Un fracaso en la campaña de vacunación supondría el colapso de la economía nacional y condenar al país a la ruina total durante años, probablemente décadas. No podemos permitírnoslo. Por eso es absolutamente necesario que nuestros políticos y las Administraciones públicas, todas ellas sin excepción, se pongan las pilas en un asunto de Estado de la máxima prioridad. Todos los esfuerzos de la sociedad deben volcarse y concentrarse en ese único objetivo: lograr la vacunación de al menos el 70 por ciento de la población española antes del próximo verano. Solo así conseguiríamos una cierta inmunidad de rebaño y evitar el confinamiento duro, cuya sombra amenazante planea de nuevo sobre todos los países europeos. Solo así lograremos salvar la hostelería y el turismo, los dos sectores insignia de los que dependen millones de familias y miles de empresas. Ahí esta el caso de Reino Unido, que estos días vuelve a encerrar a su población en casa ante el colapso sanitario provocado por la nueva cepa mutante de coronavirus.

Por lo tanto, conviene tomarse el asunto de las vacunas como si nos estuviésemos jugando no solo la vida, sino el futuro de varias generaciones y el del país mismo. Ahora más que nunca la comparación con una guerra es más que acertada. La ciencia, en un despliegue de talento y recursos sin precedentes, nos ha dado el arma definitiva: las vacunas. Pero, una vez más, los políticos no están a la altura de lo que se espera de ellos. El arranque de la campaña de vacunación ha sido ciertamente decepcionante y a fecha de hoy parece imposible que podamos alcanzar el objetivo de inmunizar a la mayor parte de la población española antes del verano. No se han planificado bien los tiempos; no se ha previsto que la operación es de tal envergadura que no disponemos del personal sanitario suficiente para llevarla a cabo. El ministro Salvador Illa, en un arrebato de optimismo, garantiza que los próximos días alcanzaremos la «velocidad de crucero» en la campaña de vacunación. Ojalá acierte, ojalá no sea otro error de cálculo más de los muchos que hemos tenido que sufrir estos meses, sin duda los más duros de nuestras vidas. Si hay que redoblar las plantillas de médicos y enfermeras hágase. Inviértase hasta el último euro de las arcas públicas en una misión, inocular las dosis milagrosas a 47 millones de personas en apenas seis meses, que a día de hoy se antoja imposible.

El virus debe ser derrotado sí o sí porque en ello va la supervivencia del país. Cualquier otra consideración o problema debe ser aparcado sin dudarlo. Acabar con la maldita pandemia que tanto dolor y padecimiento está originando en España debe convertirse en una obsesión para cada ciudadano, que en la medida de su responsabilidad debe saber estar a la altura de las circunstancias. Ahora más que nunca debemos dar la talla de lo que somos como sociedad.

El director de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, ha instado a los países a vacunar «lo más rápido posible» a sus poblaciones frente al coronavirus, y a las compañías farmacéuticas que aumenten el suministro de vacunas y que este sea «asequible y coherente». En la primera rueda de prensa del año, Tedros ha destacado que las vacunas contra el covid-19 que se están administrando en la actualidad son «muy efectivas y seguras» para las poblaciones que tienen un alto riesgo de enfermar tras infectarse del coronavirus.

Un año después de que se informara por primera vez de la existencia del coronavirus, más de 30 países han comenzado a vacunar a sus poblaciones más vulnerables. La comunidad científica ha establecido un nuevo nivel para el desarrollo de las vacunas y ahora la comunidad internacional debe establecer unas pautas para el acceso a las mismas. De similar forma piensa la prensa francesa, que hoy mismo alerta de que si no doblegamos la curva la recuperación económica en el año 2021 correrá serio riesgo. Miles de empresas cerrarán, el paro será galopante, nunca antes se habrá visto una crisis similar, ni siquiera en el crack del 29. Será el propio infierno sobre la Tierra. Por tanto, ahora toca ponerse en modo casi militar y asumir lo que nos ha tocado vivir. Esta es nuestra guerra, como nuestros padres y abuelos tuvieron las suyas. Y tenemos la obligación moral de ganarla. Los truculentos episodios protagonizados por irresponsables festeros o excursionistas enloquecidos que tratan de escapar a la sierra de Madrid, provocando fuertes atascos circulatorios en plena pandemia, deben ser cortados de raíz. El Gobierno está para gobernar y la Justicia para imponer la sanciones a quienes incumplan las normas sanitarias. Empecemos a actuar ya como un Estado fuerte y sin complejos frente a los negacionistas y gamberros descerebrados. Unos pocos no pueden hundir a todo un país.



Apúntate a nuestra newsletter

1 Comentario

  1. Con vacuna o sin vacuna tendremos pandemia para mucho,pero para mucho.
    ¿Acaso con las vacunas actuales,sacadas a la venta a prisa y sin testear suficientemente alguien en su sano juicio cree que la situacion se va a terminar pronto?
    Queda mucho,pero mucho, de pandemia.
    Aun no queremos enterarnos de que estamos asistiendo a un cambio planetario.
    El mundo no cambio en 2012 como se pensaba,esta cambiando ahora,desde el 2020.

Dejar respuesta

Comentario
Introduce tu nombre