En los últimos días hemos asistido a manifestaciones de paroxismo en diferentes vertientes. En el ámbito internacional, parecería una anécdota, si no fuera por el drama que lleva dentro, la reacción del todavía Presidente de los Estados Unidos de América Donald Trump.

Si en el ámbito de la medicina, el concepto de paroxismo hace referencia a manifestaciones violentas de una enfermedad, en el terreno coloquial, podemos hacer alusión a la expresión enardecida de una opinión o un sentimiento. A la exageración continuada.

Esa ha sido la forma de actuar, no sólo tras las elecciones de la pasada semana, si no que esta conducta ha sido la que le ha caracterizado durante todo su mandato.

Y eso, con ser determinante para los norteamericanos (y si cabe para el resto del mundo) es a mi juicio revelador de un cuestionamiento de la Democracia como sistema político.

Se ha reproducido en multitud de ocasiones  la expresión de Churchill cuando trató de definir a la Democracia como  el menos malo de los sistemas políticos. Sin embargo, los acontecimientos vividos recientemente nos hacen dudar, incluso, de la capacidad de una gran potencia para poder llevarlo a cabo.

Si es verdad que hay que ser garantistas, que tienen un modelo complejo de gestionar a la hora de los recuentos, que son millones de votantes… Pero no lo es menos, que gozan de tecnología punta, que deberían tener preparado un equilibrio entre seguridad y eficacia. Y sobre todo, que mientras en muchas de las democracias occidentales el resultado final se conoce a las pocas horas, no es de recibo que en este caso tengamos que estar pendientes, por un lado del resultado oficioso, pero lo que sin duda llama más la atención, de una caterva de recursos y la no aceptación de la derrota que puede llevar incluso meses el resolverse.

Cuando me preguntan los motivos de la diferencia con, por ejemplo España, hay que recordar, en aras de la verdad, que son modelos muy distintos. En nuestro caso el método de elección es directo. Contamos votos de candidatos y partidos por circunscripciones: se suman y el resultado es prácticamente instantáneo, ya que es casi proporcional: de acuerdo al número de votos, cada partidos saca adelante un número de candidatos electos. Sería objeto de otro artículo entrar en más detalles: prima a los partidos mayoritarios, comportamientos diferentes según el tamaño de la circunscripción o el tipo de elección ( municipal, autonómica, nacional o europea)….

En el caso de Estados Unidos vale la pena reseñar que su método es indirecto ( entre otras variables). La suma de los votos de cada candidato se hace por Estado y lo que se eligen son, una especie de delegados o “super votantes” en cada Estado, que serán los que elijan más adelante el Presidente. La pugna es  sobre todo porque no es del todo representativo. El ganador en cada Estado se lleva todos los delegados. De ahí la discrepancia. De ahí el paroxismo.

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