No se preocupen, no estoy mirando a ver si descubro al conspirador, no me van esas historias nunca… la maldad del ser humano se prueba sin necesidad de ellas. Pero sí cabe plantearnos qué podría haber sido de no ser lo que fue, para así reaccionar.

Si la noción de confinamiento por motivos de salud es una decisión política y no hay ningún vínculo internacional que obligue a nadie a ponerlo en marcha, creo que podemos separar los motivos sanitarios de los gubernamentales… aunque crucen sus caminos constantemente, todo lo que yo vaya a decir no debe aplicarse a lo que la epidemiología establece, que es correcto e información capital para la toma de decisiones. Quiero aclarar esto porque en la confusión de esos entrecruzamientos es donde crecen los técnicos que pretenden suprimir a la política y los políticos que pasan de los datos, y así estamos.

Analizar las causas de decisiones complejas no es sencillo, porque nunca encontraremos el detonante. Pero parece lógico empezar por los fundamentos, admitiendo que ahora es fácil decirlo (si bien no veo que fuera entonces tan difícil)… Si una pandemia arrancaba en un país lejano y había un riesgo real de que se acercara paulatinamente, teníamos dos frentes que abordar: por un lado el control de los accesos a España, especialmente el diagnóstico de entrada de sospechosos debió ser férreo, si tan grave era el asunto: los aeropuertos o los lugares de paso de mercancías debieron convertirse en un frente de batalla primordial mucho antes de que la embestida de este animal se intuyera, primer nivel de confinamiento; empleo términos militaristas, porque ahí debió colocarse a la UME con todos los medios necesarios (¿no se militarizaron los aeropuertos por una huelga?); cualquier defensa actual hablando de la imagen, la incomodidad o los acuerdos internacionales no tiene sentido después de haber llegado a un Estado de Alarma que nos confinó en nuestras casas durante dos meses, ¡a países enteros de millones de habitantes!

El otro frente era la preparación de la defensa de la población… sin llegar a la improvisación absoluta. Se debió buscar personal formado, se debió buscar material, se debieron reforzar los Centros de Salud para garantizar la atención familiar porque ése era el primer nivel de contagio detectable, incluso ampliándolos, incluso preparando anexos u hospitales de campaña como un primer freno a una catástrofe previsible, se supone que vista ya en otros lugares. El gran hospital con sus UCIs debió ser considerado el término de un recorrido con estaciones para ir frenando y clasificando a las víctimas… precisamente para evitar el tan temido colapso, tan citado como obviado porque lo cierto es que todavía hoy seguimos estando en manos de las Urgencias de estos grandes centros desbordados, sobrepasada toda una Sanidad inoperativa en lo diario por falta de planificación, pregunten a los médicos de familia…

En mi provincia hay cuatro hospitales, tres de ellos en la capital… ¿de verdad era un gasto o un esfuerzo inasumible haber habilitado centros provisionales de atención inmediata y detección precoz repartidos con criterios geográficos, de población o estratégicos? Toda esta inversión, aunque hubiera sido infrautilizada, habría pasado por una broma respecto del estructural 20% de PIB que nos está costando toda una gestión sumamente extraña, cuando menos. Porque así podríamos habernos anticipado a la extensión de la enfermedad, procurando prediagnosticarla y confinando por personas, grupos, poblaciones, provincias, regiones… siguiendo un orden razonado que hubiera podido servir para mantener una vida relativamente normalizada. Si en una esquina de España apenas había casos y en la otra empezaba a preocupar, lo que no tiene sentido es aplicar la misma norma restrictiva en las dos.

Estoy deslizando la idea de que confinar era una opción que se debió implantar con criterios sanitarios y estratégicos, en situaciones muy concretas y de menos a más, no por mera concomitancia con gestiones que, por mucho que se usaran fuera, aquí se ejecutaron sin una justificación técnica o incluso sin sentido común que previera las consecuencias; cierto es que la falta de criterio y autoridad nos dotó de la de imitación, por si acaso, está claro. Con cifras peores ahora se plantea así, de lo concreto a lo general… parece lo lógico. El confinamiento ha supuesto un impacto histórico en todos los sentidos sólo comparable a una de las grandes guerras mundiales o a intentos de cambios revolucionarios de algún sistema político.

