Voy a decirlo otra vez: fascista es quien invierte el significado de las ideas para consolidar su posición de fuerza. Y entonces pide la paz, la verdad, la familia, la patria, el bien, el trabajo, el orden… que habría que traducir así: soy un hijoputa al que sólo le interesa obtener el máximo rendimiento de todo lo que me rodea… a costa de los demás.

A mí los estibadores o los controladores aéreos en realidad me la reflonflinfan. Voy a ser breve, y no me atribuyo la originalidad del argumento, pero conviene traerlo a colación: ¿Existe esa entelequia del “trabajador privilegiado”? En nombre del Liberalismo intentamos no permitir el abuso de estos consentidos (fijos, sueldazos, puestos hereditarios, capacidad de negociación colectiva, horarios, turnos, vacaciones, pluses…); en nombre la libertad de mercado queremos acabar por decreto con estos privilegiados que no quieren someterse a la competencia…

Stop. ¿El que contrata trabajadores así es gilipollas por definición? Una de dos: o los mantienen a cuerpo de rey amparados en pérdidas y vejaciones millonarias, o éstos contratadores obtienen beneficios de su trabajo y por tanto el pacto es fruto de una negociación liberal perfecta y legalmente asumible. A no ser que llamemos “privilegio” a las condiciones que me impidan ganar a mí siempre y sin justificación lo que me salga de los cojones (o el potorrillo).

Cuando oigo a las clases medias (¿somos?) atacar a un grupo de asalariados en nombre del Liberalismo y la competencia: miro mi winchester (cito una canción de Robyn Hitchcock)… pero sólo para la defensa propia. Porque vienen dando fuerte, y nosotros indiferentes o bailándoles el agua. Viva el Mercado, viva la Libertad, y viva la Negociación Colectiva… ¿o me liao?

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