Foto: Twitter Oficina del Primer Ministro

Tras haber obtenido 364 de los 650 diputados en juego, Johnson ha obtenido uno de los mejores resultados en la historia del Partido Conservador británico y podrá sacar adelante sin contratiempos el acuerdo de salida de la Unión Europea (UE) negociado con Bruselas durante este año. Por fin, tras haber hundido a los dos gobiernos conservadores precedentes, habrá un Brexit por la vía rápida antes del 1 de febrero del próximo año. Los conservadores tienen que remontarse al año 1987, en que la “dama de hierro” Margaret Thatcher obtuvo una sobrada mayoría frente a los laboristas, para encontrar unos resultados tan buenos como los conseguidos en estas elecciones.

Mientras tanto, en el otro bando, en los laboristas, se están lamiendo las heridas tras haber obtenido el peor resultado desde el año 1935, que deja al partido con 203 escaños en el parlamento y muy lejos de constituir una amenaza para la gobernabilidad del actual ejecutivo conservador. Las causas de la derrota tienen mucho que ver con la errática estrategia adoptada en los últimos tiempos por el candidato Corbyn, en un intento por mantener un actitud ambivalente con respecto al Brexit, que finalmente ha confundido a su electorado y ha provocado una estampida en masa hacia una opción con las ideas más claras: los conservadores.

Aparte de este asunto fundamental para los británicos, en que Johnson lo tenía bien claro –la salida de la UE por la vía rápida-, queda comprobado que el discurso radical de Corbyn, que pretendía nacionalizar varios sectores claves de la economía del país, no ha calado y ha sido duramente rechazado por las urnas. Los británicos son uno de los pueblos más conservadores de Europa, pese a que paradójicamente no se sienten europeos, y no se vieron tentados con la idea de un experimento socialista de inciertos resultados a estas alturas de la película. Intentar ganar las elecciones en el Reino Unido con un discurso de corte socialista, con ribetes populistas y recetas económicas probadamente fracasadas, era una apuesta mas que arriesgada, incluso me atrevería a decir que suicida, tal como finalmente ha pasado.

Corbyn no supo conectar tampoco con los sectores tradicionales del partido, como la clase media trabajadora, e incluso ha perdido sus feudos de toda la vida, como ha ocurrido en Escocia y en Londres, condenando al partido a una larga travesía del desierto de la que tardará años en salir y volverse a convertir en una opción real de gobierno. En votos totales, los conservadores casi han obtenido cuatro millones de sufragios más que los laboristas y el mapa británico es hoy más azul –el color de los conservadores- que hace dos años, en el 2017, cuando se celebraron las últimas elecciones.

Johnson sobrevive al Brexit que hundió a Cameron y a May

Johnson, a diferencia de los últimos dos primeros ministros conservadores, David Cameron y Theresa May, ha sobrevivido al Brexit, que parecía una maldición destinada a hundir a todos los líderes conservadores, y ahora tendrá el camino despejado para la salida definitiva de la UE. Contra todo pronóstico, y desafiando a unos poderes mediáticos que le cuestionaban abiertamente, el máximo líder de los conservadores ha superado la dura prueba de unas elecciones anticipadas, en las que no tenía todas consigo, y podrá poner en marcha su agenda política con una holgada mayoría en el legislativo de Londres.

En lo que respecta al resto de los actores políticos que concurrían a estas elecciones, hay que reseñar el retroceso y grave derrota de los liberales. Pierden diez escaños en el parlamento y apenas tendrán 11 representantes en el mismo, pasando a ser una opción claramente marginal en el sistema político británico y habiendo fracasado claramente en su intento por liderar el voto europeísta y contrario al Brexit.

Sí ha habido, junto con Johnson, un claro ganador en estas elecciones ha sido el nacionalismo escocés, habiendo pasado de 35 diputados a 48 y siendo la fuerza dominante en toda Escocia. El Partido Nacionalista Escocés (SNP, en sus siglas en inglés) ha ganado en casi todos los distritos de esa región, hundiendo en el anonimato a los liberales y a los laboristas, y planteando un enorme desafío al gobierno de Londres, toda vez que defienden abiertamente la independencia de Escocia y que amenazan con una nueva consulta sobre el asunto próximamente.

Con estos resultados, los nacionalistas escoceses se sienten fuertes y creen que, a diferencia de lo que ocurrió en el año 2014, en que la independencia fue rechazada por el 54% de los escoceses, en esta ocasión Escocia optará por la independencia. La mayoría de los ciudadanos de Escocia votó “no” al Brexit y no se sienten representados por un gobierno que defiende la salida inmediata de la UE; el choque de trenes entre ambas fuerzas está  servido y es casi seguro que se abrirá otro frente de batalla para Johnson en las próximas semanas.

Otro epicentro de crisis es Irlanda del Norte, donde tanto los unionistas como los nacionalistas irlandeses del Sinn Féin consiguen dominar el escenario político, formaciones ambas que se oponen a un Brexit rápido que significaría el cierre de las fronteras con Irlanda y seguramente el despertar del viejo conflicto norirlandés entre las dos fuerzas enfrentadas durante décadas. El Acuerdo del Viernes Santo, firmado hace ahora veintiún años y que puso fin al conflicto, puede quedar en papel mojado y las tensiones entre unionistas protestantes y católicos irlandeses, que dormían pero que seguían latentes entre las partes,  pueden volver a reproducirse e incluso dar paso a nuevos episodios de violencia, un escenario que no se debe descartar en este territorio donde siempre dominó la calma chica.

En cualquier caso, analizados los resultados y disputas nacionalistas al margen, Johnson tiene ante sí todo el margen político de maniobra que buscaba para llevar a buen puerto al país hacia un Brexit rápido y sin marcha atrás, objetivo que buscaba en estas elecciones y que ha conseguido con rotundidad. Por ahora, los mercados han reaccionado muy positivamente, subiendo casi todas las bolsas tras las elecciones y revalorizándose la libra, y el fantasma de un gobierno laborista de corte radical, que hubiera buscado otro referéndum sobre el Brexit y un nuevo acuerdo con la UE, se ha evaporado. También los europeos estaban cansados de la larga (e interminable) negociación con los británicos y casi se ve con alivio este resultado que no dilatará por más tiempo el proceso. Veremos qué pasa.

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