Ian Gibson y Quique Palomo, autores de esta biografía de Machado en cómic. Foto: RNE.

Antonio Machado recibió el pasado 2019 innumerables homenajes al cumplirse el 80 aniversario de su muerte. Sus restos siguen reposando en el cementerio de la pequeña localidad francesa de Collioure, donde el poeta acabó sus días en unas terribles condiciones huyendo de los estertores de la guerra fratricida y con un verso crepuscular rondándole la cabeza antes del triunfo definitivo de la parca: “Estos días azules y este sol de la infancia”. El hispanista Ian Gibson y el prestigioso ilustrador Quique Palomo se unen de nuevo, tras el éxito de Vida y muerte de Federico García Lorca, para dar vida en forma de cómic a los últimos días del autor de Campos de Castilla o Juan de Mairena.

Quique Palomo: “El cómic como herramienta didáctica es algo que se está utilizando cada vez más dada su gran capacidad de comunicación”

 

¿Debería este cómic biográfico ser un libro de lectura obligatoria en los colegios para aprender sobre las lecciones que nos dejó nuestra historia más reciente?

Ian Gibson: De lectura “obligatoria” no, pero creo sinceramente que a los jóvenes les ayudará a conocer mejor a Machado y su mundo, lo cual equivale a saber algo más acerca de la historia reciente de este país.

Quique Palomo: No sé si de lectura obligatoria pero sí que sería adecuado que a los y las docentes se les informase de su existencia para que pudiesen valorar su utilización; porque es indudable que es un material que facilitaría el alcance de contenidos de distintas asignaturas y en distintos niveles: literatura, historia, valores, filosofía. El cómic como herramienta didáctica es algo que se está utilizando cada vez más dada su gran capacidad de comunicación: la combinación de texto e imagen resulta atractiva y aporta un gran volumen de información empleando una sintaxis sencilla sin perder riqueza lingüística.

Y dado que en este momento tenemos mucho que aprender revisando nuestra historia reciente, y que uno de los objetivos educativos es el desarrollo del pensamiento crítico, la utilización de este cómic en las aulas acercaría, a través de la figura de Machado, una revisión de un periodo histórico de nuestro país, finales del XIX y principios del XX, que ayudaría a los estudiantes a pensar sobre las circunstancias políticas y sociales que vivimos en el presente.

 

Pocas personalidades pueden simbolizar mejor que Antonio Machado todo lo que supuso ese cainismo que llevó a los españoles a la barbarie de la guerra hace tan pocas décadas. ¿Por qué se sigue utilizando su figura de forma interesada y partidista en las luchas fratricidas de hoy mismo en nuestro país?

I.G.: Cainismo hubo (y hay) por estos pagos pero sobre todo por parte de las derechas, que desde el momento mismo de la llegada de la Segunda República, incluso antes, se dedicaron a hacerle la vida imposible, utilizando los métodos que fuesen. En cuanto a una supuesta utilización interesada de Machado en estos momentos, ¿realmente existe? No creo, él era republicano en la línea moderada de Manuel Azaña y me parece que su obra no puede molestar a nadie en la España de hoy, o casi nadie.

Q.P.: Machado era un republicano de pura cepa. Eso está claro; enfrentado al caciquismo, la Iglesia y cualquier poder dictatorial. Pero al mismo tiempo es integrador y considera por encima de todo a España como patrimonio de todos los españoles, incluyendo distintas ideologías. Como además es el poeta e intelectual con mayor reconocimiento moral y ético, aliarse o citar a Machado es algo que siempre va a teñir la imagen de quien lo haga de intenciones conciliadoras y distinción moral. Los proverbios de Machado, sus sentencias, donaires, son tan profundos y en tantas ocasiones expresados de un modo tan popular, que es fácil que puedan ser utilizados de manera universal. Pero, según en qué casos, apropiarse de Machado, supone una contradicción ridícula porque una cosa es entender que existe un adversario con quien hay que comunicarse, como entendía Machado, y otra querer confundirle blanqueando valores ideológicos.

 

En el año del 80 aniversario de la muerte en el exilio del genial poeta, ¿han hecho las autoridades españolas todo lo que debían y podían para homenajear como se merece la figura de Antonio Machado?

I.G.: Todo lo que debían y podían a lo mejor no, pero creo que entre todos, autoridades y no autoridades, se ha hecho bastante este año para homenajear al poeta. Hay que valorar, en primer lugar, la visita oficial de Pedro Sánchez, en febrero, a la tumba del poeta en Collioure (así como a la de Azaña en Montauban). No hay que olvidar que Machado representa a todos los exiliados republicanos, más de medio millón, que cruzaron la frontera entre enero y febrero de 1936 en condiciones deplorables. Llamo la atención también sobre la muy importante exposición sobre Machado y su hermano Manuel que actualmente se celebra en el Instituto Cervantes de Madrid.

Q.P.: Pienso que el mejor homenaje que se le puede hacer a Machado es entenderle. No sé cuántos actos públicos, de reconocimiento, recuerdo y veneración habrán sido propuestos por las autoridades. Es posible que muchos. Pero lo importante no es el número sino la utilidad. Recordar a Machado puede ser insuficiente si no se contribuye a profundizar en el conocimiento de su legado. Tengo la idea de que el principal recuerdo que se tiene de Machado, de manera generalizada, es el de el gran poeta de Soledades y más aún de Campos de Castilla. Sin negar en absoluto el enorme valor de estas obras, hay una gran parte de Machado que es mucho menos conocida y que nos serviría para cuestionarnos permanentemente el orden social, o la solidez de nuestras afirmaciones. Es un Machado más exigente y muy educativo; o aún más interesante, autoeducativo. Para él la educación resultaba algo crucial. Y el cuestionamiento personal un método permanente.

