(Para Isabel y Blanca)

El cielo es blanco y blanco es el edificio. Blanca es el alma del hombre que sube hacia la azotea para impedir el desastre. Blancos son los ojos de la mujer que está arriba, ya está arriba, al borde del precipicio de ocho largos e interminables pisos. Blancos. Sólo el suelo es negro; o de un gris tan oscuro que parece negro.

Pero no pasa nada, el suelo está muy lejos: no hay por qué hacerlo.

Ya ha llegado el hombre del alma blanca y pura. Va a convencer a la mujer, y no saltará, bajarán juntos hasta la calle en el ascensor, ella refugiada entre sus brazos, o ambos cogidos de la mano: como dos novios blancos.

-Hola -la voz blanca, llena de ánimo energía y magia. La voz blanca.

Los ojos blancos brillan un momento y luego vuelven a opacarse. Blanco sucio y espeso.

-¿Se encuentra usted bien?

No hay respuesta.

-¿Te encuentras bien?

Quizá tuteándola. Ahora sí, se ha girado, le mira, asiente con la cabeza. Está bien, claro que está bien, ¿por qué no habría de estarlo? Pero no quiere que el hombre -ese tío, un puto tío- se acerque más a ella. Levanta la mano y lo detiene, como si tuviera poderes, como si fuera un miembro de los Vengadores o la Patrulla X. ¡Poderes! Tendría gracia que al saltar le brotasen unas alas de la espalda y pudiese volar como el Ángel. Le gustaba el personaje del Ángel, incomprendido y sensible: como ella. Se distrae pensando en el Ángel y en los comics y en los sueños de cuando tenía dieciocho años; han pasado treinta y cuatro desde entonces.

El hombre del alma blanca ya está casi a su lado, a menos de tres metros. Se asusta al verlo, pero enseguida pasa el miedo: es evidente que es bueno, que es un hombre de alma blanca y bueno.

-A mí no me toques -advierte la mujer de los ojos color blanco espeso.

-No, no te preocupes.

Y empieza a pasar el tiempo. Él dice palabras que ella no escucha. Mira hacia el gris oscuro, tan oscuro que parece negro, del suelo y no quiere hacerlo. Quiere volver a ver películas y leer tebeos, quiere que alguien vuelva a cogerla de la mano, quiere rebobinar, quiere…

-¡Vamos, salta si quieres! ¡No hay huevos!

La impaciencia y la sensación de impotencia. En la academia le han dicho que es lo mejor para evitar que salten: desafiarlos.

-No hay huevos.

Y endereza la espalda, pone los brazos en jarra y sube la barbilla. Ella le mira. No hay huevos. Es verdad, hace mucho que ya no hay huevos; para nada hay huevos. Va a dejar que se acerque y la coja. Alarga la mano hacia él. Los ojos blancos dan paso a los ojos verdes que siempre ha tenido, los ojos verdes que tantos corazones conquistaron y que ahora acaban de recuperar su brillo. Su brillo más salvaje.

Hablan los ojos verdes, maravillosos y rebosantes de vida, y le dicen al hombre del alma blanca:

-Nunca más volverás a dormir tranquilo.

Soy el Ángel. Y si no lo soy mi destino es el gris oscuro casi negro del suelo.

(Acudí el 30 de mayo de 2019 a la presentación de la novela Si Esto Es Una Mujer, firmado por mis amigos Lorenzo y Noemí; en la Casa del Libro. Al terminar fuimos a picar algo a Chicote, y allí comenzaron a contar historias y anécdotas de situaciones extremas a las que con gran frecuencia se enfrentan los policías y los médicos del Samur; una de ellas me impactó tanto que no he podido evitar convertirla, con algunas modificaciones, en un cuento: blanco, verde y negro.)

Gracita


(Javier Puebla es autor de El Año del Cazador, novela neurológica formada por 365 cuentos escritos en 365 días consecutivos. Nunca antes había sido hecho algo así en la historia de la literatura. La obra es ahora un magma vivo y en continuo movimiento, que sólo puede conseguirse íntegra solicitándola directamente al siguiente correo:

elcazadordecuentos@javierpuebla.com)

                         

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(Mecanografía: LF)

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Javier Puebla ha sido galardonado con diversos premios, tanto en prosa –Nadal, por Sonríe Delgado, y Berenguer, por La inutilidad de un beso– como en poesía: El gigante y el enano: V Certamen Vicente Presa. En 2010 recibió el premio Cultura Viva por el conjunto de su obra. Es el primer escritor en la historia de la literatura en haber escrito un cuento al día durante un año: El año del cazador; 365 relatos que encierran una novela dentro. En 2005 fundó el taller 3Estaciones y la editorial Haz Mlagros. Cineasta, escritor, columnista y viajero: ejerció funciones diplomáticas en Dakar durante cuatro años, y allí escribió Pequeñas Historias Africanas, Belkís y Blanco y negra. Gusta de afirmar en las entrevistas que nació para contar historias, y quizá por eso algunos de sus artículos parecen relatos o cuentos.

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