Las cinco comunidades autónomas gobernadas por el PSOE, Asturias, Extremadura, La Rioja, Castilla-La Mancha y Navarra, además de Cataluña, Euskadi, Cantabria y la Ciudad Autónoma de Melilla solicitaron en la tarde-noche al gobierno la declaración del estado de alarma para tener un instrumento jurídico que les permita la aplicación de medidas restrictivas como el toque de queda. Sin embargo, sorprendió que ninguna de las gobernadas por el Partido Popular lo hiciera. Entonces surgió la duda: ¿hubo orden de Pablo Casado para que así fuera? ¿Estamos ante un nuevo frente de oposición que quiere abrir el partido conservador?

España se encuentra en una situación límite en la que la incidencia del Covid19 está subiendo, lo mismo que la ocupación de los hospitales. ¿El PP está nuevamente anteponiendo intereses políticos o económicos a la salud de la ciudadanía?

Si así fuera, Pablo Casado estaría tirando por la borda todo el rédito democrático que logró tras su discurso en la moción de censura de Vox. Anteponer intereses egoístas al interés común incapacita totalmente al PP como partido para ocupar en el futuro el gobierno de España, puesto que señala que los objetivos que defiende son sólo los que se ciñen a sus intereses y no a los de toda la ciudadanía.

El estado de alarma es clave para frenar la pandemia. No se está hablando de confinamientos como el de marzo, de momento. Simplemente se trata de una herramienta constitucional que da amparo a las decisiones que puedan adoptar los gobiernos autonómicos como, por ejemplo, el establecimiento del toque de queda.

Sin estado de alarma no se puede decretar un toque de queda. Las medidas que las comunidades del PP están adoptando en este sentido pueden ser tumbadas por un tribunal y entonces España se uniría a la lista de países que, como Estados Unidos o Brasil han decidido anteponer otros intereses a los de la salud.

¿Pretende Casado llevar a España a la misma situación a la que Trump y Bolsonaro han llevado a sus países? Evidentemente, sí, porque, de este modo, logrará crear un estado de crispación y temor entre la ciudadanía que le servirá de herramienta para seguir haciendo una oposición desleal al Gobierno, es decir, que volverá a los brazos de Abascal, los mismos a los que renunció en la tribuna del Congreso, al parecer, con la boca pequeña.

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