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“Parece obvio que habrá que reformular la estructura territorial del Estado”

El historiador Xosé Manoel Núñez Seixas afirma que los principales déficits de la Constitución a resolver son de cultura política

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Cuando España está viviendo el momento territorial más tenso de su historia reciente con el problema de Cataluña, este último volumen de la Historia de España que ha coordinado el prestigioso historiador Xosé Manoel Núñez Seixas aborda la España en democracia, 1975-2011. La portada del libro con la Guardia Real rindiendo honores a la fallecida ex ministra de Defensa Carme Chacón es toda una metáfora de que los tiempos han cambiado definitivamente en uno de los periodos más apasionantes de un país que ya no es el que era en 1975 pero que tampoco sabe a ciencia cierta hacia dónde se encamina, con una Carta Magna que empieza a acusar el paso inexorable de los años.

“El desafío territorial es el más complicado, y parece sólo resoluble por la vía de una consulta”

 

Concluye esta remozada Historia de España con el abordaje de la España de la democracia precisamente en el momento en que más en cuestión se ha puesto desde la caída del régimen franquista. ¿Casualidades del destino o un augurio a voces durante décadas?

Ha sido un capricho del destino. La puesta en cuestión, política, cultural y periodística del que algunos denominan “régimen del 78” es un fenómeno reciente, que data de principios de la segunda década del siglo XXI, aunque con algunos antecedentes en la década de 1990.

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Recuerda usted en el prólogo a esta España en democracia, 1975-2011 que “la Historia es hipermétrope: ve mal de cerca”. ¿Qué debe hacer un buen historiador para corregir esta deficiencia más allá de inclinaciones ideológicas inevitables?

El acceso a fuentes esenciales, sobre todo de archivo, está restringido para épocas recientes; abundan sobre todo fuentes de prensa, publicística, etc. Por otro lado, no siempre es fácil juzgar hechos recientes, ya que a diferencia de épocas pasadas no sabemos cuáles fueron sus consecuencias últimas, o al menos cómo terminó la historia. El historiador debe proceder a sopesar distintas versiones, las fuentes existentes y a elaborar su propia síntesis, huyendo de las posiciones partidistas. Si se consigue o no, eso depende de la profesionalidad, sensibilidad y capacidad de autocrítica de cada uno.

 

Cierran su recorrido en el año 2011, cuando la crisis económica abría uno de los periodos más inciertos de la historia reciente de este país. Y si a ello sumamos el órdago independentista de Cataluña que comenzó a gestarse prácticamente en esas mismas fechas, ¿se completaría un círculo maquiavélico para el periodo de mayor estabilidad política, social y económica vivido por este país en toda su historia?

Es posible que la Gran Recesión, de la que aún no hemos salido, haya provocado una serie de fracturas (generacionales, sociales y territoriales) que hayan hecho tambalearse el edificio de la España constitucional diseñada en 1978, su cultura política y su modelo preferente de crecimiento económico, sin duda. Las sociedades evolucionan, las generaciones se suceden, y no todo sistema institucional aguanta. Sin duda, la crisis económica y sus correlatos ayuda a entender la crisis sistémica que vivimos. Si provocará un cambio radical de régimen o simplemente algunos reajustas, está por ver.

 

La llamada cuestión territorial ha marcado en gran medida el destino político de la democracia de este país, ya desde la redacción misma de la Constitución. ¿Por qué se atiende sólo este problema cíclico por parte de la clase política cuando suena el río?

La cuestión siempre ha estado ahí, y los problemas han sido recurrentes. En particular, la tensión entre simetría y asimetría, entre encaje de las “nacionalidades” y autogobierno de las demás comunidades. No hay que olvidar que el terrorismo de ETA ha marcado la agenda política de la democracia española desde su nacimiento hasta 2011, y todavía colea hoy; que el foco de inestabilidad se desplazase a Cataluña era difícilmente previsible antes de 2012. Aun así, sus características son distintas: no hay violencia, al menos hasta ahora.

 

¿Dejó la Carta Magna resquicios a los que no consigue dar respuesta casi cuatro décadas después?

Uno es la cuestión territorial, evidentemente. Parece obvio que habrá que reformular la estructura territorial del Estado. Lo que no sabemos es si será para 17, 16 ó 15 comunidades. Otro es la separación Iglesia/Estado, así como otros detalles. Sobre la monarquía tal vez haya que debatir alguna vez. De todos modos, estimo que los principales déficits a resolver son de cultura política, más difíciles de abordar, y se refieren a la calidad de funcionamiento de las instituciones, de la separación de poderes, de tolerancia por las minorías políticas, y de asentamiento de una cultura de la deliberación pública.