“Para Machado la educación resultaba algo crucial. Y el cuestionamiento personal un método permanente”

 

¿Qué diría Machado de la España multifragmentada a nivel de partidos de hoy?

I.G.: La “multifragmentación” de los partidos no le importaría demasiado, pienso, pero la falta de acuerdos, de pactos, sí. No le gustaría nada ver a los políticos siempre a la greña, a veces con insultos incluidos, como si no hubiesen aprendido nada de los errores del pasado.

Q.P.: Yo creo que le parecería normal. Por ejemplo, a través de su heterónimo Abel Martín, defiende la heterogeneidad del ser y la imposibilidad de que el hombre se perciba a sí mismo sin sentir la carencia del otro. La pluralidad sería así el fundamento de nuestra existencia y esto llevado a un parlamento parece algo inevitable. El problema es que esta pluralidad se entienda como un problema, y que su solución sea lograr una mayoría absoluta para que los partidos no tengan que parlamentar. Entonces el parlamento pierde sentido. Pienso que Machado diría que no se puede hacer un uso adecuado de un órgano ideado para llegar a acuerdos si no hay una actitud de escucha sino de descrédito.

 

¿Y del conflicto catalán?

I.G.: No conocía en profundidad Cataluña, aunque apreciaba su literatura y su idioma. Otra vez abogaría por el diálogo. Quiero creer que para él la única solución viable al conflicto sería la Tercera República, por supuesto federal, con Cataluña dentro. Su familia era republicana hasta el tuétano, empezando con el abuelo paterno, y no podían ver a la monarquía borbónica.

Q.P.: Algo parecido. Machado también propuso la fraternidad como una de las nociones más necesarias a potenciar en una sociedad que reincide en una serie de conflictos. Una suerte de cristianismo laico. Pienso que Machado encontraría huecas las propuestas de diálogo si no hay una renovación moral profunda por parte de los interlocutores.

 

Machado siempre hablaba de España como un país en el que se habla demasiado y se escucha muy poco. ¿Será siempre igual, así que pasen cien años? ¿por qué?

I.G.: Él siempre abogó por el diálogo, por escuchar al otro, por tener muy en cuenta al prójimo. Compuso una copla al respecto: “¿Para dialogar? / Primero, preguntar / y después… escuchar”. No le hacía gracia alguna la vociferación y creo que no le gustarían nada las redes sociales de hoy, los aparatitos que nos comen el coco y la terrible inmediatez que nos ha invadido y que cada día va a peor.

Q.P.: No sabemos qué pasará en los próximos cien años. Pero sabiendo lo que ha pasado en los cien anteriores, si no hay un cambio importante en la formación de los ciudadanos, lo más probable es que todo siga igual. Hay intereses por parte de algunos en que esto no cambie; que practiquemos la imposición o la oposición insolidaria; y se logra por medios sugestivos o por la fuerza. Para Machado la educación era una herramienta de cambio crucial. Como hijo de la Educación Libre de Enseñanza entendió que lograr que el pueblo no fuese una masa sino una suma de individuos éticamente responsables era un objetivo prioritario. Trabajó por ello toda su vida. Como se puede leer en una de las viñetas del cómic, “Para los políticos, para los historiadores, todo está claro: hemos perdido la guerra. Pero humanamente, no estoy tan seguro. Quizá la hemos ganado.” El problema es que la ética es una de las asignaturas con menos contenido de nuestro proyecto educativo.

Ian Gibson: “A Machado no le gustaría nada ver a los políticos siempre a la greña, como si no hubiesen aprendido de los errores del pasado”

 

¿Qué detalles podría ver, en un inquietante paralelismo, el Antonio Machado de la época prebélica de 1936 en el actual 2020?

I.G.: La situación hoy no es, en absoluto, la de 1936, con España plenamente insertada en Europa y la desaparición de muchos complejos. Le inquietaría al poeta, sin lugar a dudas, la subida de Vox, con sus 52 escaños en el Congreso actual. Y les pediría a los políticos que aprendiesen de la historia y tratasen de llegar a pactos, acuerdos, y que pensasen en el bien común.

Q.P.: Seguramente se quedaría sorprendido al ver lo poco que han cambiado algunas cosas. Como en aquella época, la extrema derecha está en auge, no solo en España sino proveniente de Europa. Como en aquella época, el presidente de la Generalitat proclama la independencia del Estado Catalán y hay políticos encarcelados o prófugos. Como entonces, los enfrentamientos ideológicos impiden a los partidos lograr acuerdos colaborativos y arrastran conflictos atávicos que no resuelven y mantienen en el poder a las mismas familias que en su época. Habría que explicarle a Machado que se llega a este inquietante paralelismo con los últimos años de su vida tras cuarenta años de transición posteriores a cuarenta años de dictadura. Como buen escéptico, probablemente dudaría y pensaría que estamos exagerando.

 

El tono amarillo impregna gráficamente este cómic biográfico. ¿Homenaje a sus campos de Castilla?

I.G.: El cómic no tenía más remedio que ser bicolor –exigencia editorial– y el amarillo se relaciona no solo con los campos de Castilla sino con los limoneros del Palacio de las Dueñas, lugar natal del poeta, el reflejo de cuyos frutos de oro en una fuente evoca Machado con nostalgia e insistencia en numerosos poemas.

Q.P.: Más o menos. También a los limones que se reflejan en la fuente de su patio sevillano. Y a otras cosas que amarillean, porque Machado es un poeta elegiaco, que canta lo que se pierde.

 

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