal, LDP. ¡Quién lo diría! ¿Y qué pintaban allí? Nada. Figurar. En 1990 ambas formaciones se integraron en la CDU y el FDP de la Alemania Occidental.
    Una situación bien curiosa: el régimen comunista les obliga a ser democristianos «comunistas» y liberales «comunistas», porque la alternativa era la prisión o la horca, y lo fueron. Se integraron en el «Frente Popular» y durante 40 años fueron orgullosos y felices «democristianos comunistas» y «liberales comunistas». Vivir para ver.
    Si han leido los enlaces y comprendido el párrafo anterior, verán bien claro que la analogia con la Transición espanyola salta a la vista. La Transición no fue otra cosa que incorporar a la vida pública a los «disidentes» con la condición de no cuestionar el legado franquista. La Transición consistió en convertir a los «no franquistas» en «familias del franquismo». A estas alturas de la película es indiscutible que desde entonces no se ha movido una hoja en lo alto de un árbol sin el consentimiento del búnker franquista. Es indiscutible que el PSOE es «falangismo de izquierda», como demuestran las estupideces de Pedro Bello en la CNN.
    https://www.publico.es/politica/sanchez-asegura-cnn-rey-representa-valores-ii-republica-extrema-izquierda.html
    Ahora toca regresar a la cita de Havel, reproduciéndola íntegra:
    «El individuo no está obligado a creer todas estas mistificaciones, pero ha de comportarse com si las creyera o, por lo menos, tiene que soportarlas en silencio o comportarse bien con los que se basan en ellas. Por tanto, está obligado a vivir en la mentira».
    Tal era la situación de los ciudadanos que vivían bajo los regímenes comunistas, y tal es la situación de los ciudadanos espanyoles; están obligados a «vivir en la mentira». Quien todavía no haya descubierto que la justicia, la prensa, las fuerzas de seguridad, la partitocracia, la Iglesia y la economía espanyolas forman parte indiscutible del legado franquista… quien todavía no lo haya descubierto, que acuda al psiquiatra o al oculista. Quien todavía relaciona PSOE con «izquierda», por poner un ejemplo, es evidente que «vive en la mentira».
    ¿Qué han cambiado los de «Por el cambio»? Nada. (GAL, OTAN, de entrada: NO, reconversión industrial… y más recientemente… duquesa de Franco y marqués de Primo de Rivera, como guinda). La Transición fue una operación de maquillaje, muy lograda, para conseguir engañar a Catalunya, a Europa y a los espanyoles. A los catalanes ya no nos engañan y los europeos parece que comienzan a quitarse las legañas. Recuerden los serios ridículos judiciales espanyoles ante las justicias europeas. Y repasen esta noticia…
    https://www.elnacional.cat/es/politica/consejo-europa-creciente-numero-politicos-procesados-espana-turquia_425870_102.html
    A los catalanes y a los europeos ya no nos engañan, pero los espanyoles viven aún «en la mentira». El problema, muy triste, es que viven orgullosos y felices «en la mentira», incapaces de comprender por qué alguien se niega a vivir en ella. Y no solo eso sino que, además, a quienes nos negamos a «vivir en la mentira» nos tildan de «enfermos adoctrinados, abducidos, adoctrinados, nazionalistos».
    Ante este cúmulo de evidencias, me pregunto… aquí… ¿quienes son los «enfermos adoctrinados»?
    Su Espanya, Domingo, está reproduciendo fielmente el final de la República de Weimar. Los espanyoles están deseando que entren los tanques por la Diagonal barcelonesa, pero también están deseando que entren por la Castellana, por la plaza del Obradoiro, por el paseo de Zorrilla, por la plaza del Pilar y por el puente de Triana.
    Están deseando que entren los tanques para defender la democracia franquista, la legalidad franquista y la Constitución franquista, porque Espanya ya es franquista. Lo siento por usted y por el resto de articulistas que todavía escriben y sienten desde otro punto de vista, pero deben reconocer que su Espanya es franquista.
    Lo siento por ustedes porque mi Catalunya tiene una alternativa al franquismo, pero los espanyoles no la tienen. No la tienen porque la rechazan viviendo felices «en la mentira». Su régimen presume de «democracia avanzada», «estado de derecho» y «separación de poderes», cuando en realidad dicho régimen es el logrado y exitoso camuflaje del franquismo. De la misma manera, los espanyoles presumen de «demócratas» cuando en realidad son fieles siervos de la gleba y jamás han hecho ni harán nada que cuestione la escritura de propiedad franquista de su Espanya.
    Aquí el poblema no es el régimen, que dejó de disimular hace tiempo. El problema es la cultura, la nación, la tribu, la sociedad, (como quieren ustedes denominarlo), que sigue orgullosa y fielmente los dictados del «franquismo sin Franco».

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