El próximo mes de abril Madrid activará la prohibición de espectáculos circenses con animales salvajes después de la moratoria de un año que fue decretada por el Ayuntamiento dirigido por el popular José Luis Martínez-Almeida. Será una nueva victoria de Manuela Carmena, que pese a que fue desalojada del poder municipal por la derecha está viendo cómo su idea de Madrid sigue adelante en muchos aspectos como la lucha contra el cambio climático o la protección de los animales. Fue Carmena quien prohibió el latigazo al león y el palo al elefante tras la preceptiva modificación de la ordenanza de Tenencia y Protección de Animales. En un Pleno municipal celebrado en marzo de 2019 Carmena logró reunir los apoyos de Más Madrid, PSOE y Ciudadanos y sacó adelante su iniciativa. Aquella moción establecía que el uso de mamíferos salvajes en espectáculos públicos está “injustificado”, tiene un “escaso o nulo valor educativo, conservacionista y económico” y además incumple la declaración universal de los derechos de los animales de 1987, en la que se recoge que todo animal salvaje tiene derecho a vivir libre en su propio ambiente natural.

Una vez más el PP se quedó solo en su “no” a una medida que ennoblecía y dignificaba la ciudad de Madrid. Y en junio, cuando Martínez-Almeida llegó al poder tras sus pactos con la extrema derecha, anunció a bombo y platillo que derogaría todas las ordenanzas de Carmena. La decisión fue celebrada por la Asociación Circos Reunidos, que en un mensaje en Facebook mostró su alegría: “¡Gracias Madrid! El cambio ya ha llegado, ahora sí que sí, os garantizamos que al menos en los próximos 4 años, tanto en la Comunidad Autónoma como en el Ayuntamiento de Madrid va a seguir habiendo circo tradicional, el de verdad, circo con animales”.

Hoy las gentes del mayor espectáculo del mundo habrán podido comprobar con estupor cómo se las gastan estos dirigentes populares, estos maestros de la prestidigitación, estos grandes magos del circo de la política especializados en sacar conejos de la chistera y esconderlos como por arte de birlibirloque. El PP hoy dice una cosa y mañana la contraria y es capaz de mostrarse como el partido más verde y ecologista del mundo mientras se celebra una cumbre climática en Madrid y al día siguiente, cuando se acaba el evento y Greta Thunberg vuelve al colegio, va y sale Díaz Ayuso con que la contaminación no mata. Nada por aquí, nada por allí. Trilerismo circense en tres pistas. Pasen y vean.

Si ayer el PP hacía bandera en contra de Carmena, esa abuelita comunista defensora de los gatitos, leones y otros felinos maltratados, hoy tiene que tragarse el sable, como en el número del faquir, y dar luz verde a la ordenanza que fue aprobada en su día, como no podía ser de otra manera, ya que la decisión se sustentaba en una recomendación de la Federación Veterinaria Europea y en la Declaración Universal de los Derechos de los Animales. Ayer mismo el equipo de Martínez-Almeida tuvo que asumir desde la Concejalía de Seguridad y Emergencias que las ordenanzas “son de obligado cumplimiento”, de modo que la moratoria seguirá en vigor hasta abril de este año, cuando caducará sin remedio. Entonces Madrid será una ciudad libre de explotación animal y terminará uniéndose, muy a pesar de su alcalde, a otras nueve comunidades autónomas y casi 200 municipios españoles (66 de ellos en Madrid), que ya se han declarado libres de circos con animales salvajes en sus respectivas legislaciones. A partir de ahora, por fin, los niños madrileños que vayan al circo ya no tendrán que ver cómo un recio domador con casaca roja, bigote prusiano y fiero látigo en la mano fustiga a un pobre oso pardo cuyos ojos son más nobles, tiernos y humanos que los de muchos políticos que nos gobiernan.

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