El verano que tenía nueve años, fui de vacaciones con mis padres a descubrir la Costa Brava desde un camping de Palafrugell. A media tarde, cuando volvíamos de nuestras expediciones para conocer el museo de Dalí o Ampuria Brava, entre otros secretos de Girona, me entretenía jugando a la pelota o creando aventuras con otro chico vecino de parcela, con el que fraguamos una práctica amistad de juegos y diversión.

El caso es que aquel niño era alemán y no tenía ni idea de español, y yo, de alemán, sabía lo que le escuchaba a mi padre, quien lo hablaba por aquel entonces y lo sigue leyendo. O sea, éramos capaz de jugar, vivir sin miedos y sin prejuicio alguno, ya que nuestros padres no nos inculcaron el miedo al diferente (o por lo menos a mí).

Esta anécdota me vino a colación de la pregunta que un amigo inversor me hizo tras leer mi columna ‘Otra innovación es posible’: “¿Qué tiene que hacer un país para que haya un espíritu nacional de inventar y emprender?

Con respecto a emprender, el equipo de Francisco Polo en breve presentará la Ley de Startups. Sobre lo de inventar, creo que la clave está en la educación y en la medida en que los docentes esculpimos a cinceladas el bloque de mármol que nos confían, si lo convertimos en losetas o dejamos que aflore el David de Miguel Ángel que cada persona trae de fábrica y luego se materializa en talento.

Como escribió Esther Borao en su artículo ‘Talento colaborativo contra la covid-19’, publicado en mayo del 2020 en El Heraldo para dar las gracias a la comunidad maker que crearon e imprimieron pantallas y respiradores al principio de la pandemia: “creo que todas las personas tenemos un talento escondido y es la educación la que debería darnos la posibilidad de descubrirlo”.

Talento que echaba en falta el sábado pasado Jose Luis Vallejo (@jlvallejo) en un tuit, al que le respondía Fernando Polo (@abladias): “es difícil crear estructuras y organizaciones que faciliten que aflore, en lugar de quedar sofocado por la jerarquía y la burocracia”.

La semana pasada, tras un año de reflexión vital como sociedad, Ángel Gómez de Agreda escribía en la revista Telos: “es más fácil gestionar seres previsibles y adocenados que individuos imprevisibles e innovadores. Para ello, para ser más humanos y menos parte del engranaje de una máquina, tenemos que cambiar radicalmente nuestro sistema educativo. El actual fue creado para dotar de mano de obra a las fábricas de la revolución industrial. El que necesitamos no debe pretender incrementar la productividad porque no está diseñado para un mundo dominado por una oferta avariciosa, sino por una demanda inteligente. Crear esa demanda -o, mejor, esa inteligencia- es la labor de nuestras escuelas y universidades.

Así mismo, Eduardo Manchón publicaba en su tribuna semanal en Teknautas esta conclusión: “probablemente, los seres humanos necesitamos trabajar, de algún modo disfrutamos haciendo tareas y recogiendo frutos, pero eso no significa forzosamente trabajar más horas. En muchos casos, lo más productivo es dejar de trabajar y pararse a pensar, lo que curiosamente es más difícil y meritorio que seguir agachando el lomo.”

Es curioso cómo estamos acostumbrados a hablar de las consecuencias, sin analizar las causas, ¿dónde aprendieron esos adultos a creer que si le echaban más horas tendrían más éxito? ¿Nacieron con ellas o aprendieron lo de “la letra con sangre entra” en algún lugar? Algo así como el reciente asistente virtual Atent@ español, ideado para que los niños con TDAH se concentren y hagan los deberes y se conviertan en anodinos robots completa-tareas, cual hormiguitas, para que se labren un futuro y no sean conscientes de su don presente. Me alucina que, en el siglo XXI, sigan siendo legales los deberes, cuando los alumnos ya se tiran prácticamente una jornada laboral en el colegio físico o virtual.

Sobre lo de trabajar como hormigas, Rafa Martínez-Cortiña me descubrió que es una expresión errónea en su post “lecciones de gobernanza de las hormigas”, que publicó hace un mes en su blog Ciudadano del siglo XXI: “las colonias de hormigas aumentan su eficiencia al permitir que sus trabajadoras tomen tiempo libre. Cuando la colonia se vuelve muy numerosa, hasta el 80% de los trabajadoras podrían no estar haciendo nada de nada”. Lo que me recuerda a los libros del neurobiólogo Stefano Mancuso.

Ante tanta desazón, mi admirado César Bona acude al rescate, al presentar la semana que viene su nuevo libro ‘Humanizar la educación’. Como soy más de hechos que de palabras, a continuación te planteo acciones que se están realizando para paliar en gran medida el abismo que nos afecta en España, que son el paro juvenil y los casi desahuciados Ninis (ni estudian ni trabajan), de los que conozco a algunos que tenían ideas emprendedoras muy interesantes, pero sin casi apoyo y confianza en sí mismos.

Por un lado, el lustro que lleva en marcha la aceleradora SEK lab para startups que planteen innovar en la educación, dirigida por Félix López, entre las que destacaría Smile and learn, por su forma de plantear el aprendizaje personalizado interactivo para personas de 3 a 12 años. A la par que el SEK, sé que hay otras instituciones educativas trabajando para dotar a David del cincel de modo que se pueda esculpir desde dentro.

