Una buena parte de los políticos españoles son seres que dedican una considerable porción de su tiempo a buscar oportunidades que les proporcionen un ratillo de exposición pública y así participar en el carrusel de caritas que ven los ciudadanos y de paso alimentar su vanidad, lo que le produce a la mayoría un considerable regocijo.

En estos días está de moda hablar de la “España vacía” que, en sí mismo, es una expresión ofensiva para aquellos que siguen habitando en las zonas a las que la despoblación más daño ha hecho. Las teles nos muestran a sus pobladores como seres extraños, casi como si se tratara de un programa de La 2,  reportajes de aspiraciones antropológicas. Y como cuando son entrevistados se quejan de las condiciones en las que se desenvuelven sus vidas pues, además, incómodos.

La mitad de España, 26 provincias, ha perdido población entre 2017 y 2018, según un estudio elaborado por la Fundación BBVA y el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (Ivie) con datos del Instituto Nacional de Estadística (INE).

Otro dato: solo entre los años 2000 y 2008 13 provincias y el 61,1% de los municipios perdieron vecinos.

Los que más pierden: en el ranking de méritos a la inversa aparece Castilla y León que entre 1998 y 2008 ha visto como el 88% de sus municipios perdía población. Asturias, Extremadura y Aragón, son las comunidades que le siguen. Y, en lo que respecta a provincias, Zamora, Ávila, león y Cáceres ostentan las siguientes posiciones en la pole indeseada.

En el otro lado, los lugares en los que el número de habitantes ha aumentado son Islas Baleares, Madrid y santa cruz de Tenerife.

Vuelve a aparecer otra vez lo de las dos Españas, ahora en versión censo de población.

Tal parece que sería conveniente adoptar como definición de este país la que utilizaron los chinos para presentar la anexión de Hong Kong: Un país, dos sistemas, aunque en nuestro caso lo cierto  es que la existencia recurrente de las dos realidades no tiene ninguna gracia.

Vacía no, vaciada

La expresión, “España vacía”, y desde mi personal punto de vista, es completamente inexacta porque se pudiera dar a entender que se esa mitad del país se ha vaciado por sus propios medios y voluntad, como aquello tan castizo de “tu mismo con tu mecanismo”. O, lo que es lo mismo, que habrían tirado conscientemente del tapón y el pilón se hubiera desaguado. Veamos posibilidades: Un suicidio tipo el que sucedió en la Guyana el 18 de noviembre de 1878 en el perdieron la vida un total de 918 personas, o que se hiciera de forma  inconsciente.

Pues ni una cosa ni la otra, porque ni son bobos ni están majaras. Es más, quieren vivir en el campo, en sus pueblos y dedicarse a cultivar la tierra y a criar ganado y si no se han ido, todavía, es porque prefieren llevar a vida que llevan. ¿Qué daño hacen? Más bien, los beneficios que aportan al conjunto del país.

Volvamos al principio de esta crónica: el afán de muchos políticos, (la mayoría) de buscar oportunidades para su propio lucimiento y que viene al caso por dos asuntos muy en boga en los momentos presentes. Se trata de la manida “España vacía” y de las similitudes que guarda con el medio ambiente, en cuanto a oportunidades de aprovechamiento. Sobre todo después de la recientemente celebrada Cumbre del Clima por la que pasaron estrella del cine, políticos, toreros, deportistas y los jetas y aprovechados profesionales habituales. También hubo científicos, pero esos pisaron poco el photo-call porque no les va mucho ese rollo y porque no cabía nadie más.

Eso que llaman “La España vacía” ha proporcionado una excelente oportunidad a los que se dedican a la política, o a las instituciones públicas, para ofrecer un mogollón de ruedas de prensa, entrevistas y participación en debates. Lo llamativo, o inquietante, es que algunos de los llaman la atención sobre el lamentable estado de la España rural son justamente los responsables de esa situación y sin ningún pudor intentan meter baza en el corrillo de denunciantes de lo mal que está el campo. Dos, tres apariciones públicas con cara de seria preocupación y a otra cosa María Rosa.

La despoblación del mundo rural en España es una consecuencia de malas o nulas políticas y de un desinterés histórico de los gobernantes y convergentes con el campo, sus habitantes así como por el desconocimiento de lo que aporta al país, y no solo a la economía, un 10% del PIB.

La actividad rural estabiliza socialmente esas zonas a las ofrece trabajo y economía y otros recursos y es esencial para la conservación del medio ambiente.

¿Por qué no se atiende desde la política? Probablemente por la escasez de votos en esas zonas, por la propia y natural dispersión de sus poblaciones y porque tienen una muy escasa fuerza de presión ante los poderes.

España tiene dos características principales, entre alguna más, que son el que es una isla con dos archipiélagos y que la inmensa mayoría del territorio es ámbito rural.

Por eso es muy arriesgado dar la espalda al mar y al campo.

España está vacía porque la han vaciado.

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