Elena López de Lamadrid.

Escritora, cineasta, ex ministra. Su vida profesional no para de asumir apasionantes retos siempre vinculados al mundo de la cultura. Los de su vida privada se limitan en buena medida a sortear como buenamente puede los golpes que el destino le depara cada dos por tres. La dedicatoria de su esperada nueva novela, a los tres hombres que ha querido y que perdió (su padre, su hermano y su pareja), es lo suficientemente impactante como para calibrar la dimensión del dolor y la pena con que González-Sinde reemprende su vida profesional.

“Felicidad’ es una palabra que nunca me ha gustado”

Después de Kim (Duomo Ediciones), aborda temas universales atravesados por la flecha del destino, tan antojadizo como desquiciante. Una pareja divorciada hace décadas se ve obligada a reencontrarse, y volverse a reconocer, tras la muerte imprevista de su hija. En su novela, por momentos angustiosa y dolorosa, se ve luz al final del túnel a través de su nieto. Siempre queda ese resquicio para claudicar ante el sentido de la vida.

 

Dedica su nueva novela a los tres hombres de su vida, los tres perdidos. ¿Hay dolor más grande?

Sí. Hay dolores mucho más grandes, por ejemplo, tener esa misma pérdida, pero además que se sume a cualquier otro problema vital como estar solo o tener dificultades económicas o ser un migrante o estar enfermo, tantas cosas…

 

¿Hasta en el dolor más profundo puede brotar la esperanza y el ímpetu de lucha contra la adversidad?

Es lo que les ocurre a John y Geraldine, los protagonistas de mi novela, se niegan a rendirse, sacan fuerzas de flaqueza. Parece que los humanos estamos programados para sobreponernos y tirar para adelante pase lo que pase. Me interesan mucho, por ejemplo, las memorias de supervivientes del Holocausto. Lograron salir adelante tras vivir el peor infierno.

 

En su novela, el dolor que une a una pareja divorciada hace décadas es el de la muerte de su hija. Es evidente que la muerte se empeña en hacernos infelices con golpes certeros, pero el ser humano se empeña en tirar hacia delante. Es una actitud que habla por sí sola de la actitud innata de los seres humanos, ¿no cree?

Como le decía, es una cuestión evolutiva, me imagino, biológica. No ves futuro, lo estás pasando horriblemente mal, y aún así te levantas para hacer el desayuno e ir a trabajar. Es incomprensible, pero es así.

No tengo la menor idea de lo que será de mí en los próximos meses en lo personal. Si lo pienso, me da vértigo”

 

El temor al derrumbe definitivo siempre está ahí acechando. ¿De dónde hay que sacar esa fuerza interior para evitarlo?

Los personajes de mi novela actúan de manera intuitiva, sin pararse a pensar mucho. No quieren que la memoria de su hija desaparezca y ese deseo los impulsa hacia adelante. En mi caso soy disciplinada, me siento responsable hacia los que me rodean y si veo que no puedo sola, busco ayuda. He hecho terapia casi toda mi vida.

 

Aseguran que la literatura es terapéutica. ¿Lo es también para usted como novelista, o se sufre menos siendo simplemente lectora?

Como lectora, un libro siempre tiene que ofrecerme alguna ayuda. De hecho, me tomo todos los libros como manuales de autoayuda, la literatura tiene que servir para vivir mejor. Si no contienen alguna sabiduría, me desinteresan. No leo solo por evadirme o entretenerme, me tienen que alimentar. Como escritora aspiro también a movilizar al lector.

 

El dolor ficticio que recoge y transmite su novela lo concibió años antes de su reciente experiencia personal. ¿Cree que la exposición mediática que lleva aparejada la promoción de su novela le puede servir para sobrellevar mejor su duelo personal?

No tengo la menor idea de lo que será de mí en los próximos meses en lo personal. Si lo pienso, me da vértigo. La promoción me la tomo como una oportunidad de conocer a personas distintas que a lo mejor han pasado por tránsitos como el mío y gracias a mi novela nos podemos acompañar mutuamente.

“Parece que los humanos estamos programados para sobreponernos y tirar para adelante pase lo que pase”

 

¿Ha pensado que quizá la publicación de esta segunda novela puede ser esa otra oportunidad que la vida le brinda para reencontrarse con la felicidad?

“Felicidad” es una palabra que nunca me ha gustado. Prefiero alegría, ilusión, ganas, bienestar… Cuando has perdido a tu compañero de vida, se hace difícil pensar que habrá felicidad de manera inmediata. Con sobrevivir tienes bastante.

 

El destino nos da bofetadas brutales sin buscarlo. Pero ¿y la felicidad, o la alegría y la ilusión en su caso? ¿Debemos ir en su búsqueda activa o mejor esperar sentados a que algún día llamen a nuestra puerta?

Siempre me gustó el cuento de La bella durmiente. En mi novela, por ejemplo, John es un “bello durmiente” y, digamos, que la pérdida de su hija moviliza en él todo lo que estaba dormido. Le hace despertar y vivir mejor. En cambio, su ex mujer Geraldine, que siempre ha sido muy activa, pierde toda la iniciativa al verse sin su hija. Creo firmemente en la búsqueda activa, aunque por supuesto el contexto tiene que ser adecuado.

 

Hablando de su futuro profesional: ¿más cine? ¿más política? ¿más literatura…?

De todo. Tengo un proyecto cinematográfico como directora: la adaptación de El Comensal de Gabriela Ybarra. También estoy en una serie de televisión, que siempre fue mi primera vocación. Y muchas ganas de ponerme con la siguiente novela. De lo que no me cabe duda es de que a la política no volveré. Con ejercerla como ciudadana tengo suficiente.

 

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1 Comentario

  1. lo que nos vamos a perder si no vuelves a la politica, una pregunta ¿Los libros que publica ésta sra. los comprar los ayuntamientos o sitios oficiales o los lectores de a pie? Porque en Zaragoza estuve en la biblioteca de un pueblo y habia decenas de libros apilados de un escritor y periodista de Zaragoza, y pensé que para quienes serían dichos libros, o si los compraron por mandato divino.

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