Conozco mejor el mundo de la Enseñanza, donde la situación es análoga: ante una situación como ésta, lo sensato habría sido sentar durante todo el final del curso pasado y el verano al Cuerpo de Inspección con las Directivas de cada uno de los centros de España analizando aula por aula, edificio por edificio y planificando las necesidades reales para no abandonar a su suerte a varias generaciones de estudiantes: invirtiendo en aulas portátiles, en personal docente y en servicios de limpieza, organizando los horarios segmentando entradas, salidas, recreos… les habríamos dado una oportunidad, pero era más fácil comprar geles, mascarillas, desdoblar un par de grupos escandalosos y “paralante” hasta volver a cerrar y engañar a todo dios con la mierda de las clases por internet que, no lo olvide, valen tanto como ver tutoriales de ingeniería para hacer un puente, qué risa. Si hemos partidizado, politizado todo lo Público, si hemos apartado al funcionariado para poder controlar todas las instituciones, todas, qué esperábamos ¿gente decente trabajando?

Si de hecho al final terminaron cerrándose las fronteras físicas y la economía, está claro que estas decisiones radicales se ejecutaron cuando la repercusión no iba a ser directa sólo contra el libre comercio sino cuando los pagadores de siempre (la mayoría con voz manipulada) no pudieron negarse a ellas porque se implantaron como inevitables (Caos); quiero decir que es mucho más fácil confinar a un país entero que meter en vereda a grupos de presión. Fíjense que no estoy afirmando que la decisión tomada no perjudicara al final a esos capitales, digo que las decisiones se debieron más al miedo a esos poderes que al bien comunitario, que hubo imprecisión, y así sabemos para quién se gobierna. Es complejo, porque al final la pérdida les ha incluido, pero pasa como con lo de abaratar costes de producción: el interés inmediato siempre nos ciega frente a la sostenibilidad.

La incompetencia y la degradación del universo político es mundialmente peligrosa, pareciera que sólo los idiotas ansíen trepar en este oficio, y acuso de falta de autoridad y criterio a todos, por igual. No es conspiración, es un bucle de estupidez que nos lleva a la destrucción sin alternativa. No soy un paranoico, observo empero con verdadero terror la revolución silenciosa en marcha que está construyendo un muro inexpugnable entre una minoría que tendrá un acceso verdadero a las necesidades básicas (Sanidad, Educación, Trabajo, Servicios Sociales, Transportes…) porque lo podrá pagar, y una mayoría condenada ya ahora mismo a la mediocridad y a la asistencia semicaritativa hereditaria de un Estado arruinado incapaz de sostener un bienestar general que, no lo olvidemos, supone la base, es el fundamento y la aspiración para una vida digna pero también de una democracia auténtica…

Nunca entendí el confinamiento generalizado porque sabía que avocaba a un cambio de paradigma social. Nuestro futuro podría pasar por la guerra y la opresión, la dictadura y el sometimiento, y casualmente ya hay países muy experimentados en manejarse en esos territorios del horror cuyas economías hace tiempo que gobiernan este planeta casi destruido; y no, no han lanzado un virus para controlarnos pero sin su estulticia esencial es muy posible que no estuviéramos donde estamos… Revisar todo esto tiene la utilidad de reorganizar la gestión para evitar la consolidación de la desgracia. O despertamos o… lamento amargarles el día, pero hay una ola peor que nos va a ahogar de verdad y no muy tarde.

