El presidente Pedro Sánchez y Pablo Casado en la última reunión mantenida en Moncloa el pasado mes de octubre. Foto: Flickr Moncloa

Desde distintos ámbitos, sobre todo desde la derecha conservadora y liberal, con el apoyo de los antiguos dirigentes socialistas, se lleva reclamando durante años una especie de «Gran Coalición» PSOE-PP a la hora de abordar los grandes pactos de Estado. Sin embargo, sin coherencia ideológica en los mismos el resultado sería, además de poco efectivo, absolutamente falto de ética por la falta de coherencia ideológica.

Siempre son los mismos, es decir, aquellos que reclaman más gestión y menos ideología en el modo de actuar de los gobiernos y, casualmente, sólo realizan esas reclamaciones cuando está gobernando la izquierda. Jamás la derecha. Sin embargo, esta reivindicación de la «altura de Estado» y la superación de las ideologías no es otra cosa que la renuncia a los valores intrínsecos de justicia social que debería acompañar siempre a los partidos ahora llamados progresistas.

Ese modo mercantilizado, que prima la gestión sobre la aplicación de lo ideológico, en referencia al PSOE, es intentar crear un socialismo pragmático, «tipo Iván Redondo», en este caso coincidiendo con la línea de El País del Santander. La idea es transformar o eliminar, incluso, la esencia y la filosofía del PSOE de Pablo Iglesias Posse y transformarlo en unas siglas, que venden porque las necesitan para ganar elecciones, pero, una vez realizada una campaña, con ideología, transformar esas siglas en un gobierno, salvo excepciones que siempre necesitarán para confundir al pueblo, solo con ideas sin ideologías. Por ese hueco, precisamente, se cuelan el capital deshumanizado, el neoconservadurismo y los neocapitalistas. Los principios liberales auténticos, de tolerancia, coherencia y democracia serían un milagro.

Algunos grupos de comunicación, actuando como mascarón de proa, refugio o baluarte, intentan desde sus editoriales llevar a cabo esta diabólica estrategia: la de transformar o domesticar al socialismo en una «idea», separándolo de la ideología que dignifica al socialismo o fundiéndolo en la miseria y la falacia.

En definitiva, lo que pretenden es transformar la sociedad democrática en autocrática desde la confusión y el miedo, en consecuencia, intentar fundir los pensamientos de libertad de la sociedad, mujeres y hombres, en un pensamiento único utilizando los intereses de nación y Estado, es decir, el PSOE igual que el PP y viceversa.

Pretenden transformar la Constitución del 78, la Constitución de las comunidades autónomas en un Estado único sin libertades, sin personalidad histórica, sin la verdad de nuestra propia filosofía existencial.

El pueblo debe estar alerta porque el capital deshumanizado, utilizando los tiempos de la pandemia del coronavirus o la crisis del Sahara, está intentando desde todos los poderes que ya controla o en los que, de momento, sólo influye, más aún utilizando una parte del que años atrás fue considerado el cuarto poder, es decir, los medios de comunicación, en manipular los principios éticos en los  que se fundamenta la democracia real, es decir, PP igual a PSOE, mejor dicho Ferraz igual a Génova y C’s quedaría para escenificar la democracia y ¿el resto de pensamientos donde quedarían por un lado como por el otro? No existirían, puro bipartidismo.

Ni los modales del «ordeno y mando» de Marruecos, ni la locura del Covid19, ni los nacionalismos democráticos, tanto del centro como de izquierda o de derecha, justificarán nunca un acuerdo de Estado, una unificación de ideas, un pensamiento único, una sola voz que supere la voz de la razón del público sin miedo.

En Madrid, por cumplimiento del artículo 5 de la Constitución, habitan los órganos en los que residen los poderes democráticos del Estado. Hasta ahí es aceptable, pero el poder auténtico emana del pueblo y ese ni es exclusivamente Madrid y, menos, aún los  «voceros» que en él viven y se alimentan.

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