Pablo Casado y su modelo de natalidad: una familia galardonada con el Premio a la Natalidad en 1969 (17 hijos)

Pablo Casado se está pasando al lado oscuro de la fuerza. Cada día que pasa el líder del Partido Popular se quita aún más los complejos a demostrar a la nación que él es un ultra y que no desentonaría en nada si en vez de enarbolar el color azul de su partido llevara el verde de Vox.

La manifestación que ha organizado para el sábado, la «fachifestación» como se la empieza a llamar, es un ejemplo más de cómo está utilizando las mismas técnicas que usaba el franquismo cuando alguien realizaba actos que iban en contra de su ideología: organizar grandes concentraciones para lanzar el mensaje de que el líder máximo tiene el apoyo del pueblo.

Sin embargo, lo grave del comportamiento de Pablo Casado es cómo está intentando que la democracia española retroceda a unos cánones de libertad decimonónicos. Más o menos lo que hizo Franco cuando instauró su dictadura y derogó todas las libertades y derechos conseguidos durante la II República.

Casado ya no tiene complejos en demostrar su ideología ultra y lo ha demostrado en las declaraciones realizadas en una entrevista concedida a la Agencia EFE donde ha lanzado un ataque frontal hacia los derechos de la mujer al unir un tema tan delicado como es el derecho a la libre elección sobre la natalidad con el sostenimiento de las pensiones: «Si queremos financiar las pensiones debemos pensar en cómo tener más niños, no en abortar». Por tanto, Pablo Casado ha mostrado claramente su percepción de la función de la mujer en la sociedad: un elemento más de una cadena de montaje en la que su único empleo es el de fabricar obreros.

¿Acaso el presidente del Partido Popular pretende reinstaurar los premios a la natalidad del franquismo o importar el concepto de la «Madre Patriótica» del estalinismo? Más bien será lo primero

Este ataque de Casado contra el derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo y cuándo quieren o no quieren ser madres no es más que una parte del pago del líder del PP a las asociaciones ultracatólicas como Hazte Oír por el apoyo que le dieron durante las primarias del pasado verano. Hay que recordar que en la campaña de Casado siempre había presentes dos camionetas de esa organización ultra que pretende despojar a la mujer de todos sus derechos para devolverla al sometimiento absoluto al hombre.

¿Acaso el presidente del Partido Popular pretende reinstaurar los premios a la natalidad del franquismo o importar el concepto de la «Madre Patriótica» del estalinismo? Más bien será lo primero.

A medida que pasa el tiempo Pablo Casado está demostrando que la imagen que pretendió dar en las primarias de su partido para ganar a Soraya Sáenz de Santamaría de un político joven que pretendía regenerar al PP no era más que una falacia que no tenía otro interés que mostrar una cara cuando, en realidad, lo que buscaba realmente era la regresión hacia el modelo de la Alianza Popular de Manuel Fraga y de los «siete magníficos», todos ex jerarcas del franquismo.

Lo mismo podemos decir de su mano derecha, Javier Maroto, quien sorprendió también con un ataque frontal a las mujeres diciendo que abortan como un método de conciliación laboral, dando datos falsos como que la mayoría de los abortos se producen en parejas de hecho (no en matrimonios, ojo a este matiz) a partir del tercer hijo cuando, en realidad, según los datos de Ministerio de Sanidad, el 45% de las mujeres que deciden libremente interrumpir su embarazo son primerizas.

Todo esto demuestra que el nuevo PP de Casado, que no es más que la fotocopia de la AP que, por ejemplo, pretendía que partidos de izquierda no fueran legalizados, es un fraude político y democrático, como lo empieza a demostrar ser su líder y adláteres.

5 Comentarios

  1. Este periódico es muy bueno en el caso banco popular, pero en lo demás es cómo si cómo si leyera a ignacio escolar, muy malo.

  2. Artículo ignorante, sesgado y demagógico.
    Por lo menos le voy a recordar al autor que no somos pocos los que defendemos a los niños no nacidos que no somos ni católicos ni creyentes de ninguna otra religión

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