La escritora barcelonesa Care Santos. Foto: Elena Blanco.

La literatura de la barcelonesa de Mataró Care Santos va apegada a la piel, al sentimiento puro, a las emociones. Y lo logra con un estilo ágil y sincero, donde sus personajes principales, casi siempre femeninos, luchan contra fantasmas que llegan del pasado exigiendo explicaciones. También es así en su nueva novela, Seguiré tus pasos (Destino), donde Santos reflexiona sobre las verdades y mentiras que ocultan nuestro pasado tras mantos de silencios cómplices.

Nuestro presente no para de recordarnos constantemente nuestro pasado y este a su vez de enviarnos señales para no cometer los mismos errores en el futuro. Y pese a todo ello… ¿por qué nos empeñamos en no querer restañar las heridas?

Resolver un gran problema como este requiere de un gran talento, y yo no veo que nuestra clase política, en general, sea muy talentosa para las cuestiones delicadas. También requiere acuerdos que engloben a ambos bandos, que no creen nuevos culpables y que sean respetuosos con todas las víctimas. Hay que decidir con responsabilidad qué se hace con la memoria, qué se hace con el olvido, cómo se administra, para qué se utiliza. Hay que apartar todo ello de intereses partidistas. Sinceramente, tengo poca fe en que alguien esté dispuesto a tomarse tantas molestias en beneficio del interés de todos.  

“Hay que decidir con responsabilidad qué se hace con la memoria, qué se hace con el olvido, cómo se administra, para qué se utiliza”

Su nueva novela, Seguiré tus pasos, mira a nuestro pasado más lacerante, la guerra civil y todo lo que trajo después consigo. Lo hace con un ánimo constructivo y a la vez comprometido. ¿Puede lo uno ir separado de lo otro?

No pretendía escribir una novela de buenos y malos ni imponer a nadie mi manera de ver las cosas. Creo que no es mi papel. Más bien aspiro a mostrar una determinada realidad y que sean los lectores quienes tomen posiciones. Mi compromiso es siempre con la fidelidad a los hechos, pero también con mis personajes —basados siempre en personas reales—, que son seres imperfectos, como todos, que cometen errores y que a veces son arrasados por los acontecimientos. Hay varios de estos en la novela, como los hay en la vida. Siento cariño por los pusilánimes, por quienes dudan, por quienes no lo tienen siempre todo claro. Pero procuro mostrar sus errores y sus aciertos. Son los lectores quienes les juzgan, a veces de forma implacable, lo sé.

¿Cómo se puede curar con silencio y olvido una herida que aún supura?

Yo no creo que el olvido y el silencio curen nada, sobre todo si son sinónimos de ignorancia. Todo lo contrario. Creo que hay que conocer qué ocurrió para poder comparar, para no caer en los mismos errores, para comprender de dónde venimos, qué pasado ha engendrado el presente. Así es la protagonista de mi novela: necesita saber, quiere saber aunque duela. Y se enfrenta a otros personajes que, en cambio, desean olvidar. Creo que las personas pertenecemos a uno u otro grupo: las que quieren saber y las que prefieren olvidar. Creo que ambas posturas son legítimas, y que tal vez el olvido sería sanador si viniera después del conocimiento, la reflexión y la reparación. Porque no se puede estar toda la eternidad recordando lo que duele, sería insoportable.

Resolver un gran problema como el de la memoria histórica requiere de un gran talento, y yo no veo que nuestra clase política, en general, sea muy talentosa para las cuestiones delicadas”

La protagonista de su novela, Reina, refleja un perfil muy determinado de mujer actual. ¿Cuál?

La mujer hiperocupada, que quiere llegar a todo y no llega a nada, que es una fantástica profesional, una mujer autosuficiente y una madre imperfecta, como todas. La que cree que no le debe explicaciones a nadie. La que nunca podría ni querría estar con un machista. Creo que hay muchas Reinas en mi generación. Yo soy una de ellas.

Su novela recrea la entrada de los fascistas en Barcelona el 26 de enero de 1939. ¿Hasta qué punto los hechos históricos como este se quedan insertados en nuestro ADN y marcan a generaciones enteras?

Menos de lo que yo pensaba. Sobre la entrada de las tropas de Franco en Barcelona se han contado muchas cosas, pero muchas eran falsas o poco exactas. Sorprendentemente, es un día que se ha novelado poco y mal, a pesar de que es muy literario, como todos los momentos de transición. Por todo eso, después de leer mucho sobre él y de preguntar a testigos que lo vivieron, quería escribirlo para vivirlo. Ojalá eso ayude a que se recuerde un poco más o un poco mejor.

Seguiré tus pasos evidencia que el pasado sigue muy presente entre nosotros, sobre todo por las injusticias cometidas. ¿Por qué precisamente las injusticias marcan a las generaciones venideras mucho más que los actos de justicia llevados a cabo?

Me interesaba escribir sobre las consecuencias de los propios actos. En especial sobre los más censurables. Pero creo que en la novela también hay personajes que se comportan de un modo muy distinto y que también marcan el destino de los que aún no han nacido. Lo que ocurre es que lo injusto tiene más efecto dramático. Y las novelas, como la vida, se cosen con efectos dramáticos.

“Las buenas personas lo seguirán siendo con o sin virus. Y las malas lo serán más que antes”

El lanzamiento de su novela le cogió de lleno con el inicio del confinamiento. Ahora al fin ve la luz con la desescalada. ¿Cómo lo puede interpretar en positivo?

El libro ha sufrido un retraso de tres meses. En realidad, es un retraso que no cambia nada, no es ningún drama. Los libros son pacientes, no nos recriminan, esperan su oportunidad. Y, tarde o temprano, encuentran a sus lectores. Lo fantástico es que por fin haya llegado a las librerías y esté a disposición de aquellos a quienes pertenece, que ya no soy yo, claro.

¿Nos hará mejores personas esta crisis sanitaria y económica o seguiremos sin aprender de las experiencias traumáticas como usted refleja en su novela?

Nos dejará descubrimientos, perplejidad, lecturas, recetas, amigos… a cada quien lo suyo. Pero no creo que cambie nada importante. Las buenas personas lo seguirán siendo con o sin virus. Y las malas lo serán más que antes, porque lo malo se aprende rápido y tarda en desaprenderse. Ojalá inspire buenas novelas. Eso estaría bien.

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