domingo, 26septiembre, 2021
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No es el Metro… es la dignidad de una sociedad

Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor. Salvador Allende.

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Durante la Presidencia de Salvador Allende, la cultura chilena tuvo un gran auge, plasmado internacionalmente con la obtención del Premio Nobel de Literatura otorgado a Pablo Neruda en 1971, y la música no fue la excepción. Grupos musicales y cantautores acompañaban desde su lugar la vía chilena al socialismo que el Presidente Allende procuraba implementar desde La Moneda. Inti Illimani, Los Jaivas, Quilapayún, Víctor Jara, todos ellos, cada uno a su manera, musicalizaban el proceso histórico. Y sobre todos ellos se arrojó la dictadura, casi todos se exiliaron, a Jara lo asesinaron, por comunista, por luchar por un mundo distinto, por cantar las cosas que muchos pensaban pero pocos decían.

Una de las cosas que Jara cantó, también en 1971, fue una adaptación al castellano del tema «Little boxes», original de Pete Seeger que él tituló ‘Las casitas del barrio alto’, en la que describía la sociedad chilena de una manera poética pero cruda, reflejando de manera contundente la realidad chilena de principios de los ’70, realidad que el proceso allendista quería cambiar de raíz y contra el que se alzaron las Fuerzas Armadas chilenas y Carabineros, bajo las directivas de la de la CIA y a pedido de la ITT, tal como lo había denunciado Allende en diciembre de 1972 ante la Asamblea de Naciones Unidas.

Como todos sabemos el presagio de Allende se cumplió en 1973, y al mando de Augusto Pinochet se instaló en el país sudamericano una de las más largas y sangrientas dictaduras de la región, que no sólo asesinó y desapareció chilenos, sino que además buscó desterrar (casi) todo atisbo de política allendista en el país, y el casi no es casual, puesto que pese a implementar a sangre y fuego reformas neoliberales que convirtieron a Chile en el primer experimento regional al respecto, nunca cuestionaron la nacionalización del cobre realizada a través de la ley 17450, de reforma constitucional,​ publicada el 16 de julio de 1971.

Esta larga introducción sirve para entender lo que pasa hoy en Chile, que es mucho más complejo que la mera protesta por el aumento del boleto del Metro. Porque el descontento de los chilenos no es algo que se generó en los últimos días, ni siquiera en los últimos meses, es más complejo puesto que es algo que se viene fraguando desde mucho tiempo atrás.

El ‘milagro chileno’ generado por los Chicago boys, que se hicieron cargo de la economía chilena tras el golpe de Estado, consistió en la implementación de una economía no regulada, abierta al mundo, con un Estado pequeño y subsidiario, de riguroso equilibrio fiscal (limitar el gasto público y la burocracia), y el funcionamiento libre del mercado, sistema que entró en crisis en 1982, en ocasión de la crisis de la deuda latinoamericana, y tuvo una segunda opción a partir de mediados de la década del ’80 cuando se implementaron políticas para generar una fuerte reducción del gasto en el sector público, con medidas como rebajar el gasto social y las jubilaciones, una política de devaluación del peso en función del dólar muy fuerte, que sobrepasasen la inflación para favorecer las exportaciones, se privatizaron las empresas que seguían siendo estatales y los bancos intervenidos por el gobierno durante la crisis, entre otras. Estas políticas provocaron, en términos macroeconómicos, un crecimiento económico que llevaría a Chile a duplicar su PIB en el lapso de diez años.

Para el mundo, lo de Chile era un milagro, pero ¿lo era para los chilenos? Sin dudas que sí lo fue para quienes al amparo de la dictadura fueron favorecidos, incluso ilegalmente, por las políticas de la dictadura, pero no lo fue para el ciudadano común que, desprotegido, debía hacer frente a las políticas implementadas para el beneficio de una ínfima porción de la sociedad chilena.

Entre los beneficiados, sin dudas, el Presidente Sebastián Piñera, quien poco tiempo atrás describía la realidad chilena como ‘un oasis’ en medio de América Latina, y su esposa, Cecilia Morel, quien en el transcurso de la crisis actual, se quejaba que ‘vamos a tener que disminuir nuestros privilegios y compartir con los demás’.

Pero ¿qué ocurre en Chile en estos días? ¿Es una guerra como dice Piñera, dejando atrás la descripción idílica de oasis?

La protesta fue como aquel verso de Violeta Parra, que decía que ‘se va enredando, enredando, como en el muro la hiedra. Y va brotando, brotando, como el musguito en la piedra’ (https://www.youtube.com/watch?v=8nuVyPlM66I), y brotó tras el anuncio del gobierno de aumentar por cuarta vez desde febrero de 2018, el precio del boleto de Metro, que acumuló un 12% en menos de 2 años, estableciéndose precios diferenciados para horas de gran demanda y de baja demanda, lo que fue explicado, cínicamente, por el Ministro de Economía quien afirmó que ‘se ha abierto un espacio para que, quien madrugue, pueda ser ayudado a través de una tarifa más baja’. Como era de esperar, la medida generó reclamos y quejas, y la defensa oficial indignación, por lo que con los estudiantes al frente, los chilenos se lanzaron a la calle a protestar.

