La situación de la Monarquía en España está en el límite de que Felipe VI termine como Alfonso XIII. Los escándalos del rey emérito más el giro a la ultraderecha de quien debería ser neutral, además de por la protección que la Corona sigue teniendo de políticos, empresarios, jueces y de los medios de comunicación, han provocado que los republicanos españoles hayan decidido movilizarse el día 18 de octubre.

La actual situación del país, sobre todo por la pandemia del Covid19 que está provocando una grave crisis económica, política y social, se ha visto atravesada por un choque institucional en el que desde la derecha y los ultras no se permite la libre crítica a la Corona. Es ese escenario el que ha llevado a diferentes asociaciones y plataformas republicanas hayan decidido salir a la calle a reivindicar lo que Pablo Casado no entiende, no sabe o pretende seguir manipulando: que el pueblo español no se le ha permitido elegir democráticamente a su Jefe del Estado.

Según se indica en la convocatoria de las movilizaciones, «aunque ya se sabía de la fortuna y de las “comisiones” de Juan Carlos de Borbón y de otros miembros de la “familia real”, han sido estos últimos meses cuando se ha destapado sin tapujos sus millonarias cuentas bancarias y patrimonios. La falsa imagen que nos habían vendido se desmorona y aparece un rey que ha sido todo menos ejemplar, amparado por la medieval inviolabilidad que permite todo tipo de fechorías y que ha utilizado los servicios del Estado para sus fines privados.

» Siendo muy grave la corrupción de los Borbones, el problema es la Monarquía. Una institución no democrática, que no hemos votado, que proviene actualmente de la dictadura fascista, que hereda la Jefatura del Estado como se hereda una cuenta en Suiza. Ya no aceptamos que se nos siga mintiendo. No aceptamos la inviolabilidad de una Monarquía corrupta, nada ejemplar, medieval e inservible».

A esta convocatoria se han adherido partidos políticos de izquierda, asociaciones y plataformas de la ciudadanía. En el comunicado de adhesión del Partido Comunista de España, por ejemplo, finaliza con un lema: «Ni virus, ni Corona«.

Una democracia con un rey impuesto no es democracia. Mucho menos si el que impuso a la Monarquía fue un dictador. A pesar de que Pablo Casado ha tenido últimamente una epifanía y descubrió que se puede reescribir la historia al afirmar que a Felipe VI le votaron todos los españoles, algo que no ocurrió ni en los sueños más felices de los monárquicos más recalcitrantes. El problema del líder del PP es que choca con la verdad. Ni a Juan Carlos I ni a su hijo les votó nadie.

La Monarquía está donde está gracias a las manipulaciones y las mentiras de los protagonistas de la Transición. Adolfo Suárez reconoció en una entrevista cómo había manipulado las cosas en el referéndum para la reforma política de diciembre de 1.976. En concreto, el expresidente dijo que «cuando la mayor parte de los jefes de Gobierno extranjeros me pedían un referéndum sobre monarquía o república…, hacíamos encuestas y perdíamos». Para evitar dar la voz al pueblo español incluyeron la palabra rey y monarquía en la Ley de Reforma Política y así justificaron que ya se había hecho un referéndum, algo que, como se ve, no fue así. En segundo término, para terminar de culminar la manipulación, no dieron la oportunidad de que los y las ciudadanas españolas pudieran elegir el modelo de Estado en el referéndum de 1.978 sobre la Constitución. Esto fue un trágala en toda regla porque se metió en el paquete de la Carta Magna también a la Monarquía.

Estas dos consultas son las que utilizan como argumento quienes defienden a los Borbones y su permanencia en la Jefatura de Estado. Un argumento que es falso porque en ningún momento el pueblo español ha tenido la oportunidad de decidir libremente sobre la permanencia del modelo monárquico y la instauración de la República, si así lo decide la ciudadanía.

La huida del rey Juan Carlos provocó una reacción unitaria del bloque de partidos de la Transición (PSOE, PP y Vox) para intentar separar los negocios por los que el emérito pudo haber ocultado a Hacienda, al menos, 100 millones, de la figura del Jefe del Estado.

En todos los casos y desde todos los ámbitos, tanto desde el Gobierno como desde la oposición, se defiende a la Monarquía en base a la defensa del pacto constitucional. Es decir, que lo que vuelven a plantear, como ya hicieron en 1978, es la utilización de la institución que ocupa la Jefatura de Estado como el paradigma de supervivencia de la democracia española.

Además, todos los partidos del bloque de la Transición están apelando a la diferenciación de la institución de los actos de Juan Carlos I, cuando, en realidad, los monarcas son los que representan a la dinastía y, en consecuencia, a la institución. Sorprende, cuanto menos, que sean los partidos políticos los que se conviertan en el muro de contención de la indignación del pueblo mientras en el Palacio de la Zarzuela se mantienen en el más absoluto silencio, es decir, en la opacidad que ha caracterizado a la Monarquía.

Sin embargo, para reforzar una democracia que se está destruyendo por la falta de legitimidad de algunas de sus piezas más importantes, se hace cada vez más necesario la convocatoria de ese referéndum y la iniciativa para ello la debería tomar el propio Felipe VI. Majestad, por España, todo por España.

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2 Comentarios

  1. Iba siendo hora… Es una familia que solamente se representan a si misma; para muestra, el borbón viejo, el emérito. Tienen que devolver lo saqueado, y si el PSOE se opone a este referéndum, desaparecerá con la monarquía, así de simple; es una cuestión de tiempo.

  2. El sistema político surgido de la transición, nuestra actual democracia, la Constitución de 1978 es un «marco político democrático » similar al de cualquiera de las mejores democracias europeas, como Suecia, Reino Unido o Dinamarca.

    El problema no es el «marco político»; la Constitución, sino el ancestral cainismo español, y el desprecio de la izquierda por la democracia.

    La «República» fue atacada en su día con igual saña y con parecidos argumentos, por los mismos que hoy atacan a la democracia ¿en nombre de la República?; la izquierda y los nacionalistas.

    En Alemania, Italia y otros países sucedió algo parecido, la izquierda se empleó a fondo en desprestigiar a las democracias. Cuando el desprestigio de las democracias caló entre el pueblo, los fascistas encontraros el terreno abonado para acabar con ellas.

    El «pacto por la paz, y la convivencia en libertad»; la Constitución de 1978, no es el problema. Sustituirlo por una república tampoco serviría de nada porque el mero cambio de Monarquía Constitucional por República, no va a resolver ninguno de los problemas existentes.

    Deberíamos utilizar la historia para aprender de ella y no repetir los mismos errores del pasado.

    PD. Un cambio en la Constitución por el cual es Rey deba responder, igual que cualquier ciudadano, por sus actividades «privadas» seria bien visto y apoyado por la mayoría. ortiz

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