Desde lo políticamente correcto, cuyo fin radica en arrumbar las discrepancias intramuros las organizaciones y así eliminar el mundo de las ideas que proyecta propuestas, se está imponiendo el buenismo. De izquierda a derecha se manifiesta que no solo sirven los discursos armados, lo que hay que hacer es transmitir emoción, empatía, y ser simpatic@s. Menuda majadería. El ex presidente francés socialista Hollande no destacaba por tales virtudes. Todo lo contrario, era un hombre con cara de palo, con un proyecto definido. Los partidos, es su obligación, deben salir a ganar por si mismos, sin forzar concordatos de antemano; un poco de coraje falta, o mucho. Encima cargos del PP, buscando alianzas tras las próximas autonómicas/ municipales, realizan guiños a VOX, cargados de encanto, y los barones de mi partido a Cs. Empero, la nao de los naranjas orza ora a babor ora a estribor, desbrujulada, instalada, o intentándolo, en las jarcias, la cuadratura del círculo, lo que hasta la fecha solo han logrado los irrepetibles Felipe González y Alfonso Guerra. De Cs hay que fiarse lo mismo que un torero de un burel tuerto. Bien es cierto que la base de la política es el diálogo y el pacto, siempre que no suceda con los que, apoltronados en las instituciones, pretenden dinamitarlas.

 

No al diálogo de los socialistas con:

-HB/Bildu: Se sabe, y los datos lo demuestran, que HB y ETA eran la misma moneda con dos caras (hubo destacados líderes de HB detenidos por actos terroristas). Un socialista no puede sentarse, y menos preparar una cenita, con aquellos que han asesinado a decenas de los nuestros, y de otros, y que ahora en Vascongadas, finiquitada la banda, propalan el discurso del odio hacia el que no sea vasco independentista y no les apoye. Nosotros, los socialistas, somos constitucionalistas. ¿Qué hacemos pactando ayuntamientos con nuestros asesinos en Euskadi? O somos imbéciles o hemos perdido el alma.

-VOX: Yo, por ejemplo, podría estar de acuerdo en que la tauromaquia y el folclore andaluz son tradiciones nacionales y deberían estar presentes por ley en las CCAA; en Cataluña hay un flamenco excelente. Lo mismo piensan algunos compañer@s de partido. Una mera coincidencia de las muchas que alienta la vida. De ahí a charlar con los que anhelan destruir la protección de las mujeres, barrer al colectivo LGTBI, liquidar el estado de las autonomías y un sinfín de barbaridades, va un mundo que conduce al infierno.

Señorías y popes, menos sonrisitas y más proyectos; pareciera que se están tomando España a coña, y a nosotr@s, los votantes, cómo a tontolabas.

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