En camilla y ayudada por los miembros de Open Arms y la Guardia Costera italiana. Así era evacuada del barco de la ONG española una mujer libia embarazada. Junta a ella otra mujer que con una sonrisa miraba horas antes una ecografía de su hijo.

En total dos embarazadas y la hermana de una de ellas: «Debido a las torturas, debido a la violencia física y sexual y que habían matado a su marido, hace realmente poco se ha evacuado a su hermana para que la acompañara durante todo el proceso», explica Anabel Montes, jefa de la misión del Open Arms.

Mientras, el resto intenta descansar arropados con mantas y mientras amanece la proa del barco acoge a estos 121 migrantes. Los más pequeños, que se despiertan antes, esperan junto con sus familias un puerto seguro en el que desembarcar.

El Open Arms continúa en aguas internacionales a la espera de que Malta o Italia les abran sus puertos. Salvini ya ha dicho que no dejarán entrar a ninguna ONG: «Si entran en aguas territoriales italianas confiscaremos el barco».

Desde España, el president de la Generalitat, Quim Torra, ofrece puertos: «Ante las situaciones de bloqueo como la actual, los puertos de Cataluña siempre entarán a su disposición». Aunque él no tiene la capacidad de autorizar la entrada de barcos.

Mientras algún país de la Unión Europea atiende su llamada de socorro, la situación a bordo es cada vez más complicada: «»Cada minuto que pasa la situación empeora y necesitan urgentemente ser desembarcadas en un puerto seguro ya», asegura Montes.

No solo el Open Arms espera puerto seguro: a 20 millas de Malta se encuentra el Allan Kurdi de la ONG alemana Sea Eye. En él 40 migrantes, que fueron rescatados hace dos días. Migrantes a los que muchas veces solo les queda rezar y esperar. Eso sí sin jamás perder la sonrisa.

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Directora Diario16.com Periodista en cuerpo y alma, licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad del País Vasco, tras 15 años en medíos de comunicación, creó Comunica2 con su compañero de vida y también periodista, Sergio Arestizabal, para demostrar que otra forma de comunicar es posible. Tras sufrir censura y presiones de los poderes públicos en el ejercicio de su profesión, hoy es libre. Durante años ha asesorado personas y empresas en crisis o injustamente juzgados por la opinión pública y publicada. Hoy tiene el reto de que el Periodismo abra un profundo debate interno sobre cómo recuperar la honorabilidad de aquellas personas a las que por error enturbió su imagen pública. Inconformista y crítica, como debe ser una periodista.

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