El próximo mes de mayo, la alicantina María Villar será la representante española en los Global Entrepreneur Awards con su app Foodinn, que ayuda a digitalizar las cartas de los restaurantes en un código QR. María estudia el grado LEINN (liderazgo Emprendedor e Innovación) de TeamLabs. Y no es casualidad, porque es un modelo universitario diferente, donde al empezar a estudiar una carrera tienes que montar una startup y validarla en el mercado real como laboratorio de la vida que es. 

Como me recordó Félix Lozano, CEO y cofundador de Team Labs, Mondragón comenzó en el año 1943 con la idea de que los estudiantes emprendiesen y en 1956 se lanzó lo que hoy conocemos como Corporación Mondragón, en paralelo a aquel proyecto de Escuela Profesional que 80 años después se llamaría Universidad de Mondragón. Teamlabs es una disrupción de ese proyecto desde 2011.

Lo cual se comprende al ver cómo en el País Vasco tienen uno de los niveles más bajos de Europa de abandono educativo temprano, de un 6,4%, y un porcentaje de ninis muy inferior al resto del Estado. Como me explicó Jorge Arévalo, Viceconsejero de Formación Profesional del Gobierno Vasco: “Tenemos unos programas específicos de diversificación curricular para el alumnado que tiene problemas en la secundaria obligatoria. Estos programas le dan una cobertura buena para que termine el ciclo completo de la ESO. Además, tenemos una FP básica flexible para el alumnado que, por motivos específicos, no puede realizar esa diversificación curricular. Esta FP básica la conectamos con la FP de grado medio para que adquieran mayor nivel de conocimiento y accedan con mayor facilidad al empleo. Y luego está la FP en general, que aquí es muy potente y con una alta empleabilidad.

Por otra parte, Edgard González dirige, desde hace unos años, el Grado de Diseño de la Universidad del Instituto de Empresa, al plantearles sustituir las enclaustradas enseñanzas de diseño industrial, interiores, gráficos, moda, etc. por un grado de diseño donde se prepara al alumnado para ser capaz de diseñar de forma transversal en constante cambio, adaptándose con agilidad a las circunstancias del momento.

En conclusión, quizá acabar aquí sería lo más adecuado, pero tengo tendencia a tirarme a la piscina sin agua, así que allá que voy. Mis sugerencias para que la educación sea una rampa de lanzamiento de personas  inventoras serían:

  • Eliminar los deberes por ley: si, como docente, no te ha dado tiempo a que comprendan la enseñanza, cambia de método. Los genios necesitan aburrirse para crear e inventar.
  • Plantearse que si una persona joven no se concentra, puede que lo que quieras enseñar carezca de sentido para la vida. ¿Educamos humanos o robots?
  • Inculcar a los padres que el talento es indiferente al género, como demostró Valeria Corrales en Got Talent hace unas semanas al crear un robot que resuelve el cubo de Rubik.
  • Eliminar el pensamiento en el docente de que un ejercicio solo tiene una solución. Si el alumnado plantea otras soluciones, premiarlas Si no, ¿cómo se crea el pensamiento crítico? Si aprendemos rápido lo que quiere escuchar el docente. .
  • Enseñar a tomar decisiones. Como planteó Jaime Rodriguez de Santiago en la Newsletter Suma Positiva 73 de Samuel Gil hace unas semanas.
  • Dejar de clasificar a las personas por notas. Qué más da, si su empleabilidad futura no dependerá de una nota de corte, excepto que quiera ser funcionario, pero en 2030, con 6G, una Inteligencia Artificial se aprenderá todo más rápido de memoria.
  • Aceptar que cada persona tiene gusto por tropezarse en la misma piedra y fracasar no supone un aprendizaje en sí mismo. Aceptar el fracaso como animal de compañía, para que las personas se atrevan a atreverse, pero poco más, no es fracaso, si no parte de tu camino, una experiencia más, ni buena ni mala.
  • Aprender a relativizar los mensajes del exterior y enseñar PNL, Programación neurolingüística, entendiendo que cada persona es responsable de decidir cómo quiere tomarse su día a día, desde la sonrisa o la frustración.
  • Enseñar a sumar con el diferente, con el que tiene otra solución equidistante, escucharnos desde la empatía y el respeto, como Francia y Alemania crearon la Unión Europea.
  • Como planteó Christian Gálvez hablando de Leonardo da Vinci en ‘Aprender Juntos’, debemos aceptar la polimatía, la amplitud de conocimientos.
  • Cambiar el chip: la educación nos da herramientas para aportar a los demás y mejorar nuestra vida, pero no llegamos a la escuela como una tabla rasa. Cada persona nace con un don que se traduce en talento, y si no lo refleja en su vida profesional, lo llamamos pasión o hobby.

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Soy abre puertas, se me da bien conectar necesidades con soluciones. Me rijo por tres frases: la de mi madre “la vergüenza pasa y el provecho queda en casa”; la de mi padre, “la persona más feliz es la que menos necesidades tiene”; y la mía, “para crear valor hay que tener valor”. En plan profesional, soy FEO (Facilito Estrategias Operativas), cofundador de Xaudable, conecto innovación con el mercado, mentor y docente en @eoi y @SEK_lab. Emprendedor con mi startup de comida rápida saludable. Autor libro “abre puertas, cómo vender a empresas”. Miembro de @Covidwarriors. En otras décadas organicé en IFEMA la feria Casa Pasarela y fui gerente de un concesionario oficial en Madrid de motos Honda. Licenciado en Dirección y Administración de empresas por CEU San Pablo, diplomado en diseño industrial por IED (Instituto Europeo Di Design), master de comunicación aplicada en Instituto HUNE.

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