Decía Facundo Cabral ‘cada principio con su final, cada final con su recomenzar’, y esto es lo que ocurrió con el hallazgo en el fondo del mar, a 907 metros de profundidad, del submarino ARA San Juan que había tenido el último contacto con la Armada Argentina el pasado 15 de noviembre de 2017, a las 7.33, cuando el capitán del buque, Pedro Fernández, informó del ‘ingreso de agua de mar por sistema de ventilación del tanque de baterías número 3 ocasionó cortocircuito y principio de incendio en el balcón de barras de baterías. Baterías de proa fuera de servicio. Al momento de inmersión, propulsando con circuito dividido. Sin novedades de personal, mantendré informado».

Poco tiempo después, según señaló el informe que le entregó el CTBTO (Organización del Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares) al gobierno argentino, se registró una ‘explosión, no muy grande, muy probablemente dentro del submarino’. Las estaciones HA10, ubicada en la Isla Ascensión, y por la HA4, localizada en las Islas Crozet, detectaron las señales hidroacústicas y dieron el alerta.

Desde su desaparición la Armada Argentina, con el auxilio y la ayuda de diferentes Armadas del mundo se lanzaron a una carrera frenética intentando hallar el submarino procurando hallar sobrevivientes, sin embargo el tiempo pasaba y mientras iban surgiendo las más diversas y disparatadas teorías sobre las causas del hundimiento del ARA San Juan, también se iban terminando las esperanzas de encontrar tripulantes de la nave con vida.

Ante los nulos resultados, las diferentes fuerzas de apoyo se fueron retirando y el gobierno argentino decidió contratar para continuar la búsqueda, a riesgo de la empresa, a Ocean Infinity, una empresa dedicada a la exploración de lechos marinos y que cuenta con la más avanzada tecnología, a bordo del buque Seabed Constructor, para intentar localizar el submarino argentino.

La empresa solo cobraría por su trabajo, si hallaba el buque siniestrado, y tras 60 días de trabajo, y cuando se cumplía 1 año y 1 día del siniestro, encontró a 15 km. de donde se había generado la última comunicación, los restos del submarino.

Ya, tal como decía Cabral, este final, con el hallazgo del submarino, dio lugar a un nuevo recomenzar, que podemos dividir en dos partes.

Por un lado las dudas del Gobierno argentino de las posibilidad reales de reflotar el submarino, reclamo lanzado insistentemente por los familiares de los tripulantes apenas se tomó conocimiento de lo logrado por los tripulantes del Seabed Constructor, por el otro las conjeturas que se generaron alrededor del hallazgo en sí.

Respecto a la primera cuestión el Ministro de Defensa Oscar Aguad tuvo dos definiciones concretas y tajantes. Inicialmente en la conferencia de prensa en la cual se informó a la sociedad el hallazgo del ARA San Juan manifestó que desconocía si existía en el mundo tecnología para poder recuperar el navío del lecho marino, la segunda, mucho más política y contundente, realizada un día después ante la consulta del periodista Luis Novaresio a partir de la afirmación inicial del Ministro. Luis Novaresio le preguntó cuál sería la postura oficial si existieran los medios tecnológicos necesarios y agregó que ‘hoy leí que podría costar USD 4 mil millones sacarlo’, a lo que Aguad contestó que ‘si cuesta USD 4 mil millones sacarlo, sería un disparate invertir esos recursos, es una opinión personal’, y dejó sentada su postura al consultarse y responderse. ‘¿Cuatro mil millones de dólares en una Argentina con un 30% de pobreza? Me parece que sería un disparate’.

En cuanto a las conjeturas fueron muchísimas, que si el gobierno sabía de la ubicación del submarino desde antes y eligió esperar a que se cumpliera el aniversario para generar mayor impacto, que si el lugar había sido rastrillado ya cómo no se lo había encontrado antes, que por qué se lo encontró justo el último día en que la empresa Ocean Infinity trabajaba antes del parate para el reabastecimiento, infinidad de cuestionamientos que se realizaban sin mayor sustento y con muy poca opinión disponible. Hace un año lo decíamos y hoy lo reiteramos, ‘no quiero sumarme al coro de quienes lanzan teorías al aire sin sustento, cuya fuente de información no es más que lo que se escucha en los medios de información, y por ende una verdad segmentada, que a su vez también recoge lo que la Armada dijo… o quiso decir.’, porque no se trata de lanzar teorías antojadizas sino analizar la información disponible, que por ahora es muy escasa, y poder saber qué ocurrió poco más de un año atrás cuando el navío se fue a pique.

Para poder saberlo, la empresa tomó miles de fotografías que permitirán saber qué ocurrió con el submarino, y por el momento se consolida la hipótesis de la implosión interna, al parecer producida por la presión del descenso más allá de los 600 metros de profundidad, cuando el ARA San Juan estaba preparado para descender no más allá de los 250 metros. La consulta a responder entonces es ¿por qué el submarino descendió tanto y tan rápido? La ex Ministra de Defensa Nilda Garré aventuró una hipótesis. Sostuvo que ‘Con las fotografías se ha constatado que el casco resistente, que es el que se había cortado y luego soldado, no se rompió. Lo que se ha roto son distintas cosas más frágiles que están adosadas al casco. Si hay una prueba de que la reparación estaba bien hecha, es haberse caído a 900 metros y que el casco haya permanecido intacto’, y lo hizo muy suelta de cuerpo con 3 fotografías disponibles.

De nada sirve el cruce de declaraciones que lo único que hacen es ‘ensuciar la cancha’, ya que no hay mucha información disponible… a menos que se hable con información que el resto desconoce y se la oculte.

El Presidente Macri en el acto que se desarrolló con motivo del primer aniversario de la desaparición del submarino afirmó que ‘pronto vamos a tener buenas noticias’, hay quienes lo relacionan con el informe que en el transcurso de esta semana presentarán quienes se abocaron a la investigación interna sobre lo ocurrido con el ARA San Juan, entre ellos el padre de un tripulante, también miembro de la Armada Argentina, y quienes son más afectos a las teorías conspirativas a que ya se sabía dónde estaba el buque y solo faltaba el anuncio.

Por eso lo que sí sirve es la investigación. Con ella se acabarán las elucubraciones. La Justicia podrá y deberá decirnos a los argentinos y al mundo qué pasó y quiénes son los responsables. Necesitamos y queremos saber qué ocurrió a bordo del ARA San Juan el 15 de noviembre de 2017 que provocó la muerte de los 44 tripulantes del submarino y su hundimiento… o lo mismo pero en sentido inverso.

Solo así podrán conseguir paz los familiares y castigo los responsables de haber provocado la tragedia o, al menos, no haber hecho lo suficiente para evitarlo, porque enviar un submarino a surcar los mares es mucho más que decir ‘pato al agua’… o al H20.

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