La famosa estatua que homenajea a Wilde en Dublín en la plaza Merrion mira directamente a la casa que vio nacer al artista.

Si hay en la historia de la literatura un escritor que hizo del arte una forma de vida en sí misma, el elegido no puede ser otro que el autor irlandés de lengua más afilada y pensamiento inigualablemente mordaz. Oscar Wilde fue un brillante dramaturgo, novelista, ensayista y poeta que dejó obras universales para la posteridad. En todos estos géneros literarios sobresale un denominador común: el arte y el homenaje constante que a él le rinde en sus palabras y reflexiones.

La editorial Elba rescata ahora Sobre el arte y el artista, una selección de escritos publicados originariamente por DVD Ediciones en el año 2000 con motivo del centenario del fallecimiento del dublinés universal. María Ángeles Cabré ha seleccionado y prologado los textos que sobre el arte y el artista escribió Wilde a lo largo de su dilatada carrera. “Oscar Wilde vivió por y para el arte. Ésa fue la clave de su existencia y es también la clave de su posteridad. Al arte consagró en su opinión su talento y en la nuestra su genio”, apunta Cabré.

Wilde tenía claro que “la vida imita al arte mucho más que el arte imita a la vida”. En ese tour de force en el que siempre se movía el artista con elegancia y sabiduría hallaba la fuente de la que emanaban sus creaciones. “La vida le ofrece el espejo al arte y reproduce algún tipo extraño imaginado por el pintor o escultor, o realiza con hechos lo que ha sido soñado como ficción”, decía.

Como recalca la responsable de esta selección, Sobre el arte y el artista es el resultado de “un viaje exhaustivo por la obra de Wilde, en todos sus géneros”. En esta interconexión hallaba el autor de El retrato de Dorian Grey múltiples posibilidades para aplicar, sin cortapisas y en absoluta libertad, su lucidez y capacidad de corroer las entrañas del pensamiento biempensante de la época, que ha llegado incólume a nuestros tiempos, más vivo que nunca incluso.

Queda la esperanza

En el prefacio a El retrato de Dorian Grey, uno de sus aforismos subraya que “los que encuentran bellas intenciones en las cosas bellas son cultos. A éstos les queda la esperanza”. En esa esperanza navegó siempre un creador que supo como pocos poner en jaque el pensamiento establecido como norma por sus contemporáneos a todos los niveles, y también a la sociedad que le tocó sufrir hasta límites bochornosos. Paradigmático es en este sentido el triste final de sus días en una prisión parisina bajo la grave acusación de sodomía.

Los aforismos aquí seleccionados proceden de conferencias, artículos y ensayos del autor de Un hombre sin importancia. Pero sobre todo de un texto clave en su ideario del arte y el artista: El crítico como artista. Para disfrute de la posteridad quedan las conversaciones que mantienen sus dos protagonistas, Ernesto y Gilberto, afanados en levantar y derrumbar teorías en torno a la creación al mismo ritmo que el propio arte se encarga de abrir puertas y ventanas para la entrada de aire nuevo.

 

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