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Huelva, 1969. Licenciado en Filosofía por la Universidad de Sevilla y Doctor por la Universidad de Valladolid (tesis: Obra y edición en Juan Ramón Jiménez. El «poema vivo»; Premio Extraordinario de Doctorado). He sido gestor cultural, lógicamente frustrado, y soy profesor funcionario de Enseñanza Secundaria, de Filosofía, hasta donde lo permitan los gobiernos actuales. Otras experiencias profesionales: -Director del Festival Internacional de Música Clásica Ciudad de Ayamonte (2002 y 2003). -Director de la Oficina y Coordinador de los actos del Trienio Zenobia-JRJ 2006-2008 organizado por la Diputación Provincial de Huelva, las Consejerías de Cultura y Educación de la Junta de Andalucía, los Ministerios de Educación y Cultura del Gobierno de España y la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales de España, entre 2005 y 2008. -Asesor musical para la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía (2003-2013). -Consejo Asesor Literario de la Diputación Provincial de Huelva (2002-2013). Conferenciante recurrente en programas educativos del Centro Andaluz de las Letras de la Junta de Andalucía y del Ministerio de Educación y de Cultura del Gobierno de España. Como escritor he colaborado con la prensa escrita, antes en Cuadernos de la Campiña, Huelva Información y los diarios provinciales del Grupo Joly, y ahora en la web semanalmente con Diario16.com y mensualmente en la revista en papel Diario16, publicando varios cientos de artículos. He contribuido con textos críticos y de creación esporádicamente con una multitud de revistas literarias. Junto al Catedrático Francisco Javier Blasco Pascual, he codirigido Obras de JRJ, en 48 volúmenes (49 tomos) para la editorial Visor; he publicado varios ensayos en torno a su concepto de «obra»: -Copérnico y Juan Ramón Jiménez. Crisis de un paradigma (2008) -El materialismo de Juan Ramón Jiménez. (JRJ excavado: alma y belleza, 1900-1949) (2010) -Juan Ramón Jiménez en el Archivo Histórico Nacional: Vol 2. MONUMENTO DE AMOR, ORNATO y ELLOS (2011) -Poesía no escrita. Índices de Obras de JRJ (junto al profesor Javier Blasco, 2013) -Obra y edición en JRJ. El Poema Vivo (2017) Además he preparado la edición, selección y prólogo de la antología del poeta granadino Premio Nacional de las Letras Antonio Carvajal: -Alzar la vida en vuelo (2014 y 2019) Lejos de tener vocación de cuentista, sí me encuentro cómodo en la prosa corta, lo que me hace deambular entre el relato, el microrrelato, la estampa o el poema en prosa. Veo poco más que comercio en la literatura actual; suelo experimentar con la forma. Mis libros: -Las apoteosis (2000) -Libro de las taxidermias (2002) -Libro de los humores (2005) -Libro del ensoñamiento (2007) -Álbum blanco (2011) -Tenebrario (2013) -De la luz y tres prosas granadinas (2014). -Libro de las causas segundas o Las criaturas (2014, Epub) -Mar de historias. Libro decreciente (2016). -La Gloria del Mundo (2017) -Libro de los silencios (2018) [XXV PREMIO DE LA CRÍTICA ANDALUZA 2019] -Pintar el aire (2018, en colaboración con el pintor Miguel Díaz) -Las criaturas (Reedición 2019) -El mar de octubre (2020) También he publicado cuentos en diversas revistas físicas y virtuales y he sido recogido en varias antologías, como Mundos mínimos. El microrrelato en la literatura española contemporánea (2007), editada por la profesora Teresa Gómez Trueba; Microrrelato en Andalucía (2007), edición del crítico Pedro M. Domene, Velas al viento. Los microrrelatos de La Nave de los Locos (2010) o Mar de pirañas. Nuevas voces del microrrelato español, ambas por Fernando Valls (2012), y en 70 menos uno. Antología emocional de poetas andaluces (2016), coordinada por Antonio Enrique, entre otras. El jurado del XXV PREMIO DE LA CRÍTICA ANDALUZA de 2019 me ha distinguido con su Premio para Libro de los silencios. En el blog literario de Fernando Valls se pueden encontrar textos míos. Mis artículos en las webs del Grupo Joly, de Diario16 y www.quenosenada.blogspot.com

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