 

¿Hasta qué punto los movimientos ciudadanos como el surgido tras el 15-M o la ofensiva independentista catalana están dando un jaque decisivo a la vigencia de la Constitución?

Parece obvio. El 15-M fue expresión de un malestar profundo con la calidad de la democracia, no necesariamente con el texto de la Constitución, pero sí con su lectura e interpretación, así como con el comportamiento de las élites políticas y económicas. La ofensiva independentista catalana supone, en efecto, una puesta en cuestión del modelo territorial definido en 1978 y configurado por los Estatutos de Autonomía.

 

¿Resolvería una contundente reforma de la Constitución los problemas más acuciantes a los que se está enfrentando la realidad política española actual?

Algunos de los problemas, seguramente sí. El desafío territorial es el más complicado, y parece sólo resoluble por la vía de una consulta o referéndum pactado. La forma en que después eso se plasme en una Carta Magna puede ser objeto, no obstante, de debate imaginativo, y no encapsulado en viejas fórmulas o en palabras talismán (autonomías, federalismo…). Para eso hacen falta élites políticas audaces y capaces de tener iniciativa, lo que ahora mismo no parece haber.

 

No sabemos si será cierto que una imagen vale más que mil palabras, pero la elegida para ilustrar este volumen de casi 900 páginas puede resumir a la perfección la historia más reciente de este país. ¿Por qué se eligió esta fotografía y no otra cualquiera?

Fue en parte insistencia mía. No encontrábamos una imagen para la portada suficientemente expresiva, las opciones (una imagen con todos o la mayoría de los presidentes de la democracia) eran un tanto anodinas… y a mi entender esa foto simboliza tanto el cambio social como el político. La Guardia Real rinde honores a una ministra de Defensa que es mujer, catalana y está embarazada. Es la subordinación del poder militar al civil, algo que llevó mucho tiempo conseguir en la historia de España de los dos últimos siglos, pero también una muestra de que la sociedad, y sus valores, habían cambiado.

“Las sociedades evolucionan, las generaciones se suceden, y no todo sistema institucional aguanta”

 

¿Una monarquía elegida por el dictador para sucederle y después refrendada a través de la Constitución del 78 es motivo suficiente para no cuestionar aún su vigencia?

Se trata de una monarquía constitucional, cuyas funciones están definidas por la Carta Magna. Es cierto que fue una fórmula transaccional con los reformistas del franquismo y la condición que la oposición democrática tuvo que asumir. Hay que recordar, no obstante, que parte de ésta no puso especial énfasis en preservar la forma de gobierno republicana, y había sustituido el viejo dilema monarquía/república por el de dictadura/democracia. Tal vez más importante que la monarquía en sí sea la condena crítica del pasado reciente, una auténtica política de la memoria que condene de modo definitivo al franquismo y restituya algunas de las heridas que aún colean.

“Que el foco de inestabilidad se desplazase a Cataluña era difícilmente previsible antes de 2012”

 

Se resalta en este volumen que la Transición demostró que la improvisación se impuso al “atado y bien atado” de los nostálgicos franquistas. Y se concluye que “fue un pacto de élites”. ¿Siguen siendo éstas las que dirigen nuestros destinos en pleno 2017? ¿por qué?

Parte de esas élites, sobre todo las económicas, mantienen una fuerte continuidad con períodos precedentes. Eso ocurre también en otros países de nuestro entorno, incluso en la Alemania e Italia posteriores a 1945. Pero no hay que olvidar que las elecciones municipales de 1979 supusieron una importante renovación de las élites políticas locales, y que desde los primeros comicios generales también se produjo una significativa renovación del personal político en las Cortes, ampliada después a los gobiernos de las Comunidades Autónomas. Hay diferencias territoriales, cierto, pero las élites también fueron permeables a nuevas incorporaciones.

 

España en democracia, 1975-2011
Historia de España (Vol. 10)
Editorial Crítica / Marcial Pons
Xosé M. Núñez Seixas / Lina Gálvez Muñoz / Javier Muñoz Soro
912 páginas
35€

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1 Comentario

  1. La Unidad que aparece en la portada del libro no es la Guardia Real, sino que pertenece al Regimiento de Infantería Inmemorial del Rey, encuadrado en el Ejército de Tierra.
    Gracias.

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