Como explicamos en otro artículo anterior, la principal diferencia práctica entre las políticas neoliberales y las políticas socialdemócratas está en la intensidad del funcionamiento de esa “máquina” llamada Capitalismo. Es una concepción básica creer que el Capitalismo debe funcionar sin cortapisas que entorpezcan las oportunidades de negocio, aunque se produzcan desmanes, injusticias y desigualdades, y aunque la mayoría de la población se haga más pobre, siempre y cuando se hagan más ricos aquellos que propugnan ese mismo Liberalismo. Por otra parte, los socialdemócratas pensamos que el Capitalismo debe funcionar de una forma “atemperada”, poniendo filtros y cotos a sus desmanes, controlándolo en definitiva, para evitar esas injusticias, esas desigualdades, y, paradójicamente, alargando la vida de ese mismo sistema que, no olvidemos, está basado en el consumo.

Allá por el año 1987 el gobierno socialista de la región de Murcia promulgó una Ley de protección del Mar Menor que establecía hasta dónde y de qué manera se podía construir, se podía sembrar, regar, así como el establecimiento de los espacios de ocio, todo ello compatible con el desarrollo sostenible y el mantenimiento óptimo de la salud de esta laguna salada única en el mundo, auténtico patrimonio de la humanidad.

¿Qué hizo el grupo parlamentario popular en aquellas fechas? Plantear un recurso de inconstitucionalidad, presentado por el ínclito Federico Trillo, un michironero de Cartagena que demostró lo poco que quiere a su tierra. La Ley se demoró, aunque salió adelante protegiendo el litoral de la barbarie desarrollista, del todo vale, de la ley del oeste y el revolver más rápido en que se convirtió toda esa comarca una vez que el Partido de los Poderosos obtuvo el poder central y autonómico, derogó la Ley y promovió otra que permitía la construcción salvaje, la proliferación de pozos de riego ilegales, y, en definitiva, la degradación de la vida de la zona, y del ecosistema marino de la laguna. Era la gallina de los huevos de oro, y había que exprimirla hasta matar a la gallina. Una vez muerta, quienes durante años han esquilmado la zona, grandes empresas todas ellas (convenientemente sufragadoras de campañas) terminarán por marcharse con el beneficio a otra parte, dejando a la ciudadanía de Murcia y al Mar Menor, de cuerpo presente dispuesto para su entierro. ¿Que una vez muerto el Mar Menor la zona cae en la más absoluta pobreza, yerma, ajada, y exprimida? No importa, se busca otro “manantial”, y punto.

El Mar Menor está a punto de morir. Será una catástrofe para la economía de esa comarca. Hacen falta culpables. Yo les voy a dar uno: Zapatero. Eso será lo que dirán los mismos que derogaron la Ley que protegía el litoral de los desmanes de las políticas neoliberales. ¡Qué gran hombre, Zapatero! ¡Qué bien asume las culpas! Ah, no, espérate, que Zapatero ya está… pues entonces, Pedro Sánchez. Sí, la culpa será de Pedro Sánchez, que no ha dispuesto las depuradoras necesarias para nuestros vertidos ilegales…

Solo espero que nuestros actuales políticos del Partido Socialista de la Región de Murcia sepan defender bien el relato correcto de lo que ha pasado, y está pasando, con una auténtica joya que tenemos los ciudadanos y ciudadanas de la Región de Murcia, y que está a punto de extinguirse. Espero que sepan contestar a las falsas acusaciones, oponerse a los fútiles argumentos de los “fallos de gestión”, o de “financiación”, y sepan ir al fondo del asunto que no es otro que las enormes diferencias entre el modelo social que proponen los liberales (que rima con “todo vale…”) y el modelo social que proponemos los socialdemócratas, sostenible, equitativo, igualitario, amable, y, por qué no decirlo, cristiano. No consintamos ni medio minuto más que se confunda a la ciudadanía, o que nos tomen el pelo a nosotros. Y, por cierto, Adán solo hubo uno y le pasó lo que le pasó por no hacer caso. Basta ya de creer que antes de nosotros no había nada. Antes había un Partido Socialista que trabajó mucho para que ahora tengamos lo que tenemos, y muchas compañeras y compañeros se dejaron lo piel en el empeño. Igual, si los escuchamos y los respetamos un poco, sin creer que el Socialismo ha empezado con nosotros, nos iría mejor a todos, y a todas.

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