Supongo que habrás disfrutado alguna vez de la sensación de “hacer el muerto” sin necesidad de disfrazarte de zombie. En posición de Jesucristo o en la de desparrame total cuando tus piernas se abren en V sin miramientos. El único peligro que puedes tener si lo haces en la piscina, es que en un “Marco Polo” se te tire alguien encima. En el mar, si consigues acallar los miedos de tu cabeza después de tantas películas y noticias sobre casos excepcionales con fauna marina, entonces, la sensación de quietud, silencio y paz es infinita. Flotas sin esfuerzo y te conviertes en un puntito microscópico, una microbia entre el cielo y el agua, entonces el azul te envuelve y nuestro querido Mediterráneo acaricia tu espalda con una temperatura envidiada por quienes vienen del norte.

Cuando hay bandera roja, estar en esa posición en el mar puede ser un entrenamiento para conseguirla de verdad.

De nuevo (rememorando al artículo https://diario16.com/en-que-lado-estas/) marejada y olas de vértigo que arrastran lo que encuentran a su paso. No hace falta mirar la caseta del socorrista. Esta vez, parejita formada por un “pringao-mira-que-valiente-soy” y una “inconsciente enamorada” que juegan paradójicamente con un hinchable salvavidas para perderlas. A pocos metros, un hombre de unos 60 años disfrutando mientras “hace el muerto”, porque no creo que esté suicidándose. Probablemente ni se plantean el color de la bandera, quizás en el fondo, desean ser protagonistas, portadas de periódico o titulares en informativos: 3 absurdas víctimas más en un verano de records en idioteces. Pues mira por donde, han conseguido ser mi inspiración.

Aparté mis cangrejeras para estar disfrutando con mis hijas de la inmensidad, del rugir de una leona que nos recordaba su fuerza mientras nos salpicaba con apenas unas gotitas lanzadas a la zona segura y fue entonces cuando las olas quisieron jugar al escondite y sin avisar, se llevaron mis zapatillas. En busca y captura vimos flotando una de ellas unos metros más allá “haciendo el muerto” sobre unas olas que la devolvieron a la orilla.

Días después, una tarde de bandera verde, 3 piratas buscan tesoros entre las piedras y encuentran restos de inconsciencia por la orilla. Algunos objetos fueron utilizados por el mar para jugar un rato y luego devolverlos. Con otros con los que no debería haber jugado porque causaron incomprensibles bajas en los que nunca se quejaron porque no sabían nuestro idioma, el humano. La pena fue encontrar las cosas olvidadas por mentes distraídas o abandonadas allí por terroristas que quieren acabar con la humanidad y el planeta, y yo, que no me dedico a ello, me pregunto: ¿De verdad es tan difícil recoger los anzuelos después de una tarde de pesca?

La búsqueda de tesoros había acabado cabreándome así que la mar decidió darme una sorpresa. No podía ser verdad, pero sí, rescatada de corrientes apareció una cangrejera negra tomando el sol en la orilla, justo la izquierda, pero no le puedo pedir a Neptuno que encima entienda de tallas.

Si un día llega a tu orilla una cangrejera negra del pie izquierdo talla 39, tienes mi permiso para volver a darle vida usándola de maceta para que deje de “hacer el muerto”.

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