Cuando en cinco años el intento de tocar el cielo topa una y otra vez con el inquebrantable y soberano deseo ciudadano mayoritario, la realidad se vuelve tozuda y pone a cada cual en su sitio. No valen excusas exógenas ni endógenas. Una derrota es una derrota. Ni amarga ni dulce. Derrota sin paliativos.

Pablo Iglesias puede que no sea el problema –o sí–, pero sin duda es la cara más visible de una ilusión arrolladora tornada en decepción en menos de lo que canta un gallo. Un lustro es tiempo más que suficiente para ver crecer con ilusión a un bebé y saber qué recorrido vital puede tener. No sabremos si llegará a ser astronauta, pero sí que no será un bala perdida al menos.

Nunca una frase hecha lema fundacional ha dado tanto juego político a admiradores y sobre todo detractores. “El cielo no se toma por consenso, sino por asalto”. La aspiración marxista –de Karl, no del cómico–, se ha volatilizado demasiado pronto irremisiblemente, por mucho que los tiempos políticos sean elásticos y maleables como la sardina hacia su ascua.

Enumerar justo ahora la sucesión de errores protagonizados por Iglesias in pectore en estos cinco años de existencia de Podemos   es una tarea huera

El movimiento surgido de aquel descontento generalizado germinado de la mayor crisis económica de la historia reciente presentó sus credenciales políticas por primera vez en las elecciones europeas de 2014. Y lo hizo con nota. A partir de ahí, el líder indiscutible de la formación, amparado por el respaldo indisoluble de la militancia, fue poniendo sus aspiraciones más y más altas, hasta casi llegar al cielo. Nunca lo tocó ni por asomo, y los resultados electorales que se iban encadenando iban aclarando dónde estaba el techo de la formación morada.

En medio de una mareante marea de marcas, submarcas y corrientes más o menos rebeldes, Podemos se ha ido diluyendo como el azucarillo. Y no vale achacarlo a las machaconas e incansables campañas de la caverna mediática, que ha amagado pero nunca ha dado en la línea de flotación más que por agotamiento y hastío del contrincante. Tampoco a factores endógenos, como las nunca entendibles confluencias y su sinfín de siglas, que han acabando desquiciando y despistando a los que en un primer momento confiaron en su bonhomía y en un programa que ha pecado siempre de bisoño más que de utópico.

En su grandeza como líder de una formación que representa a 3,7 millones de españoles está el saber plegar velas y dar un paso al lado

Llegados a este punto, después de unas generales históricas, estas municipales, autonómicas y europeas de 2019 han sido la puntilla para un líder que estaba hace sólo tres días pidiendo cita en Moncloa para elegir sillón ministerial mientras servía en bandeja de plata la venganza al díscolo Más Madrid de Carmena y Errejón tras dar su apoyo explícito al ex edil de IU Carlos Sánchez Mato y su marca Madrid en pie. Los más de 40.000 sufragios del ex concejal de Economía madrileño no han superado el 5% de los sufragios para obtener representación, pero han sido decisivos para que Carmena adelante su jubilación definitiva y dé paso a un gobierno a la andaluza con extrema derecha incluida.

Enumerar justo ahora la sucesión de errores protagonizados por Iglesias in pectore en estos cinco años de existencia de Podemos, en plena resaca del macrodomingo del 26-M, es una tarea huera. Este zarpazo democrático de la ciudadanía, no por previsto es menos elocuente. Se veía venir y ha llegado sin posibilidad de apelación.

Saber plegar velas

En su grandeza como líder de una formación que representa a 3,7 millones de españoles está el saber plegar velas y dar un paso al lado para que entre todos puedan otear el oscuro horizonte algo más despejado y con mayor claridad. De no hacerlo a tiempo, o sea, ahora mismo, hoy mismo si cabe, sin más dilación, la agonía se prolongará de forma cruel. Porque el problema no es que esta agonía la sufra la marca Podemos en sí como formación política, el verdadero meollo de la cuestión es que arrastre todo el sentir de la izquierda de este país hacia un abismo insondable.

De nada cabe que Iglesias no salga al balcón a entonar el mea culpa y meta la cabeza bajo el ala. Hasta en el más optimista de los análisis se apunta un solo camino para su futuro como líder político indiscutible: el de la puerta de salida. Si no lo asume más pronto que tarde el suicidio colectivo será cuestión de alguna que otra consulta electoral más, no muchas más. Seguro. La gente, esa gente a la que apela, nunca engaña con su voto, que de todos es conocido que se trata de un sufragio soberano.

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1 Comentario

  1. Sr, Blanco, en total desacuerdo con usted. No han sido los votos a Madrid en Pie los que descabalgan a la Sra. Carmena de la Alcaldía Madrid. Ha sido la deriva derechista y personalista de una jueza metida a política que se desmarcó del partido que la apoyo hace cuatro años, la que deshizo Ahora Madrid y la que ha cobijado al quintacolumnista Sr. Errejón. El PxxE no le abrirá los brazos a la próxima exalcaldesa pero sí en el futuro a su quintacolumnista. Por supuesto con el plácet del bipartidismo borbónico que, con o sin pucherazo, reinarán ayudados por los poderes fácticos y por prensa, tvs, radios e incluso aunque no les hace ninguna falta con juntaletras como usted, que se esfuerza (con viento a su favor) tanto en demostrar que Juana Rivas es perfecta como que UP dista mucho de serlo. Gracias, no nos habíamos dado cuenta.

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