La respuesta del gobierno fue la represión, desmedida y fuera de la ley, lo que generó un mayor nivel de protesta, aunque estaba en claro que la protesta estudiantil era tan solo la punta del iceberg de una realidad que quería salir a la luz, y este fue el momento de hacerlo, por lo que no lograron aplacarse cuando el Presidente Piñera anunció la marcha atrás del aumento tarifario. La protesta ya se había diseminado por todo el país, tanto pacífica como violenta, y exhibía que por más que el gobierno quisiera presentarlo como algo focal, el descontento ciudadano era mucho más amplio y complejo.

Lo curioso es que no se exhiben públicamente ni se discuten las causas que motivan tales protestas, tan solo se pone la lupa en las protestas violentas, sin destacar las multitudinarias movilizaciones pacíficas que, pese a ser pacíficas, han sido reprimidas de manera brutal, y mucho menos, sin intentar entender el porqué de la protesta ciudadana. Como suele ocurrir, se pone el foco en las consecuencias sin atender las causas que las provocan.

Y las causas hunden sus raíces en las reformas económicas implementadas por Augusto Pinochet en los ’70, al amparo de las ideas de Milton Friedman, y por las que los chilenos aun están sufriendo las consecuencias.

Porque como dijera un volante que circulaba en las protestas, ‘No es el Metro. Es salud, es educación, es pensiones, es vivienda, es el sueldo del parlamentario, es el aumento de la luz, es el aumento de la bencina, es el robo de las Fuerzas Armadas, es el perdonazo al empresariado. ¡Es la dignidad de una sociedad!’.

No es el Metro. Es que el 30% de los ingresos van a parar en manos del 1% más rico de la población.

No es el Metro. Es que Chile es uno de los 15 países más desiguales del planeta.

No es el Metro. Es que el 48% de los ciudadanos se endeudan para llegar a fin de mes.

No es el Metro. Son los créditos bancarios a los que tienen que recurrir los estudiantes para poder estudiar en las universidades.

No es el Metro. Es que las Administradoras de Fondos de Pensión se quedan con el 25% de los aportes de los ciudadanos.

No es el Metro. Es que los militares, como herencia de la dictadura, no son parte de este sistema de Pensiones sino que tienen su propio sistema, un sistema de seguridad social con ventajas enormes respecto de la que tiene el pueblo chileno.

No es el Metro. Es que parte del dinero generado por la medida socialista de nacionalizar el cobre va a las arcas de las Fuerzas Armadas y no al pueblo.

No es el Metro. Es la corrupción y el robo de las Fuerzas Armadas y del empresariado, la colusión de precios y la evasión tributaria por parte de las grandes empresas, la impunidad frente a los delitos de cuello y corbata, entre otros aspectos.

No es el metro. Es la acumulación de abusos y la desigualdad estructural de la sociedad chilena.

Queda en claro entonces que la protesta pasa por otros carriles más complejos que el mero aumento de 30 pesos en el pasaje de Metro.

Quizás la mejor síntesis sea la de Silvia a Raúl, quienes marchando en La Serena portaban un cartel con su mensaje a su nieta Valentina (quizás sea un guiño de la historia, como aquella canción de ‘la Parra’, Ayúdame Valentina) en el que le decían ‘Esto lo hacemos para que tengas un país con oportunidades para todos. Para que puedas estudiar sin endeudarte, para que tengas una salud de calidad y una pensión digna en tu vejez, para que los que están arriba no te puedan robar ni aplastar. Nosotros… no importa. Ya perdimos nuestra oportunidad, los de siempre nos han quitado todo y los otros nos han traicionado y nunca llegó a alegría, nos destruyeron la esperanza… pero no nos han quitado la dignidad y las ganas de luchar por un país mejor para ustedes. Te legamos el ejemplo de luchar siempre por tus derechos ¡¡siempre de pie, nunca de rodillas!! Tus abuelitos, Silvia y Raúl. La Serena 21/10/19… en estado de emergencia’

https://www.youtube.com/watch?v=Uvje7Ba3ejs

En definitiva, es la protesta de quienes habitan las casitas de los barrios bajos y medios, que quieren un país para todos.

¿Y cuál es la respuesta del Gobierno?

Declarar que ‘estamos en guerra’, al decir del Presidente Piñera. Declara que estado de excepción y el toque de queda. Reprimir. Detener ilegalmente. Secuestrar. Violar derechos humanos. Asesinar.

Como cuatro décadas atrás, sostienen su política económica con violencia, actuando al margen de la ley, y apoyados en quienes gozan de beneficios especiales, las Fuerzas Armadas y Carabineros.

Queda en claro que Chile no es el oasis que anunciaba Piñera, y también queda en claro que el problema no es, solamente, el aumento del boleto de Metro. El problema es que, como cantaba Isabel Parra, ‘Chile limita al centro de la injusticia.

Las causas son mucho más profundas y sostenidas por un sistema constitucional que, paradójicamente, es producto de una dictadura militar que, casi 30 años después de su finalización, aún sigue cerniendo su sombra sobre Chile.

Hoy en Chile lo que está en discusión es el Chile que viene, el Chile del futuro. Y ese Chile tiene que ser uno que incluya a todos sus ciudadanos y no solo un modelo para pocos.

Hay muchos que en las manifestaciones exigían la renuncia de Piñera, pero no es solo eso, no es solo lo que se deja atrás, fundamentalmente es lo que se construye para adelante, porque como cantaba Inti Illimani en la campaña electoral que llevara a la Presidencia Salvador Allende, ‘Porque esta vez no se trata de cambiar un presidente, será el pueblo quien construya un Chile bien diferente’.

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