El presidente del Gobierno afirmó el pasado sábado que no había otra opción más allá de la renovación del estado de alarma. No hay un Plan B. Esta declaración, de ser cierta, muestra cierta improvisación porque, cuando se toman decisiones en cualquier ámbito de la vida, siempre hay que tener una segunda opción para llevar a efecto, en otras condiciones, dicha decisión. En política es mucho más necesario que nunca contar con un segundo camino, sobre todo cuando está en juego la salud y la vida de la ciudadanía.

El momento de crispación, división y desafección provocada por la desleal oposición de la derecha, de los ultras, también de determinados partidos nacionalistas conservadores que no miran más allá de sus competencias autonómicas, marcar los tiempos en la comunicación de las medidas a adoptar es fundamental. De igual manera que en estas páginas se ha ponderado la prudencia, poner sobre la mesa una única solución para la gestión de la crisis sanitaria puede ser contraproducente, puesto que les da un arma a sus opositores para, en primer lugar, romper todos los logros obtenidos hasta ahora, sobre todo en lo referido a la contención de la pandemia y, en segundo término, para generar aún más desafección en un pueblo que está sobresaturado de bulos y de mensajes orientados a generar oposición popular.

La postura adoptada por la derecha, los ultras y esos partidos nacionalistas conservadores que pueden estar pretendiendo ganar el protagonismo perdido en esta crisis, de negarse a una nueva prórroga del estado de alarma no es más que la muestra de su propia ineficacia. Sin embargo, esta ineficiencia, que ha llevado a Pablo Casado, por ejemplo, a ser el político menos valorado por los españoles y españolas, se trastoca en irresponsabilidad si el próximo miércoles decide votar en contra de la prórroga.

La urgencia de las empresas está siendo aprovechada por Casado, Abascal y compañía para poner en dificultades al Gobierno de Sánchez puesto que no es coherente que el presidente anuncie medidas de protección social que luego, de un modo u otro, no llegan a materializarse para la ciudadanía.

Una de las características fundamentales del arte de la política es el saber marcar los tiempos a la hora de adoptar medidas o de tomar decisiones. La precipitación es muy peligrosa, sobre todo cuando no se ha calculado el efecto que puede tener en el pueblo.

En el momento actual, frenar las medidas de confinamiento es un verdadero suicidio colectivo. Ni en Wako se llegó a tanto porque, no prorrogar el estado de alarma, está poniendo en peligro la vida de 47 millones de personas, dado que el relajamiento de la protección de la salud supone volver a la misma normalidad en la que se produjeron el primer gran brote. En China, por ejemplo, no rebajaron el aislamiento social hasta que, durante una semana, no se produjo ningún contagio. En España aún se están produciendo contagios y más de 150 muertes diarias. ¿Está el pueblo preparado para enfrentarse nuevamente al miedo y la muerte?

Además, surge otra pregunta: ¿está preparado el sistema sanitario para afrontar un rebrote de la enfermedad? Los profesionales de la sanidad siguen reclamando más medios, a pesar de que el número de personas ingresadas en los hospitales por el Covid19 es mucho menor, siguen viendo que les falta material para atender a los pacientes en las UCI. La situación no está mucho mejor de lo que estaba en el mes de marzo con relación a los recursos. Pueden haber aumentado el número de respiradores, pero las camas de los hospitales y las plazas en cuidados intensivos son los mismos. Eso sí, con una plantilla diezmada porque más de 40.000 sanitarios han sido víctimas de los contagios, precisamente por una falta de medios que aún no ha sido repuesta, tanto a nivel material como, sobre todo, a nivel humano.

Por esta razón, ¿qué harán los profesionales sanitarios si se produce un rebrote? Su profesionalidad se lo impediría, pero sería más que justificable que pararan, que se plantaran, porque el más que posible incremento de los contagios si no se prorroga el estado de alarma los expondría ya de manera definitiva. Doctores, doctoras, enfermeras, enfermeros, celadores y celadoras con los que ha hablado Diario16 en las últimas horas afirman que temen un rebrote porque se les va a poner en una situación en la que no van a poder ejercer su profesión y hacer lo que su conciencia les indica: salvar todas las vidas posibles. Algo tendrán que hacer para que quienes tienen que tomar decisiones las adopten pensando en el pueblo y no en sus intereses particulares.

Por otro lado, tanto la derecha, los ultras como esos nacionalistas conservadores más preocupados de sus competencias o de su protagonismo mediático estarían socavando lo que realmente significa el Congreso de los Diputados: el lugar donde reside la soberanía popular y donde se legisla para proteger al pueblo, no para exponerlo aún más de lo que está en esta pandemia.

El panorama, desde luego, no es muy propicio para el Gobierno, pero, sobre todo, pinta un futuro muy oscuro para la ciudadanía haciendo una perspectiva de voto de cara a la sesión del próximo miércoles. El Ejecutivo necesitaría abstenciones tanto de los principales grupos nacionalistas conservadores como de los de izquierda (aunque el NO de ERC no me lo creo), que en los últimos días han mostrado una oposición frontal a la prórroga del estado de alarma. Sin embargo, el PP, no apoyando la nueva prórroga, podría abstenerse, ya sea por una negociación con el Gobierno, ya sea por lanzar un mensaje a su electorado de que el partido conservador no ha perdido su sentido de Estado.

Hasta que los datos de la pandemia estén estabilizados, hasta que no haya una disponibilidad de test que determinen los contagios de manera rápida, hasta que no haya una seguridad de que cualquier rebrote pueda ser contenido de manera eficiente, las medidas de confinamiento y el estado de alarma es la prioridad para el Gobierno y debería serlo para el resto de la clase política. Una vuelta atrás sería nefasta en todos los ámbitos, sobre todo en lo económico que es lo que realmente están defendiendo la derecha, los ultras y determinados partidos nacionalistas conservadores muy ligados siempre a los intereses del empresariado de sus regiones. Entonces, ¿qué respuesta darán? ¿Echarán en cara al Gobierno el rebrote? Lo harán, porque quien no tiene escrúpulos para exponer a la enfermedad y a la muerte a sus compatriotas, no puede disponer de la dignidad para asumir sus errores. Y este es un gran error.  

5 Comentarios

  1. 43.994 profesionales de la Sanidad contagiados si que se merecen hacer un plante y lo que les salga de los mismisimos.

  2. el ejercito esta probando con rayos ultravioletas acabar con el virus
    me preocupa, ya que la gran mayoría de los científicos son de izquierda, bueno, la gran mayoría de personas inteligentes del mundo son de izquierdas, no sea que produzcan un rayo que haga que la gente piense y con eso se acaba el PP y Vox

  3. mientras haya ‘personal sanitario ‘ haciendose selfis comn ayuso para despues bailar la conga de jalisco
    , me puedo creer cualquier cosa

    el personal sanitario tiene ideologia , y en este pais el problema son los carcas . por llamar de alguna manera al bloque de derechas

  4. El casado y sus socios no quieren a españa sólo la quieren para darse golpes de pecho España ESPAÑA si laquisieran ubieran votado si Si no llega Sánchez aconsegir los apoyos esto ubiera sido un caos larruina y quien ubiera sufrido más el pueblo yo Nunca e visto tanto odio no pueden ver que este gobernando la izquierda

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