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Papá, tonto-boludo

David Almorza Gomar
David Almorza Gomar
Profesor Titular de Universidad de la Universidad de Cádiz, en el Departamento de Estadística e Investigación Operativa, adscrito a la Facultad de Ciencias del Trabajo. Ha sido Vicerrector de Alumnos de la Universidad de Cádiz (desde el año 2003 hasta el 2013) y Vicerrector de Responsabilidad Social y Servicios Universitarios de la Universidad de Cádiz (desde 2013 hasta 2015). Durante estos doce años, ininterrumpidamente, ha tenido entre sus competencias el Área de Deportes de la Universidad de Cádiz. Ha promovido la creación del Aula Universitaria de Fútbol de la Universidad de Cádiz, y en estos momentos ocupa el cargo de Director del Aula de Fútbol. Tiene el título de Entrenador Nacional de Fútbol con Licencia UEFA-PRO. Ha entrenado en las categorías Infantil y Cadete del Cádiz C.F. desde el año 2010 hasta la actualidad. Además, en el Cádiz C.F. ocupa el cargo de Coordinador de Delegados y Auxiliares de Fútbol Base desde el año 2014.
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análisis

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“Papá, tonto-boludo”, escuchó Boris Pérez de boca de su hija, cuando ella aún no tenía dos años de edad. Estaban trabajando en un hospital en Argentina, y regresaba al apartamento que habían alquilado. Apenas abría la puerta, siempre escuchaba correr a su hija para recibirle, pero en esta ocasión le dijo tonto-boludo y continuó corriendo. Era un juego nuevo.

Muchos años después Boris recordaba la escena mientras viajaba en avión desde Argentina por motivos de trabajo. Sin ninguna causa aparente le vino a la memoria y, cerrando los ojos, podía ver a su hija corriendo y riendo.

Aquel día había aprendido una palabra nueva. Los niños no entienden de razas, ni de nacionalidades, ni de idiomas. Ellos hablan el lenguaje universal de los juegos, y con eso es suficiente. Precisamente jugando en un parque con otros niños argentinos del barrio, su hija había aprendido la palabra boludo y la interpretó como una forma no ofensiva de decirle a alguien que es un poco tonto. Seguro que estaba orgullosa de lo que había aprendido y esperó a que su padre volviera del trabajo con esa idea. “Papá, tonto-boludo”, volvía a escuchar en su cabeza Boris mientras lo recordaba.

Los niños son inteligentes. Quizás porque necesitan serlo las crías de todos los animales para sobrevivir. Aprender una palabra e incorporarla como un juego. Se la dijo a su padre y salió corriendo para que jugaran a perseguirla.

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Más de veinte años después, viajando solo en aquel avión, Boris lo recordó con nostalgia. Algunas veces lo había hablado con su hija, pero en aquella época era demasiado pequeña como para acordarse. Para Boris era un recuerdo muy bonito. Con los ojos aún cerrados, se le escaparon algunas lágrimas. La nostalgia de la felicidad o la felicidad de la nostalgia. La única forma de retroceder en el tiempo es mediante el recuerdo de momentos íntimos que encierran un gran significado. “Papá, tonto-boludo” pronunció muy bajito Boris en aquel avión mientras dos lágrimas alcanzaban su sonrisa… porque con ese recuerdo disfrutó de un momento de felicidad.

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